spot_imgspot_img

Los Bayones, en busca del tiempo perdido (Primera parte)

Tras un fin de semana lluvioso, bendita agua, el lunes amanece gris, pero sin esquirlas de lluvia. Con ese azul celestial que da vida tratando de ganarle terreno a las nubes zurcidas al cielo en la Torre de Babel que es Salamanca. La ciudad del Tormes en pleno curso académico. Ajetreo de jóvenes -y no tan jóvenes- universitarios que van y vienen, turistas tan curiosos como ansiosos por llevarse a la boca un pellizco de historia en collera entre catedral y Plaza Mayor, salmantinos encarando el albor de una nueva semana, con sus quehaceres, sus hábitos… En estas, el periodista enfila la carretera que ensambla la capital con Matilla de los Caños. Tierra de toros. El campo charro. El camino es un caleidoscopio de colores amarillos, marrones, también algún verdoso que se resiste, por qué no, al Otoño, temprano en fechas, tardío en temperaturas. Enfilado el camino, una larga recta, llana, se antoja perenne hasta poco antes de alcanzar Calzada de Don Diego. Un puñado de hectómetros antes, a la derecha, aparece un muro blanco con teja anaranjada: El Vecino. Junto a él, un camino de tierra, prensada, compacta, induce al visitante a avanzar. Los cercados salpicados de toros a diestra y siniestra confieren seriedad a la vereda. Por el aire, cuatro, quizás cinco, buitres sobrevuelan avizores pendientes de algún cordero descarriado del cebadero de corderos que convive con el ganado bravo. Al llegar a un entramado de varias casas y la nave inmensa de una granja, Jesús Hernández García espera. Fin de la ruta. No hay duda del destino: Los Bayones. 

 

Camisa de rayas, chaleco, vaqueros lavados y botas recias, de suela dura, para fajarse en los cercados, como buen hombre de campo, Jesús regenta, al alimón con sus hermanos, desde comienzos de la década de los 80 este pulmón de ‘Lisardos‘ que es la ganadería de Los Bayones. Porque este hierro es uno de los últimos reductos en el que hallar los toros originarios del ilustre Atanasio Fernández. Y todos, al cobijo del campo charro: El Puerto de San Lorenzo, las dos vías de Valdefresno, Adelaida Rodríguez, poco más le queda al encaste… Amén de la divisa azul, blanca y roja que nos ocupa.

En la década de los 90, hablar de Los Bayones era hablar de una ganadería puntera. Contrastada, fija en el circuito de las grandes ferias y con la amplitud de un transatlántico: más de 500 vacas de vientre llegó a tener en esos años una divisa por la que se pegaban las figuras del momento en todos los grandes puertos de la temporada. Triunfadora en Madrid en los San Isidros de 1996, 1997 y 1999, Sevilla -esa simbiosis triunfal entre ‘Limón’ y Domingo Valderrama-, Zaragoza -aquella recordada tarde de la despedida de Ortega Cano en el 98-, Murcia, Arles, Bayona, Colmenar Viejo o las añoradas plazas de Barcelona y Figueras también vieron sonados triunfos de la vacada castellana.

‘Era otra época, las ferias estaban mucho más abiertas a todo tipo de ganaderías y, por tanto, de encastes que existían en el campo, podíamos ir a las plazas de primera categoría y de segunda, en cualquier sitio, y no había problema… Antes los empresarios compraban las corridas de toros y, luego, hacían los carteles con esas corridas que ya había compradas, iban eligiendo las figuras sobre ese elenco que ya se había cerrado… Ahora yo creo las figuras ya casi te exigen la ganadería que quieren matar en cada sitio… Nosotros ya casi hemos pasado, o estamos, por qué no decirlo, en el encaste minoritario. Al haber otras preferencias y quedarte un poco fuera de la moda, no queda otra que reducir’, lamenta contrariado Jesús.

Nosotros ya casi hemos pasado, o estamos, por qué no decirlo, en el encaste minoritario; al haber otras preferencias y quedarte un poco fuera de la moda, no queda otra que reducir’

En su caso, ‘no ha sido trágico’. ‘Lo hemos venido haciendo durante muchos años, muy poco a poco, actualmente estamos en torno al centenar de madres, lógicamente en la pandemia, como todos, nadie lo esperaba, nos pilló muy cargados de toros… Eso sí fue muy duro: se torearon muchos toros en el campo, se llevaron muchos toros, por desgracia, al matadero, pero no había otra salida, era una incongruencia seguir invirtiendo dinero en algo que no iba a tener salida y podía comprometer muchas camadas y el futuro de la propia ganadería’, recuerda apesadumbrado.

Con antigüedad del 30 de marzo de 1986, Los Bayones fue adquirida por sus actuales propietarios en 1981. En ese mismo momento, eliminaron el ganado anterior de El Almendral y apostaron por reses con alcurnia. Las de Su Majestad. Adquirieron vacas y sementales -dos, de nombre ‘Cigarrero‘- de la ganadería de Santiago Martín ‘El Viti’. Animales ya de la procedencia Lisardo Sánchez actual. Unos rasgos que se pueden atisbar inconfundiblemente en los dos vídeos que acompañan a este reportaje. De un lado, la caja, la romana, la amplitud de pitones, el aparato y las cabezas de los machos…  De otro, la seriedad de las encornaduras, astifinísimos los pitones, la alzada, la altitud de agujas, la largura y esos pelajes, negros, burracos de las vacas.

Tras recorrer el vasto cercado donde pastan las imponentes madres con sus recién paridos becerros y comprobar lo avanzado del desarrollo de los erales, regordíos, la mayoría ya con hechuras de utreros sin empezar aún el invierno, el recorrido por los diferentes cercados expira en la joya de la corona: una docena de toros, los más rematados de la casa, que pastan en solitario.

Mayoría de cuatreños -uno de ellos estuvo reseñado este año, aún como utrero, para la novillada concurso de ganaderías de septiembre en Las Ventas– y varios cinqueños que aguardan destino. El sueño está claro: volver a Madrid con una corrida de toros completa diez años después.

‘Es muy pronto todavía, veremos a ver cómo transcurre el invierno, pero la corrida está aquí para que la valoren los veedores y decidan, nos gustaría volver a Madrid con todas las de la ley, no con una novillada, un Desafío o un novillo para una concurso… Nos gustaría ir con un encierro completo, porque entendemos que es cómo hay que ir a la primera plaza del mundo, es una corrida fuerte, con trapío ya para estas alturas de año, con todo el tiempo que queda, ojalá pueda suceder’, comenta Jesús, mientras contempla la docena de animales escogidos para el ansiado regreso.

‘Nos gustaría volver a Madrid con un encierro completo, porque entendemos que es cómo hay que ir a la primera plaza del mundo, es una corrida fuerte y con trapío ya para estas alturas de año’

 

ASÍ ES LA CAMADA DE ‘LISARDOS’ DE LOS BAYONES PARA 2023

Más allá del anhelo de volver a ese Cónclave que es Madrid con una corrida entera, en El Vecino, también aguardan unos 35 toros de saca más para el 2023. Unos quince de ellos, son los tan característicos burracos de la casa. El resto, de pelaje negro. En ese horizonte, el deseo es poder lidiar dos corridas de toros más en plazas de segunda categoría con cierta holgura. Alguno de esos animales también podría tener como rumbo final alguna corrida concurso o acontecimiento especial. El resto irá a las calles. Para festejos populares.

También se confía en lidiar alguna novillada, a pie o para rejones, siguiendo la estela de la temporada recién finalizada, en la que se lidió un encierro en el Martes de Carnaval, en Ciudad Rodrigo, y otro en Almorox (Toledo) con un resultado esperanzador, pues uno de los utreros, de magnífico juego, fue premiado con la vuelta al ruedo.

Además de Los Bayones, este clásico del campo charro también posee dos piales más. El primero de ellos es el del hermano de Jesús, Gabriel Hernández, que está entre los 20 hierros más antiguos y cuya procedencia viene de unas 200 vacas de la mujer de Chamaco. Luego, la familia también tiene el hierro con el que, su padre Abilio y sus tíos, ingresaron en la Asociación de Ganaderos de Lidia con ganado de procedencia Contreras. No obstante, hoy por la reducción tras la pandemia, ambas ramas están extintas y sólo se hierra a fuego con la ‘LB’ del hierro matriz.

¿El futuro? ‘No lo sabe nadie, pero después de estos dos años tan malos, está siendo todo como una vuelta a empezar, partimos de cero, de no lidiar un sólo festejo, yo no pretendo ya estar en todas las ferias otra vez, ni mucho menos, lo que sí espero es lidiar dos, tres, cuatro corridas de toros como mucho, alguna novillada también y tener la satisfacción de ver unos buenos resultados’, concluye Jesús Hernández.

Atalaya del campo charro, Los Bayones quiere recuperar esa gloria. La suya. Los Bayones quiere recuperar el tiempo perdido.

spot_img

RELACIONADO

spot_img