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Morante llega tarde, pero la culpa es de los políticos

La entrega de premios de El Corte Inglés mezcla en la sede de Caja Rural del Sur a toreros, políticos, empresarios y periodistas, apadrinando el evento Curro Romero y con Morante personándose hora y media tarde, aunque esta vez por una causa justificada.

De subdirector de TORETEATE a cronista de sociedad sólo se llega degenerando, como dijo Juan Belmonte cuando le preguntaron cómo su banderillero había alcanzado el rango de gobernador civil. La diferencia es que a mí me ha bastado apenas media jornada laboral. Fernando Murube -director de Relaciones Institucionales de El Corte Inglés y un tío encantador- condujo el acto con sencillez y brevedad, abriendo el capítulo de intervenciones José Luis García Palacios, que es ganadero y el presidente de la Fundación Caja Rural del Sur. Y además, un digno heredero de su padre. Impecable como siempre, con buena dicción y mejor voz, habló bien de los toros y mal de los radicalismos, al hilo de la guerra en Ucrania, tomando su relevo en el micrófono la directora de El Corte Inglés en Sevilla, Carmen Moreno, cuyo discurso narrando las bondades de estos grandes almacenes no digo yo que fuese plano, pero que igual que le valió para esta entrega de premios, le hubiese servido para inaugurar un concierto de villancicos con perspectiva de género.

Y al hilo de estas cositas, me impresionó el portavoz del jurado y admirado Luis Carlos Peris, y no por sus bonitas palabras para con todos los premiados, sino porque se dirigió a la concurrencia con un «amigos y amigas» a todas luces injustificable en un señor áspero, bético, currista y decente como es él. Amigues, este país se va a pique irremisiblemente y yo voy a estar aquí para levantar acta del desastre. Hablando de políticos, permítanme que reconozca mi debilidad por Ricardo Sánchez y Sonia Gayá, uno pepero y la otra socialista y ambos presentes en la sede de Caja Rural del Sur, por cierto con un cáterin exquisito pero idéntico al del día anterior. Estos detalles, para la Prensa que manga almuerzos y cenas con la excusa del trabajo, hay que tenerlos más en cuenta.

Volviendo al lugar de los hechos, recogieron sus premios, todos impecablemente vestidos, Óscar Bernal al mejor puyazo; Antonio Chacón, como torero de plata; Guillermo Hermoso de Mendoza,  como rejoneador; Calerito, a la actuación más destacada entre los novilleros; Olga García Jiménez, por lidiar la mejor corrida; Manuel Escribano, como autor de la mejor estocada; Juan Ortega, que llamó a Curro «el rey del toreo», por su excepcional toreo con el capote, haciendo entrega del premio el Faraón de Camas; y Diego Urdiales, por la mejor faena de la feria. El riojano, por cierto, reconoció que, ya siendo un niño, veía a Curro Romero y le temblaban las piernas, y que ahora, cuarenta años después, le seguía sucediendo lo mismo.

Lo de Escribano con los seis de ‘Zahariche’ tiene un gran valor, pero no llega al nivel de la encerrona de la tarde, que recayó en Miguel Briones, secretario, en la Junta de Andalucía, de Juegos y Espectáculos Públicos y no sé yo cuántas cosas más. Cerraba el acto tras recoger sus respectivos premios todos los galardonados menos Morante, que estaba «a punto de llegar» desde hacía hora y media, y le pidió Fernando Murube que se extendiese para hacer tiempo, así que el señor Briones empezó hablando del gobierno autonómico, siguió con la Guerra de Ucrania, continuó con los premiados y se fue enrollando hasta la confusión, refiriéndose al rejoneador como «Guillermo Eduardo de Mendoza», ensalzando el capote de Urdiales cuando su premio fue a la mejor faena; y llegando a decir, o eso me pareció escuchar, «nosotros los picadores» cuando le tocó hablar de Bernal. El caso es que no terminó disertando sobre el apareamiento del escarabajo pelotero de puro milagro; y todo porque Morante Camacho no llegaba y ya pensábamos que nunca iba a llegar. Solventado el marrón como buenamente se pudo y a la vez con indudable mérito por parte de don Miguel, nos fuimos todos a dar buena cuenta del croquetaje y resulta que en ese preciso instante apareció Morantito,  en un alarde de inoportunidad del genio, todo hay que decirlo.

«Ése es un sinvergüenza», se quejó por lo bajini un currista que además arrastraba hambre, pero Morante explicó que había tenido que recoger un trofeo en la Diputación de Cádiz a la misma hora, con lo cual le había resultado imposible ser puntual. «A ver si os ponéis de acuerdo con los horarios», le dijo con buen talante a los políticos, y el maestro tenía razón. Recordando este humilde escribidor aquellos tiempos en los que el de la Puebla llegaba tarde a todos sitios y no pedía ni disculpas, he de reconocer con tristeza que el maestro ya no es lo que era…

Imagen | Portal Taurino 

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