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La Valencia de Manuel Granero

Continuamos con la serie de reportajes dedicados a ciudades españolas que han tenido una relevancia en el panorama taurino porque entre sus calles, han paseado o vivido algunos de los toreros más importantes de la historia. En esta ocasión, nos trasladamos a la Valencia de la segunda década del siglo XX, para recorrerla de la mano de su torero más ilustre: Manuel Granero. Su infancia, los lugares que frecuentó y los recuerdos que aún perduran en la capital de Turia serán los protagonistas. Comencemos…

Artículo dedicado a Ana Vilches, fiel e infatigable compañera de viaje en búsqueda de las huellas de Manuel Granero en su ciudad, y a Ángel Berlanga, por mostrarme con entusiasmo los tesoros taurinos de su ciudad.

Manuel Granero, en una de sus actuaciones (1921)

INFANCIA Y JUVENTUD

Comencemos por el principio, Manuel Granero viene al mundo un 4 de abril de 1902, en la castiza barriada del Pilar de la ciudad de Valencia, en el número 1 de la calle de San Antonio (casa hoy desaparecida por reformas urbanas) y pocos meses después se traslada al número 35 de la calle del Triador (lugar erróneamente señalado por muchos autores como casa natal). De hecho, si vamos en búsqueda de dicho lugar, una plaza cerámica señala este edificio como casa natal.

También, en la famosa iglesia del mismo nombre, la del Pilar, recibió el sacramento del bautismo el joven torero y la pila bautismal que se conserva en el templo es, según parece, la misma que se usó en 1902.

Sobre Granero, se ha asumido como cierto, seguramente por sus exquisitas formas y modales, que provenía de una familia acomodada y burguesa. Solo hay que conocer un poco el barrio del Pilar en la época, para darse cuenta de que se trataba de un barrio popular, en el que, si bien nunca le faltó de nada, las casas y comodidades no eran de las que disfrutaba la burguesía valenciana de la época. Actualmente, el barrio del Pilar sigue siendo una de las barriadas populares con más encanto de la ciudad, por lo que pasear por la fisonomía de sus calles, es realizar un viaje en el tiempo.

 

Casa en la que vivió Graneo y que está señalada erróneamente como casa natal (Número 35 de la calle del Triador, fotografía del autor)

Es en este mismo barrio, en las plazas que servían de esparcimiento para el vecindario, especialmente en la también homónima, Plaza del Pilar, fue donde un joven Granero empezó a jugar al toro y soñar con algún día ser figura del toreo, por lo que se puede uno imaginar en dichas plazas a un numeroso grupo de chiquillos jugando al toro.

En el Conservatorio Superior de Música de Valencia, Granero aprendió a tocar con solvencia y maestría el violín, que llegó a interpretar en público en el antiguo teatro Ruzafa, hoy desgraciadamente desaparecido.

CASA DE TORERO Y EL CLUB “GRANERO”

Manuel Granero, cuando empezó a despuntar como torerillo, se marchó a Salamanca, pero a su vuelta, ya con cierta aura de figura y un buen dinero percibido, trasladó la residencia familiar a la zona noble de la ciudad, concretamente a la calle de Martínez Cubells, cerca de la Plaza de Toros.

Antes, de llegar a este enclave, trasladó a la familia a la calle Cirilio Amorós, número 11 (hoy aproximadamente el número 9), a una propiedad de su amigo Leopoldo Risueño.

Podemos trasladarnos en la actualidad al enclave de la calle Martínez Cubells, que se conserva prácticamente idéntico a la época y conocer esta morada, que se encontraba en el primer piso del actual número 8, justo debajo, se encontraba el Club Granero fundado por sus primeros partidarios y amigos, en cuyo local, se veló el cuerpo del torero cuando llegó desde Madrid tras el fatídico 7 de mayo de 1922. Aquí la familia disfrutaba de una vivienda amplia y confortable, acorde a esa nueva vida emprendida por la incipiente figura, y en donde Granero tenía un elegante despacho en el que recibía a los amigos y cosechaba sus dos pasiones: la literatura y la música.

Calle de Martínez Cubells, en el lugar exacto donde se encontraba el piso del torero y su Club Taurino (fotografías del autor)

PLAZA DE TOROS DE VALENCIA Y MUSEO TAURINO DE LA CIUDAD

A escasos metros de esta calle, encontramos tres enclaves que también nos invitan a conocer mejor al torero, por su relación directa con él o por conservar en la actualidad objetos que nos ayudan a reconstruir su vida: la Plaza de Toros de Valencia, la Estación del Norte y el Museo Taurino de la ciudad.

Vista del monumento dedicado a Manuel Granero en la explanada exterior de la Plaza de Toros y panorámica de su inconfundible fachada (fotografía del autor)

La Plaza de Toros de Valencia, tiene una vinculación muy estrecha con el torero, pues fue allí donde se estrenó como torerillo, donde consiguió sus mayores triunfos (como la feria de julio de 1921) y donde la afición lo terminó de encumbrar al olimpo taurino. Incluso su figura tuvo que ver en la creación de las corridas falleras. La Plaza de Toros de Valencia se encuentra situada en la calle de Játiva y se trata de una de las mayores plazas de toros de España, con ruedo de un diámetro de 47,5 metros y 108 metros de diámetro exterior. Cuenta con capacidad para 12884 espectadores y la obra original de 1859 de Sebastián Monleón Estellés (que es la que conoció Manuel Granero, pues actualmente presenta algunas modificaciones) constaba de un exterior de cuatro galerías porticadas de ladrillo visto, de arcos escarzados en su planta baja y de medio punto en las tres galerías superiores, coronadas por una balaustrada de piedra, en una disposición clásica, con el ladrillo a vista, pudiéndose entroncar en un estilo neomudéjar.

Dos recuerdos homenajean a Granero en su plaza: en el exterior, podemos ver una estatua de corte contemporáneo que representa un pase con el capote de Manuel Granero y, en una de las columnas interiores, una placa en homenaje al XXV aniversario de su muerte, en el que vemos dos relieves en bronce, con un retrato del torero y con el pase de su invención, el “de la firma”.

Relieve en la Plaza de Toros de Valencia dedicado al XXV aniversario de la muerte del torero (Fotografía del autor)

En segundo lugar, y casi pared con pared con la Plaza, encontramos la Estación del Norte de Valencia que, además de ser uno de los enclaves turísticos principales de la ciudad, fue un lugar frecuentado por el torero. Es una estación terminal de carácter monumental y estilo modernista valenciano inaugurada en 1917 por la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, quien encargó su construcción a uno de los arquitectos de la compañía, Demetrio Ribes. A esta estación, llegó desde Madrid el féretro de Granero y fue el lugar de inicio de la procesión fúnebre con su cuerpo sin vida, pasando a la historia, junto con la de Gallito y Manolete, como la mayor manifestación de duelo popular por la muerte de un torero.

La multitudinaria recepción del féretro de Manuel Granero en la Estación del Norte (1922, Colección José Huguet)

Por último, todo visitante que quiera seguir los pasos de Granero en su ciudad, debe visitar el Museo Taurino que se encuentra en un edificio anexo a la Plaza de Toros. He de decir que, a pesar de no ser excesivamente grande, la calidad de sus piezas lo convierten en uno de los mejores que hay en nuestra geografía, pues a pesar de que se encuentra centrado en la tauromaquia valenciana, tiene piezas de los más importantes toreos de la historia de todas las épocas.

Manuel Granero, como paladín de esta tauromaquia levantina, tiene un espacio dedicado en exclusiva y, entre las muchas piezas expuestas que encontramos (pues tienen más pero no se pueden contemplar en la exposición permanente) podemos ver un traje crema y azabache (con el mismo bordado que el celeste y crema que era predilecto del torero), numerosas fotografías y carteles, un kilométrico que perteneció al matador, un trozo del traje que portaba el 7 de mayo de 1922, una castañeta y un corbatín en color rojo (esta última pieza tendríamos que dejarla en cuarentena, pues me consta que Granero siempre los usó de color negro). También, podemos encontrar disecada la cabeza del toro “Doradito” con el que tomó la alternativa en Sevilla allá por el año 1920.

Kilométrico, castañeta y corbatín de Manuel Granero. Cabeza del toro “Doradito” y traje de Manuel Granero (Museo Taurino de Valencia, fotografías del autor)

CEMENTERIO DE VALENCIA: MAUSOLEO

La última parada de esta ruta para conocer la Valencia de Manuel Granero nos lleva, al igual que en el caso de la primera entrega dedicada a Joselito, a rendir honores al propio torero, que se encuentra enterrado en el Cementerio de Valencia, junto a otros valencianos ilustres como Sorolla o Blasco Ibáñez.

Tras la muerte de Granero y, a raíz de los problemas económicos que surgieron en el momento de darle una sepultura digna, el cuerpo sin vida del toreo fue depositado en el mausoleo familiar de los Fabrilo, cuya entrada tiene reminiscencias taurinas y es otro lugar que hay que visitar si se va al cementerio.

Mausoleo de los hermanos Fabrilo en el cementerio de Valencia (fotografía del autor)

El mausoleo, costeado por suscripción popular, donde se encuentra enterrado y al que fue traslado pocos años después, es una obra del escultor José Arnal García, que ganó el concurso que se creó para diseñar el mausoleo (del que cuentan que hasta el famoso Mariano Benlliure presentó un boceto). Es una impresionante escultura llamada “Amor y dolor” que representa a un ángel sosteniendo el cuerpo desnudo del torero y a los pies, una mujer que simboliza al pueblo de Valencia llorando la pérdida del mismo.

El mausoleo de Manuel Granero (fotografías del autor)

Una curiosidad para terminar: el 3 de noviembre de 1960, durante unas reformas en el mausoleo, se abrió el féretro de plata (igual al de Joselito) y se descubrió el cuerpo incorrupto del torero. Su hermana Consuelo Granero que se hallaba presente quedó estupefacta. Durante semanas se habló en los periódicos del tema, hablando de la supuesta santidad del torero, abriéndose una investigación por el Ayuntamiento presionado por la Iglesia Valenciana. La explicación llegó semanas más tarde al saberse que el torero había sido concienzudamente embalsamado para su traslado desde Madrid, pagando 7500 pesetas, una cantidad desorbitada para la época.

¡Gloria por siempre a Manuel Granero!

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