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Madrugada de Viernes Santo: de Joselito el Gallo y las “mariquillas” de la Macarena

Imagen: Hermandad de la Macarena

La Esperanza Macarena es la Señora de Sevilla, y en torno a ella nombres ilustres de la Tauromaquia aparecen en varios siglos de Historia. José Luis de Pablo Romero fue Hermano Mayor de la Hermandad; y después lo fue Eduardo Miura Fernández. Y Ella vistió de luto por Gallito, el Rey de los Toreros.

Bien se ha dicho siempre que la esperanza es lo último que se pierde. En Sevilla, no se pierde jamás, pues Ella misma es la Esperanza. Cuenta la leyenda que llegó a la ciudad en el s.XVI entre las pertenencias de un viajero italiano que enfermó hasta morir en el antiguo Hospital de las Cinco Llagas (actual sede del Parlamento Andaluz), en la feligresía de la Macarena. Al no haber redactado el viajero testamento, el Hospital terminó por apropiarse sus posesiones, entre las que se encontraban las manos y el rostro de la Virgen. Fueron las monjas del Hospital quienes se hicieron cargo de la misma, aun sin exponerla al culto. Una Hermandad recién fundada en el próximo templo de San Basilio, ofreció a modo de trueque un reloj a cambio de la imagen de María, el cual las monjas aceptaron. Esperanza le pusieron por nombre. Y Macarena por su barrio.

A día de hoy, ahí La tenemos, reinando sobre la ciudad. Se desconoce su autoría, aunque hay quienes la relacionan con los círculos de Juan de Mesa, Montañés o incluso Ruiz Gijón. Esta Imagen de la Virgen posiblemente sea una de las de mayor devoción no sólo en la ciudad de Sevilla y en Andalucía, sino en el mundo entero. Y el mundo del toro no se queda atrás, presente por ello en las capillas viajeras de los toreros, así como en capillas como la de la Maestranza. Su manto ha servido de capote para tantos como la historia ha vestido de luces. Así sigue siendo.

José Gómez Ortega, “Joselito el Gallo”, profesó desde bien temprano una fuerte devoción por la Virgen de San Gil, a cuya Hermandad contribuyó en el enriquecimiento de su patrimonio así como siendo su embajador más internacional, paseando su sentir por la Esperanza allá donde sus zapatillas pisaban el albero. El eterno diestro de Gelves regaló numerosos presentes a la corporación Macarena, siendo uno de los más claros ejemplos la generosa donación que aporta en 1913 para la hechura de una corona procesional de oro para la Virgen. Gallito, además de acostumbrar procesionar como nazareno en la Cofradía cada Viernes Santo, llegó a formar parte de la junta de gobierno de la Hermandad, siendo además uno de los principales valedores de la revolución estética llevada a cabo dentro de la misma, de manos de Juan Manuel Rodríguez Ojeda, que supondría la transición a la estética de la Semana Santa más cercana a nuestro tiempo.

Joselito vistiendo el hábito macareno.

Sin embargo, la prueba más notoria del querer del torero sevillano hacia la Esperanza no es otra que las “mariquillas” que la Virgen porta sobre su pecho cada Madrugada de Viernes Santo así como a lo largo del año. Las popularmente llamadas “mariquillas” son cinco broches en forma de flor, con cinco pétalos de cristal de roca verde cada una de ellas, engarzadas en oro blanco y rematadas con brillantes. Constituyen una de las mayores señas de identidad de esta icónica Imagen, a la par que de la Hermandad.

Todo ello nace a raíz del viaje que Joselito hace a París en 1913, poco después de tomar la alternativa. Allí, entró un día a una joyería con la intención de hacer un regalo a “una amiga” como le escribía a su madre en cartas, relatándole su viaje. Las “mariquillas” en el París de aquel entonces eran de última moda entre las mujeres de la alta sociedad de la época. Simbolizan fervorosamente el movimiento “art decó”, desarrollado de forma paralela a otras vanguardias artísticas, tales como el cubismo o el fauvismo.

Las “mariquillas” de la Macarena.

Aquella “amiga” no era otra que la Esperanza Macarena. Las joyas florales a Ella regaladas por el Rey de los Toreros eran presentes propios de los novios a sus amadas, y Joselito no quiso ser menos. Las mariquillas fueron entregadas a la Hermandad previo a la imposición de la corona de oro en ese mismo año, acto en el que portaría por primera vez las verdes joyas, idea de Rodríguez Ojeda que era su vestidor en aquel entonces. En su pecho quedarían por siempre hasta hoy, introduciéndoseles luego a todas ellas unos muelles que le otorgarían a las flores el característico movimiento que tienen al andar en la actualidad. “Más parece que viviera”.

Joselito fallece el 16 de mayo de 1920 en los pitones de “Bailaor”, de la Viuda de Ortega, en la plaza de toros de Talavera de la Reina (Toledo). Sevilla entera fue costalera de su féretro hasta el Cementerio de San Fernando, donde sería enterrado. La Virgen de la Esperanza vistió de riguroso luto, a la vez que un túmulo funerario con las honras del torero gitano fue instalado en la Parroquia de San Gil, donde residía en aquel momento la Hermandad.

Nuestra Señora de la Esperanza Macarena, de luto por la muerte de Joselito en 1920.

La de Gallito será para los tiempos una historia ligada a la de la Macarena. Amores más puros pocos se han visto. En honor al centenario de la muerte del diestro en Talavera, la Hermandad decidió erigir una estatua de bronce del torero junto a la Basílica, obra de Manuel Martín Nieto. Sus ojos mirarán por vez primera en este año a la Virgen en la calle, un año más, así como lo hiciera en la Edad de Oro del Toreo. Joselito descansa, pero su legado sigue vivo junto a las murallas de Sevilla.

 

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