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Mano izquierda, tierra batida

Foto: Plaza 1

Sergio Serrano deja una emocionante faena al segundo de la tarde, el único Victorino con faena, sin encontrar trofeo por la espada. Ferrera y Román, comprometidos sin tapujo ni opción. Fernando Sánchez se hizo de nuevo y por última vez con Madrid en esta última de San Isidro.

Con todo sufrido y nada hecho de nuevo vimos a un Torero con mayúscula emocionarse y emocionar navegando el albero de Las Ventas, en un día por lo demás convencional en el que Rafa Nadal ha ganado otro Roland Garros y Fernando Sánchez volvió a liarla. Sergio Serrano merece más y hoy Madrid estuvo con él como rúbrica. Que dicen que la suerte existe si te pilla trabajando, y el albaceteño vino con las manos llenas de callos. Le tocó el de la tarde y se sintió.

Ese toro de la tarde fue el segundo que salió de toriles, cárdeno como lo fueron sus hermanos, agudo e imponente de agujas. Nada menos que a portagayola quiso recibirlo Serrano, nada quedaba en el hotel y quería dejarlo claro. Frente a la arrancada fue impasible, pero el animal buscó las vueltas y cercanos estuvimos al dolor si bien el susto nos lo llevamos, hasta montera y castañeta perdió su torero. Ya en pie, brechada la cabeza, a buscarlo tuvo que irse tras examinarse el de Albacete, que tejió un recibo bregador rumbo a los medios, poderoso, rematando una vez llegado a los mismos con una media verónica genuflexa. Especialmente receloso a la hora de entrar al caballo se mostró el burel en ambas varas, pero cuando lo hizo arreó señeramente a pesar de no ser idónea la colocación de la puya. Intentó Román sin éxito el quite, y volvió a escucharse después el «ay» en los tendidos a lo que Fernando Casanova fue a colocar los rehiletes, pasándole por encima el de Victorino una vez lo derribó, rompiéndole la taleguilla con las pezuñas, pero sin hallar presa en mayor medida. Resacosos de caos llegamos al brindis, el cual se dirigió a Víctor Zafrilla, hombre de confianza del diestro. El animal repetía en los inicios, haciendo gala de las humilladas embestidas que mostró al principio. Apretaba, y se apretó Sergio Serrano. A base de mando, fue templando las embestidas el espada, y de buenas a primeras, se encontró Madrid con dulzura en medio del picante. Incluso embistiendo un tanto por fuera, el pitón izquierdo albergó la oportunidad, a lo que la franela en las manos en las que estuvo dejó lo mejor de la tarde, a base de gustarse, de sonsacarle hasta la última gota de cada embestida, la piedra crujiendo. La plaza estaba caliente, estaba con él. Y para rematar, Serrano se arrimó, doblándose con él, dándole a elegir entre pecho y tela postrado en sus hocicos y a la sombra de sus ramas. Sacó la espada, y… pinchó. Una, dos y tres veces, hasta dejar media estocada un punto contraria, a lo que tuvo que descabellar, acertando a la cuarta. Amargor en las pupilas para quien ha sangrado su obra, a pesar de la ovación y los saludos. No encontró consuelo en su segundo, a pesar de aparentar opción en los primeros compases, derivando en medias embestidas y nula codicia. También le costó matarlo, menos esta vez. Pero su tarde no hay quien se la quite. Honor.

Ferrera se presentó de nuevo heterodoxo, tan teatral como innovador y necesario, vistiendo un peculiarísimo y para mi gusto bello capote de paseo. No quiso dejarse en toda la tarde ni un quite sin hacer, rodando así su azul, naturalmente lacio, toreando sobre los pies principalmente, sobre las puntas, más concretamente. Es de espíritu joven dirán algunos, pero tiene alma antigua en su tauromaquia tan nómada como impactante. Hoy tuvo muy poca oportunidad de expresarla en mayoría, si bien no tuvo toro para lucirse de forma constante ni tampoco marrajos frente a sí. Bien estuvo, a pesar de ello y sin embargo. Delante de su primero, poco más que abreviar pudo hacer, al hallarse sin caminos tras escasa arena caída. Lo mejor lo plasmó en su faena al segundo de su lote, derramando sin ayuda por ambas manos lances de poso, figura erguida y sentir abandonado, sueltos en su mayoría por no codiciar la ligazón su oponente. Hasta se adornó por momentos, poniendo el garbo que le faltaba al animal. Tan a gusto llegó a estar que le dieron las uvas, sonándole un aviso justo después de entrar a matar, cayendo un tanto baja la espada. Tuvo que usar la cruceta, acertando a la primera y recibiendo palmas por parte del público madrileño.

Román volvió a Madrid cumpliéndose ayer una semana del percance que sufrió aquí en su comparecencia en la Corrida de la Juventud con un toro de Algarra que le abrió el gemelo (15 centímetros). Mérito tiene ya de por sí que siquiera vistiera el traje de luces, cualquier mortal no podría ni caminar prácticamente. Pues imaginen ustedes si es con una corrida de Victorino en los corrales, tocándole encima el lote de mayor riesgo y menor lucimiento, al ser un riesgo callado en su mayor parte, no asomando más allá de los achuchones en las vueltas de la pañosa. Brindó ambos, no obstante, el primero a Ayuso, y el segundo a los tendidos. Ese tercer toro fue un gallo, de chulerías al borde del precipicio, pero aun en esas pudo ligar pases de buena enjundia y valor sufrido. 3 pinchazos y descabello. En su segunda bala no había pólvora, y nada más que estar pudo hacer. Estocada un punto trasera y contraria, descabello y otro día será.

No he visto nunca cosa igual, y tampoco creo que ustedes hayan visto muchos banderilleros que se parezcan en algo a Fernando Sánchez. Hoy cerraba sus comparecencias en San Isidro, que bien y gracias a Dios fueron muchas, para alegría del aficionado. Sus pares nos han hecho las tardes menos amargas cuando ha tocado ver la vida pasar, o las han hecho incluso mejores cuando la luz ha querido derramarse sobre las Ventas del Espíritu Santo en mayor cuantía. Ya lleva liándola toda la Feria garapullos en mano, e hizo lo propio en el primero de la tarde, levantando culos de los asientos, obligado a saludar montera en mano. Pero lo del cuarto de la tarde fue de antología. Javier Valdeoro las estaba pasando canutas para banderillearlo, pues el de los marfiles se dejaba llegar demasiado hasta que se arrancaba. Se plantó Fernando Sánchez en los medios, desde donde le anduvo templado como él sólo hasta verse al albaserrada en un palmo de terreno, clavando reunido y en todo lo alto. Tras nuevo intento fallido de su compañero, tomó las riendas Sánchez a pesar de ser tercero, volviendo a entrar, de nuevo poniendo patas arriba Madrid con la cercanía y la personalísima pureza de su arte. Ni una persona quedó sentada, quedaron todas en pie, rindiendo una de las más fuertes ovaciones que se han podido ver en esta Plaza. Fernando Sánchez se ha coronado como el rey de la plata.

Así quedo esta última, lidiado un encierro de Victorino nulo por la falta de emoción salvo en el caso del segundo (que humilló y repitió con buen fondo de clase), y de forma bronca en el tercero más por gallerío que por otra cosa, pues el animal de entregado o puramente bravo casi nada tuvo. Al menos salió bien presentado.

29 tardes, dígase un mes prácticamente, y aquí nos encontramos. Hemos vivido, hemos estado. Hemos sentido. Tenemos mucho en lo que pensar, pero también mucho de lo que sentirnos orgullosos. Como Fiesta, como Arte. Como fieles del guardián de los campos íberos, como guardianes de la metáfora de la vida. El Santo Labrador hoy ve al Sol morirse en Madrid con la nostalgia de quien se encuentra al final de un camino ansiado, sudado, sangrado, pero labrado en definitiva. Hemos vuelto, e Isidro lo sabe. Él se va a dormir ya y hasta el año que viene, pero a nosotros nos toca seguir en la piedra, allá donde estemos, sea en la de los ladrillos rojos como en cualquier otra. Honrémonos. Somos grandes. Tengan paz.

 

RESEÑA

Domingo, 5 de junio de 2022. Plaza de Toros de Las Ventas (Madrid). Corrida de la Prensa, última de San Isidro. 6 Toros 6, de D. Victorino Martín, para: Antonio Ferrera, de blanco y oro, silencio y palmas; Sergio Serrano, de corinto y oro, ovación con saludos y silencio; y Román, de verde hoja y oro, silencio en ambos.

Incidencias: saludó, frente a los tendidos en su absoluta totalidad puestos en pie, una fortísima ovación Fernando Sánchez tras poner dos espectaculares pares al cuarto toro. Hizo lo propio en el primero igualmente.

Al finalizar el festejo, se produjo en la Sala Antonio Bienvenida de Las Ventas la entrega de la «Oreja de oro» al mejor matador de la Corrida de la Prensa, la cual fue concedida a Sergio Serrano.

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