La disposición de Marcos, la caricia de Ortega y la magnitud de Morante

Gran tarde de toreo en Arévalo, con muy buen ambiente, en la que defrauda la corrida de Garcigrande de escasa presencia

Todos recordamos a Víctor Barrio. Su sonrisa, su sinceridad. El minuto de silencio rememoró la noticia helada que aquella tarde muchos aficionados recibimos en el tendido de alguna plaza. Jamás será olvidado porque alcanzó la gloria persiguiendo un sueño. El himno de España dio la bienvenida al festejo.
Como el filo de una navaja recorrió el pitón del primer toro el capote de Morante con la exactitud de un cirujano. La capa quedó alada y el de la Puebla siguió soltando con misterio sus vuelos partidos para bordar una verónica sólo posible en su imaginación. El terciado Garcigrande tuvo sus dificultades. Morante, en plenitud artística, siguió la tónica del magnífico año que está haciendo. Variado, sentido, valiente. Todo muy asentado. Sobre el pitón derecho llegó el mando, con el izquierdo la caricia, la delicia de la muñeca soltando la embestida. Morante está contento. Quizá espoleado por la nueva generación de toreros que quieren torear bien. Qué gusto disfrutar de esta enésima primavera en el toreo eterno del genio de La Puebla. A este primer toro al que había rematado con toda la torería del mundo, lo quiso matar igual de despacio que interpretó la suerte hace unos días en Segovia. Paseó la oreja con la satisfacción de haber creado algo inesperado.
Más bien manso resultó el cuarto, otro toro de escasa cara. Estamos en Arévalo pero hay que cuidar un mínimo la presentación. La plaza estaba llena dentro del aforo permitido (un 75%), tres cuartos de los de toda la vida. Un ambientazo. Morante quiso también en este toro, firmó unos magníficos delantales pese a que salía el toro con la cara por las nubes. Su graciosa torería vistió cada lance. Inició la faena con torería, le buscó las vueltas, se fajó por ambos pitones y le quitó las moscas con una armonía en blanco y negro. Lo cazó al encuentro y hacia los adentros. Otra oreja de un toro que en otra época morantista no tan lejana habría escuchado los cascabeles de las mulillas en la segunda serie.
El capote de Juan Ortega ya cuenta con el expectación de los grandes artífices de verónicas de la historia del toreo. Cuando coge el percal el silencio reina en todas las plazas. Arévalo se emocionó en el recibo capotero al segundo toro de su lote. Qué despacio echó el capote, cómo lo embarcó, de qué modo lo llevó embelesado en lances monumentales. Duró muy poquito el toro pero las tres tandas que tuvo fueron de una calidad extraordinaria. Ortega lo mató por arriba, la oreja premió la excelsa calidad de la obra. Otro trofeo conseguiría del que hizo segundo, un toro muy montado que salía desentendido de las suertes. El sevillano buscó la colocación, echando la pata palante, componiendo mucho. Lo estoqueó con habilidad.
Alejandro Marcos tiene su fuero en Arévalo. El empresario Martín Perrino apuesta por él y los aficionados de Salamanca respondieron para apoyar las buenas formas del torero de la Fuente de San Esteban. Demostró estar completamente metido en la profesión, haber superado todos los percances y lesiones. Muy dispuesto en todo momento. Lanceó con gusto y con tremenda serenidad a su primero, que le esperó hasta el último momento. La elegante media para rematar el ramillete jaleado. Empezó la faena con doblones muy seguros después de brindar al cielo, quizá en recuerdo de su maestro: Juan José que le perdimos en 2020. Una faena con gusto y armonía. Firmó un cambio de mano por delante con la mano vuelta, como Finito de Córdoba. Varios desprecios mirando al tendido. Cortó una oreja.
Don trofeos logró del que cerró la tarde, ya con la luz a medio gas. Un toro que duró poco porque se lastimó los cuartos traseros. Marcos no se aburrió en ningún momento y dejó la estocada de al tarde. Don orejas.
RESEÑA
Viernes 9 de julio de 2021. Plaza de toros de Arévalo (Ávila). Toros de Garcigrande, de pobre presentación y noble juego en su conjunto. Morante de la Puebla, oreja y oreja; Juan Ortega, oreja y oreja y Alejandro Marcos, oreja y dos orejas.

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