Las Rozas: Pleno de un Daniel Luque al que apetece perseguir

Foto: Verónica Domínguez vía twitter @InfoDanielLuque

Daniel Luque está para perseguirlo. Para perseguirlo por España, Francia, América… o hasta la Luna si se pone allí, en pleno cráter de nuestro satélite, delante del toro. Apetece mucho verlo. No perderse ni una. Esta tarde, en Las Rozas, a las puertas de Madrid, a un paso de donde hubiera gustado verle esta inminente Feria de Otoño, cortó cuatro orejas para firmar un pleno en otra tarde en figura. Porque esa es su dimensión actual. Está de dulce, ve toro en todos lados y cuaja tanto al bueno, como el encastado segundo de vuelta al ruedo, como al que no lo es, un quinto exigente al que sometió con su muleta con sólo cinco derechazos -pero qué cinco derechazos-, enfibrado después de casi ser prendido. Morante, que firmó una faena torera preñada de un sinfín de adornos caros, y Ángel Téllez, que volvió a sobresalir al natural, pasearon sendos trofeos de una corrida variada de Cuvillo.

El segundo fue un colorado, bajo y corto de manos, que abría más la cara. Luque lo recibió a pies juntos a la verónica y dejó un buen quite a la verónica más tarde. Excelente Juan Contreras en la lidia. Brindó al público Luque y comenzó por estatuarios. Sin enmendarse. Tremendo el inicio, dos pases del desprecio, de cartel, cosido el afarolado y larguísimo, el de pecho. El público, volcado ya con una faena, que tuvo mucho y buen toreo fundamental. Echando los vuelos siempre, sin tirones, con una gran suavidad para enganchar las encastadas embestidas de este notable segundo que templó al ralentí. Hubo uno de pecho, prácticamente circular, que hizo rugir los tendidos. El final, por luquecinas, terminó por poner al tendido en pie. La estocada corta, algo desprendida, fue fulminante. Dos orejas y vuelta al ruedo para el buen ‘Cuvillo’.

 

 

 

Astifino desde la mazorca, el quinto fue un toro fino, suelto de carnes, que no permitió el lucimiento de Luque con el percal. Toro con movilidad y exigente, al que el sevillano toreó con autoridad y sometimiento en la primera mitad del trasteo. Cuando lo toreaba al natural, una banderilla del toro se clavó en el pecho del torero, le empujó a la cara y lo dejó prácticamente a merced. Entre los pitones, se zafó de milagro. Volvió aún más enfibrado, enrabietado, y le pegó cinco derechazos de mano baja, exigiendo de verdad al toro. Como un látigo su muleta. Lo sometió hasta tal punto que el de Cuvillo se rajó con descaro en mitad de la tanda posterior. Epílogo por luquecinas de nuevo hasta terminar al abrigo de las tablas pasando el burel por lugares inverosímiles. La estocada desprendida aseguró otras dos orejas.

Algo ensillado y acapachado, armónico, el tercero fue un toro noble y definido desde el cadencioso recibo de Ángel Téllez a la verónica. Muy despacio lo toreó hasta la boca de riego. Comenzó el trasteo por doblones y construyó un trasteo monopolizado por la mano izquierda tras las dos primeras tandas con la diestra. Hubo naturales limpios y sedosos, con hondura, merced a la profundidad del colaborador ‘Cuvillo’, que terminó, eso sí, amagando con rajarse en el final a pies juntos y citando de frente, también con la zurda. El pinchazo previo a la estocada caída no le impidió pasear un trofeo.

Cerró plaza un colorado abierto de cuerna y algo mas lleno, que salió con muchos bríos de chiqueros. Lo paró Téllez con determinación, pero sin opción de brillo. Tampoco lo hubo después en el último tercio, porque el astado, muy deslucido, jamás descolgó en la franela del madrileño. Téllez quiso y le buscó las vueltas, incluso metiéndose entre los pitones en un arrimón final, que tampoco encontró el rédito deseado. La estocada corta, perpendicular y baja, fue suficiente.

Basto de hechuras, pero agradable para el torero y acapachado, rompió plaza un ‘Cuvillo’ reservón que se emplazó en los medios y derribó a las dos monturas en varas tras un recibo en el que Morante solo pudo dibujar una excelente media. Rebrincado en banderillas, tuvo movilidad y Morante logró someterlo en la muleta. Pudo correr la mano por ambos pitones, a pesar de la áspera embestida del animal, y ligó tandas cortas pero templadas. Molinetes, kikirikís, afarolados, trincherillas… Mil y un adornos de lujo ‘salpimentaron’ el trasteo. El final, por ayudados, de rodilla genuflexa, una delicia. Cuando lo estaba cuadrando, el toro soltó un derrote seco y le hizo un corte en la nariz, a la altura del tabique, del que comenzó a sangrar. Le mató de una estocada algo tendida que hizo su efecto y paseó un trofeo.

Más escurrido y avacado, menos lleno, el jabonero cuarto abría más la cara. Morante lo saludó a una mano y después lo toreó a la verónica. Pero fue en un precioso quite por chicuelinas de mano baja, cuando se hizo ovacionar. Comenzó el trasteo echando el cartucho de pescado pegado a tablas para seguir pasándolo una y otra vez por alto con la zurda. Una faena en la que el cigarrero ligó las tandas a media altura, sin apretar nunca al de Cuvillo, que nunca humilló, gazapón y que le costaba irse de los vuelos. Se terminó agriando incluso en el tramo de faena, defendiéndose cada vez más y soltando la cara. Lo mató de pinchazo y estocada corta para saludar desde el tercio.

 

 

RESEÑA

hierro nuñez del cuvillo

Plaza de toros de Las Rozas, en Madrid España. Primera de feria. Lleno aparente. Toros de Núñez del Cuvillo, el 2º premiado con la vuelta al ruedo. Los toros, de correcta presentación. El 1º, con movilidad, áspero en la muleta; el 2º, buen toro, pronto, encastado y con clase, lo quiso todo por abajo; fue premiado con la vuelta al ruedo; el 3º, noble y colaborador, tuvo calidad y recorrido; el 4º, sin entrega, gazapón, le costaba irse de los vuelos, y se terminó agriando, cada vez más a la defensiva; el 5º, con movilidad y exigente, se terminó rajando al verse podido; y el 6º, deslucido y sin entrega.

Morante de la Puebla (de celeste y oro), oreja y ovación con saludos.

Daniel Luque (de caña y oro), dos orejas y dos orejas.

Ángel Téllez (de blanco y oro), oreja y silencio.

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