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La casta de un ‘Brasero’, de La Palmosilla, calienta una gélida y otoñal Concurso de Ganaderías en Madrid

Otoño, antes de Otoño. Aunque falte una semana para la Feria de dicho nombre. Como si con precisión milimétrica las estaciones se ajustaran al desarrollo de la temporada en Madrid. La entrada este domingo en la estación otoñal también se produjo hoy en Las Ventas. Una tarde gélida, desapacible por momentos, que también dejó como un témpano al tendido por momentos. Sólo la casta codiciosa de un ‘Brasero‘ para calentarnos. La de este notable ejemplar de La Palmosilla, que se llevó el premio al mejor toro. Con él, fue ovacionado Pinar, que estuvo mucho mejor, muy bien de hecho, en su primero, pero faltó acople y sintonía en este quinto. También incandescente en el frío fue el sensacional toreo de capa de Gómez del Pilar al tercero. Un toro con asterístico. Porque si no se le hubiera picado tan mal, tan desmedido, posiblemente hubiera peleado el premio final. Virtudes y temple ya de salida no le faltaron, pero sangró una barbaridad. Javier Castaño, con un lote sin embroque, quedó inédito.

Toro largo y ensillado, hondo, bien presentado, pero más armónico, el quinto lució las cintas de La Palmosilla. Fue un animal encastado que repitió con codicia en el capote de Pinar. Tomó tres buenas varas de Puchano arrancándose con alegría de lejos y empujando en todas, si bien, tanto en la segunda como en la tercera salió suelto, más pronto que tarde, en cuanto tuvo opción. Fue un animal encastado y con disparo, con el que Pinar estuvo más espeso esta vez, algo acelerado incluso en algunos compases por el torrente de casta de este notable ‘Brasero‘. Tuvo mucha profundidad además el burel, especialmente, por el pitón izquierdo. Por ahí, el manchego dibujó naturales largos y de buena factura, pero sueltos en un conjunto al que faltó mayor acople. Estocada trasera y caída. Silencio para el albaceteño y ovación para el de La Palmosilla.

 

El segundo, con el pial de Fermín Bohórquez, fue un animal lleno y con cuajo, bajo y voluminoso, cornidelantero, enseñaba las puntas. Repitió de salida en el percal de Rubén Pinar y empujó, metiendo los riñones, en los tres puyazos que recibió, el último desde la línea más lejana para la concurso, casi en los medios. Tuvo movilidad el ‘Murube‘ y Pinar comenzó el trasteo con doblones antes de sacárselo entre las dos rayas del tercio. El toro humilló y tuvo cierta nobleza, pero le faltó una brizna más de poder, de casta, para llegar al tendido. Pinar, inteligente, supo darle un ‘tiempito’ entre muletazo y muletazo para que así durara más y centró la faena en la mano izquierda. Hubo naturales de buen trazo, muy bien colocado siempre y con mucho aplomo. Dos tandas citando de frente, de uno en uno, con torería. Gran estocada, de premios.

Con el hierro de Pallarés, el tercero fue un precioso cárdeno claro, entipado y con el peso medido de Santa Coloma, bien armado, astifino desde la mazorca y con hocico de rata, que embistió con un temple exquisito en el percal de Gómez del Pilar, que lo bordó a la verónica. Con cadencia, ganando terreno en cada lance, templados todos, hasta los medios. Hasta tres medias, superiores, y una larga cordobesa, preciosa, ya en la boca de riego. Muy mal picado y medido, el toro sangró una barbaridad y, tras desmonterarse Ángel Otero y Pedro José Cebadera en banderillas, el toro acusó mucho el castigo. Una lástima porque el toro tenía unas virtudes exquisitas. Metió la cara siempre con clase, tuvo profundidad y un ritmo magnífico, con temple, pero en la muleta del toledano, que lo intentó con esmero, no pudo mostrarlas lastrado por ese castigo desmedido hasta el punto de terminar echándose. Lo mató bien y saludó una ovación.

Ensabanado capirote, de impecable lámina, muy serio y astifino desde la mazorca, una pintura, el sexto fue el famoso toro de Sobral reseñado a principio de verano como sobrero en Pamplona. Fue un animal que manseó en los primeros tercios, saliendo huido de los dos pasos por el caballo y, luego, tuvo embestidas ásperas y deslucidas en la muleta. Deslucido, Gómez del Pilar lo probó por ambos pitones, pero la deriva de la tarde, fría en cuanto al contenido y más que otoñal en lo climatológico, le invitó a tomar más pronto que tarde el camino de los aceros. Lo ‘despenó’ tres pinchazos y una estocada algo trasera y tendida.

Rompió plaza un astado de Juan Luis Fraile largo, de imponente alzada, sin llenar, a pesar de merodear los 600 kilos, le entraban 50 kilos más. Muy abierto y enseñando las palas. No permitió el lucimiento a Javier Castaño, quedándose ya corto, y cumplió en varas, si bien fue toro muy costoso en banderillas. Hasta seis pasadas hizo la cuadrilla pudiendo dejar un solo palo, porque el toro, desafiante, engallado, no se desplazó y jamás descolgó. Nunca lo hizo, tampoco en la muleta del charro, que poco pudo hacer más que mostrar su escaso recorrido por ambos pitones. Siempre el toro con esa imponente alzada hasta el final, Castaño estuvo hábil para cazarlo de pinchazo y estocada caída y contraria, porque no era tarea sencilla.

El cuarto fue imponente toro de José Escolar, de casi 600 kilos, grande, hondo y con alzada, amplio de sienes, veleto y tremendamente ofensivo, con las puntas mirando al cielo. Fue ovacionado de salida. Se coló ya de salida en el percal de Castaño. Directo al pecho se le vino en un anticipo de su comportamiento. Animal reservón y orientado, con peligro, que no tuvo prácticamente embroque en una faena que murió antes de nacer. Ni una sola tanda pudo arañar el salmantino. Le metió un buen espadazo, pero no dobló y pegó un sainete con el descabello.

RESEÑA

Plaza de toros de Las Ventas, en MadridEspaña. Más de un cuarto de entrada, 6.721 espectadores según la empresa. Toros, por este orden, de Juan Luis Fraile, Fermín Bohórquez, Pallarés, José Escolar, La Palmosilla y Sobral, bien presentados, aunque desiguales. El 1º, sin entrega, nunca descolgó, sin embroque desde banderillas; el 2º, noble y con intención de humillar siempre, pero muy medido de poder; el 3º humilló templado ya de salida, con clase y muchas virtudes que fueron lastradas, mal y muy castigado, por un pésimo tercio de varas; el 4º, reservón y muy orientado, otro toro sin embroque; el 5º, encastado y codicioso, con pronfundidad, sobre todo, por el izquierdo, toro importante; y el 6º, áspero y de sosa embestida, deslucido.

Javier Castaño (de teja y oro), silencio y pitos.

Rubén Pinar (de celeste y oro), ovación y silencio.

Gómez del Pilar (de grana y oro), ovación y silencio.

Incidencias: En el tercero, en banderillas, se desmonteraron Ángel Otero y Pedro José Cebadera. El premio al mejor toro recayó en ‘Brasero‘, de La Palmosilla, mientras que el de mejor tercio de varas fue para Puchano. Por último, el galardón a la mejor lidia quedó desierto.

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