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Manuel Granero cien años de leyenda

Hace justo hoy cien años, en la antigua Plaza de Toros de Madrid, perdía la vida un torero genial a causa de una de las cornadas más terribles de la historia, un torero que estaba llamado a marcar una época y que su pronta desaparición, dejó huérfano al orbe taurino. El toro Pocapena de la ganadería de Veragua truncó las ilusiones y expectativas de Manuel Granero, un torero que, en menos de un año, se sentó en el trono del gran Gallito, pero, ¿quién fue realmente Manuel Granero? Conozcámoslo un poco mejor en este reportaje…

Manuel Granero retratado en una antigua postal coloreada (colección del autor)

 

Un niño prodigio

Manuel Granero viene al mundo un 4 de abril de 1902, en la castiza barriada del Pilar de la ciudad de Valencia, en el número 1 de la calle de San Antonio (casa hoy desaparecida por reformas urbanas) y pocos meses después se traslada al número 35 de la calle del Triador (lugar erróneamente señalado por muchos autores como casa natal).

También, se ha asumido como cierto, seguramente por las exquisitas formas y modales de Granero, que provenía de una familia acomodada y burguesa, cosa que es completamente falso. Solo hay que conocer un poco el barrio del Pilar en la época, para darse cuenta de que se trataba de un barrio popular, en el que, si bien nunca le faltó de nada, las casas y comodidades no eran de las que disfrutaba la burguesía valenciana de la época. Esta idea se reafirma cuando, apenas con unos meses de alternativa, el torero adquiere un inmueble en la calle de Martínez Cubells, cercana a la Plaza de Toros, lugar de residencia de las familias acomodadas del momento.

A pesar de lo que muchos han comentado, el joven Manolito Granero no fue un buen estudiante, no porque no tuviera capacidad suficiente, sino porque su carácter inquieto y algo aventurero lo llevaron a faltar de forma reiterada a clase.

Un joven Manuel Granero con su violín

Estas ausencias, eran aprovechadas por el torero para jugar con otros amigos del barrio y siendo uno de los juegos principales de la época el del toro, no es de extrañar que rápidamente todos los chavales del momento soñaran con ser toreros. En numerosas biografías, se ha comentado cuál podría haber sido el origen de la afición en el joven Granero: algunas comentan que su madre era una partidaria acérrima de Bombita y otras que su padre trabajaba en la Plaza como acomodador. Si bien no tenemos testimonio documental sobre estas afirmaciones, sí podemos afirmar que la primera vez que Granero va a los toros con apenas 6 años (por él mismo escrito), fue el 8 de abril de 1908, a una novillada en la que toreaban Jaqueta, Gordet y Antonio Pazos. El espectáculo, lo dejó conmocionado y sembró en él la llama de la afición.

Con un trapo y con la ayuda de su perro “Machaco”, Granero sueña el toreo en las calles del Barrio del Pilar y en su casa. Todos los esfuerzos para reconducir al joven en los estudios, son imposibles, y en 1910, el pequeño ingresa en el Conservatorio de Valencia para cursar estudios de violín. Hecho que marcará por siempre su vida y que lo convertirá en un virtuoso del violín.

Los primeros meses fueron muy bien, la música caló hondo en su ser y le sirvió de remanso para apaciguar la fiebre taurina. Su profesor, don Benjamín Lapiedra, rápidamente lo destacó del resto de sus compañeros y lo elevó al rango de pupilo aventajado, enseñándole de forma gratuita todos los secretos de los grandes de la historia, por lo que Manolito se familiarizó pronto con gigantes de la talla de Mozart o Beethoven.

Pero, pasado el entusiasmo inicial, y tras volver a presenciar algunos festejos en el coso valenciano, vuelve la vocación taurina y ya nunca la abandonará. Los juegos iniciales pasan a un entrenamiento más formal junto a otros chicos que entrenaban en la misma Plaza de Toros de Valencia y el día del Pilar de 1914, solo dos años después de comenzar con el violín, Granero se tira de espontáneo en una becerrada que había organizado el gremio de peluqueros.

Su debut oficial, superadas las prohibiciones familiares, fue el 3 de septiembre de 1916 en un festival organizado por el popular semanario “El Sobaquillo” en el coso valenciano y el día del Corpus de 1917, se enfunda por vez primera el traje de luces para torear una nocturna en Valencia en la que la mansedumbre de la res tocada en suerte le impidió cualquier lucimiento y pocos días después, repite en Manises, ahora sí con el éxito que se esperaba de él.

Manuel Granero con traje campero retratado antes de su debut (Museo Taurino de Valencia)

Salamanca y época de novillero

Varias negativas por parte del empresario del coso de la capital del Turia y la determinación del joven Granero por querer ser torero, hacen que Francisco Juliá (tío y hombre de confianza), consiga que el niño marche a tierras salmantinas en busca de oportunidades y consigue que lo apodere don Pedro Sánchez, que ya tutorizaba la carrera de otros torerillos.

Es en Salamanca donde se forma como torero, acudiendo a numerosos tentaderos y haciendo amistades puramente taurinas. El Campo Charro será el laboratorio de pruebas para lo que después fue el inigualable torero valenciano.

Tras torear un puñado de tardes entre 1918 y 1919, se puede considerar el año de 1920 como el trampolín para alcanzar el sueño de tomar la alternativa. No tuvo Granero un recorrido extenso de novillero, pues anteriormente a esta fecha las actuaciones fueron discontinuas y no muy numerosas, pero contratando algo más de una treintena en este año, le sirvió para que su nombre estuviera en todos los mentideros taurinos y tabernas a lo largo y ancho de la geografía española.

Granero en una de sus actuaciones como novillero

 

Alternativa y temporada de 1920

Llegamos a una fecha crucial, trágica pero crucial, en el encumbramiento de Granero: el 16 de mayo de 1920. En Talavera de la Reina, el gran José Gómez Ortega, el considerado rey de los toreros es alcanzado mortalmente por el toro Bailaor, dejando una conmoción y un vacío en el mundo del toro que parecía imposible de llenar, “se acabaron los toros”, sentenció Guerrita.

Tras el impacto y las reticencias de las primeras semanas, los festejos continuaron con normalidad y el público, deseoso de buscar algún torero al que aferrarse para que conduzca el porvenir de la fiesta, ven en Granero un firme candidato.

En septiembre, tras varias exitosas actuaciones por Andalucía, y en la feria de San Miguel de la capital sevillana, se anuncia el día esperado: Manuel Granero tomará la alternativa de manos de Rafael “El Gallo” con astados de Concha y Sierra y acompañados por Chicuelo.

Estoqueó al día siguiente otra corrida en la Monumental sevillana y tras pasar por Úbeda y Bilbao, se presenta en Valencia, ya como una gran estrella. Si Barcelona lo empujó en la época de novillero, Sevilla lo encumbró al puesto de posible sucesor, es Valencia la que termina por cederle el trono y cetro (con el permiso de Madrid) del toreo. La campaña de lo que hoy llamaríamos marketing es impresionante, Granero está presente en todos los lugares y reclamos publicitarios de Valencia, pues la afición está empeñada en que el próximo mandón del toreo fuera paisano de ellos.

Envoltorio para bombones con la imagen de Granero (colección del autor)

Hay que señalar que Granero en este momento cuenta con la edad de 18 años, una persona aún joven a la que un ascenso tan meteórico le podría haber perjudicado, pues estábamos hablando de liderar la etapa inmediatamente posterior a lo que conocemos como Edad de Oro. Lejos de ello, Manolo se crece y sigue mejorando su estatus tanto en el toreo como en la sociedad general.

Estamos hablando que, desde su primera actuación como novillero en el ruedo barcelonés en los primeros días del mes de abril, hasta ya metidos en las fiestas navideñas de 1920, tan solo habían transcurrido nueve meses. Los precisos para que este torero extraordinario pasara casi del anonimato a ser uno de los personajes más populares de España. Su nombre, ya no dejó de pronunciarse en ningún ambiente taurino y corría de boca en boca entre las masas populares y de la alta sociedad.

Una temporada para la historia: 1921

Su primer año como matador de toros es un caso único en toda la historia de la tauromaquia, pues superó al propio Gallito: en diciembre de 1920, tenía firmadas 48 corridas, en febrero ya ascendían a 75 y a lo largo del año, contrató 116. Algunos percances en el ruedo y suspensiones de festejos hicieron que el número total toreadas finalmente fuera de 94, un número casi impensable para un recién doctorado, lo que nos hace comprender la magnitud del fenómeno Granero.

Si hemos hablado de su popularidad en Valencia, Sevilla o Barcelona, es en este año de 1921 cuando Granero se gana a la afición de Madrid, especialmente con dos actuaciones: la primera, su confirmación de alternativa el día 22 de abril y la segunda, la tarde más importante de su carrera, el 17 de mayo, en la que hizo posiblemente su mejor faena a un toro de Santa Coloma llamado “Malacara”.

A la confirmación de alternativa, asiste una persona que le guardará siempre una especial admiración a Granero, la Reina Victoria Eugenia de Battenberg. Existe cierta controversia sobre la afición de la reina consorte de España, pues hay historiadores que niegan esa afición, pero lo que sí es claro es que disfrutaba con las finas formas del joven valenciano. Fueron numerosas las veces que presenció un festejo en el que tomaba parte Granero, tanto en Madrid como en Santander, y conocer también las inquietudes musicales y culturales del joven, le hizo ser aún más admiradora. Por intercesión del Cardenal Benlloch, invitó a Granero al Palacio Real de la capital madrileña para cenar con ella y con el monarca Alfonso XIII, poniéndole como única condición la de que llevará consigo su violín y los deleitara con alguna pieza tras la velada. Desgraciadamente, la cita tras varios retrasos, estaba concertada a los pocos días del trágico 7 de mayo de 1922, y ese concierto privado no pudo celebrarse… Con esto, tenemos otro ejemplo más de la cota de popularidad que alcanzó en apenas un par de años, y el nivel de vida social que mantenía con apenas veinte años. Como curiosidad, decir que los Reyes enviaron a un lacayo a la capilla ardiente para darle el pésame a la familia en nombre de la Casa Real.

Otro hecho importantísimo en su carrera fue la feria de julio de 1921, que se conoció para la posteridad como “La Feria de Granero”. Se anunciaron siete festejos mayores en los que Granero toreó seis, con enorme éxito en líneas generales y con el cariño y entusiasmo de sus paisanos. Tras esta feria, le pusieron el mote de Cid Capeador.

El año 1921 fue extraordinario, no solo en términos taurómacos o sociales, también en lo económico, pues llegó a cobrar diez mil pesetas de la época por corrida, convirtiéndose en el torero mejor pagado del momento.

Terminada la temporada, a Granero le ofrecen un contrato millonario para partir a América, duplicando lo ofrecido a Gallito pocos años antes en su gira peruana, pero que el torero rechaza por encontrarse literalmente agotado y lo emplaza para el año siguiente. Desgraciadamente, en mayo de ese año, se cruzará Pocapena en su camino.

Manuel Granero, elegante dentro y fuera de los ruedos

El fin de un torero que estaba llamado a marcar una época: 1922

El invierno de 1921-1922 resultó muy ajetreado para Granero, ya que tuvo que hacer acto de presencia en cuantos homenajes se le rindieron con motivo de su gran temporada. Era el precio de la fama, a la que debía someterse obligatoriamente para corresponder a toda aquella legión de admiradores que le rendían pleitesía.

En el año 1922, pasado el ferviente entusiasmo del año anterior, los públicos le van a exigir como el líder en el que se ha convertido. La novedad ya no le acompañará y conocido por todas las aficiones de España, tiene que ir un paso más allá.

La afición, que ya exigió a Gallito y Belmonte en su momento, añaden aún más responsabilidad a un joven de 19 años con un año de alternativa, lo que le pasa algo de factura y, sumado al mal comportamiento de las primeras reses lidiadas, firma malas actuaciones a principios de temporada.

12 corridas contrató el torero antes del trágico 7 de mayo en Madrid, la tarde en la que se vieron truncada todas sus ilusiones y la tauromaquia, en pocos años, se quedaba sin dos de sus referentes.

En una tarde en la que confirmaba la alternativa Marcial Lalanda, el toro lidiado en quinto lugar, de nombre Pocapena acertó mortalmente al joven torero. La gran esperanza de la tauromaquia se desvanecía y el mundo del toro quedó huérfano de nuevo de un líder que los guiara.

Granero en la enfermería de la antigua Plaza de Toros de Madrid (apunte del natural del artista Roberto Domingo)

Conclusión

Manuel Granero, fue un personaje de época, que trascendió más allá de los ruedos y al que le tocó liderar la etapa seguramente más difícil de la larga historia taurina, los años después de Gallito. Un auténtico fenómeno de masas cuya muerte tan temprana dejó a la afición muda y huérfana. Me aventuraría a decir que, hasta Manolete, ningún torero creó tantísima expectación y entusiasmo desde su inicio. Que la corta trayectoria de Granero, no esconda su importancia como lo que es: uno de los grandes toreros de la historia.

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