Francisco de Manuel: «Hay que vivir con el cuchillo entre los dientes»

Francisco de Manuel (Arganda del Rey, 5/7/2000) nació torero. Hijo de Manolo Fuente, matador de toros venezolano, y madre española curtida en cientos de tardes sufridas por su padre, vive por y para el toro. Debutó en público con tan sólo trece años, en una clase práctica en Campo Real (Madrid). Vistió por primera vez el chispeante tan sólo tres años después, en Peñafiel. Ese mismo año, cumplía un hito que pocos toreros consiguen en su carrera: abrir la Puerta Grande de Madrid, saliendo triunfador del certamen de novilladas sin picadores “Camino hacia Las Ventas”. Debutó con picadores en Collado Mediano, en 2017. Desde entonces se ha ganado el pan en el circuito novilleril, abriéndose paso en éste a base de grandes triunfos como la Puerta Grande en Pamplona el año 2018, o proclamándose triunfador en ferias como San Isidro o ganador de certámenes como el Alfarero de Oro de Villaseca de la Sagra. Si Dios y la suerte quieren, tomará la alternativa el día 30 de agosto en la mítica Plaza de Toros de Colmenar Viejo, donde nos encontramos junto con él, con Morante de la Puebla como padrino y Roca Rey como testigo, y toros de Núñez del Cuvillo. Ya tiene las llaves de la Puerta Grande de la plaza, al ser asiduo a ella por entrenar con los alumnos de su escuela taurina. Espera que no le hagan falta el día de su alternativa, pues pretende tirarla abajo. El que tenga miedo a morir, que no nazca.

Francisco de Manuel

Cuando a uno le toca hacerle una entrevista a alguien que se viste de luces, lo más fácil es caer en las trampas que plantean los formalismos. Una de ellas sería el preguntar “¿cuándo supiste que querías ser torero?” o cuestiones parecidas. Quien busca conocer esto tal y como es sabe que el ser torero, aunque tenga que hacerse para descubrirse, es algo inherente a quien lo es desde que nace, aunque no lo sepa. Yendo al grano, e intentando esquivar la típica: Francisco, ¿cuándo supiste que eras torero?

Con ocho años, cuando me puse delante de mi primera becerra, veía todo esto como un mero juego, sin más. No entrenaba ni hacía nada por ello, es más, quería ser futbolista. Ya con once años, estuve entrenando un tiempo con mi padre, y supongo que algo vería o creía ver en mí, por lo que me llevó al campo, a modo de prueba. Pasada ésta, lo vi claro. Quería apuntarme a la escuela.

Imagino que el ver a tu padre en casa, en la plaza y en el campo te ayudó a descubrirlo rápidamente. Fue él, ¿o fue otro momento, otra sensación, la que te hizo darte cuenta de tu sínom?

En mi padre, tuve un espejo en el que querer mirarme. Aunque en plaza lo vi torear muy de pequeño y no guardo recuerdos demasiado nítidos, su mero andar por casa me impresionaba, que fuera lo que era fue un plus a la admiración que todo niño le tiene en su infancia a un padre que le quiere. Probablemente a su figura le añadiría la del maestro “Juli”, a quien admiraba, en cuya escuela me formé. Imagínate cómo sería la cosa, que cuando le veía por la tele y no cortaba las orejas, me enfadaba, y me molestaba que las cortasen otros.

(Ríen). Qué grande es eso. El sentido de la competitividad ha degenerado notablemente, al menos dentro de los ruedos. ¿Imprimiste ese sentimiento dentro de tus fundamentos?

Eso intento. El toreo es un mundo en el que todos deberíamos de ser más competitivos de lo que a día de hoy somos, especialmente en las altas esferas, entre las figuras del toreo, en el sentido sano de este concepto.

Francisco de Manuel

Totalmente. Tendríamos que ser bastante más “cabroncetes” dentro de la plaza (competitivamente hablando, claro está) y mucho más considerados con los que peor lo pasan afuera de ella, en el campo y en los despachos. Por ejemplo, yo apenas recuerdo la última vez que un diestro cedió a un sobresaliente hacer un quite en un mano a mano, o una encerrona, dejando a estos toreros en el olvido. Ahora, las “fotitos” en el callejón no faltan.

Está claro. A nadie le cuesta regalarle tres o cuatro lances al que tiene a su lado, y por supuesto, todo a quien se les permiten, lo agradece enormemente, y más en tardes como estas, a plaza llena o no. A nadie molestan, desde luego, y sólo suman.

En efecto. Volviendo a tu metafísica como torero, ¿qué te dijo el toro la primera vez que lo tuviste delante, con ocho años?

Que yo recuerde, de primeras, tensión, adrenalina, miedo. Pero, igualmente, ilusión. Todo lo que el toro te transmite, te lo da en un cúmulo de sensaciones, tanto positivas como aparentemente negativas en cuanto al actuar contra instinto al andar hacia delante. Ese conjunto hizo, y hace, que el toro te pique por dentro, y te acabes enamorando de él. Hay a quien las emociones fuertes le enganchan, y en cierto modo, yo las encontré en él.

 Y es que el toreo te hace vivir con una intensidad distinta a la que este mundo suele ofrecer. A la vez, te hace poner los pies en la verdadera Tierra, algo que hoy se ningunea y esquiva.

Desde luego. El del toro es un mundo de plena realidad. Te regala muchas experiencias únicas, te llena verdaderamente, y eso te hace vivir de este modo, tirando para adelante con todo a pesar de las dificultades que te plantea, en busca de la plenitud.

Además, la verdad que el toro te ofrece no la suele dar todo cuanto nos rodea.

Nuestra sociedad es muy de mentira habitualmente. De intentar pintar, vender que todo es muy bonito, ideal, cuando la vida es algo muy diferente. La vida es buscarte las castañas, traer el pan cada día a tu casa, sufrir por lo tuyo y por los tuyos. El toro es un choque increíble contra este mundo de mentira que quieren que nos creamos.

Al final, nuestro principal bastión es la verdad. Pero incluso sabiendo esto, muchas veces nos faltamos a ella desde dentro, actuando egoístamente, sin mirar por la justicia. Y es lo que más daño nos hace como colectivo, mucho más que cualquier ataque antitaurino. ¿No te duele ver esto?

Los antitaurinos hacen su daño, aunque es un daño vacío, hueco, de carátula, sin más. Por desgracia, los ataques que más daño nos hacen están dentro y no fuera, por faltar a la verdad en busca de intereses y beneficio propio. Hay muchos que van a lo suyo y quieren enriquecerse a base de dañar a otras personas. Hace falta muchísima unión. Pero esto es muy fácil de decir, para luego encima barrer para casa, sin miramientos. Cada uno no puede ir a por lo suyo sin importar lo demás.

Sin duda. Volviendo a los orígenes, ¿cómo se tomaron en casa el que tú quisieras dedicar tu vida al toreo?

Tanto mi padre como mi madre lo han respetado siempre, muchísimo. Bien es verdad que mi padre, que está en esto desde mucho antes que yo, sabe de primera mano lo que supone, y lo que hay dentro. No dejó de ser duro para ambos, pero sabiendo que era mi ilusión y que guardaba verdadera ambición por ello, me apoyaron y me apoyan plenamente. Recuerdo, sin embargo, que yo me apunté a la escuela con el permiso de mi padre, a espaldas de mi madre. Durante tres o cuatro meses, ella no supo nada (ríen). Para ella fue toda una sorpresa cuando se enteró. Mi padre le mandó un vídeo mío toreando, y se llevó un susto que ni te imaginas. No creo que se termine de acostumbrar nunca, pero me apoya y me respeta.

Al fin y al cabo, tampoco el torero se acostumbra nunca a esta vida.

Es algo difícil de asimilar, sobre todo al ir contracorriente de la gente. Se nota en uno mismo, así como en casa, tanto en los triunfos, como en las tardes que van mal. En mi familia, lo bueno, es que estamos tan unidos, que a pesar de sufrir tantas veces, la fuerza nunca se pierde, y sobre todo, los éxitos compensan de sobra todo lo demás.

¿Qué le dirías a alguien que, igual que tú decidiste un día, quiere dedicarse a esto, y vive con la negativa y la desunión en casa? Más bien, ¿qué le dirías a esos padres, que tienen el “no” por respuesta?

Entiendo que para unos padres es difícil de tragar, que tu hijo quiera ser matador de toros, por todo lo que ello conlleva, ya que lo que ellos ven primero es el percance, el dolor, el sufrimiento o la posible tragedia. Pero el toreo da más que quita, en cualquiera de los casos. La recompensa que te da el toro cuando por fin las cosas van bien, después del correspondiente sacrificio ofrecido, es muy grande, hasta tal punto de no ser comparable a ningún otro ámbito en cuanto a lo que uno pueda dedicarse en su vida. Aunque toda la recompensa aparentemente sea para el que se pone delante, la realidad no es esa, ya que para unos padres termina por ser muy gratificante. Por difícil que sea de creer. También hay que pensar por el hijo, al final cada uno termina por dedicarse a lo que quiere, y esta negativa puede llegar al punto de desvanecerse para el que la recibe en cierto momento de la vida, ya que el permiso de los padres termina por ser limitado en el tiempo. El hijo o la hija que recibe el “no” cuando es realmente su vocación lo que necesita realmente es el apoyo de su familia, pues no hay otro más grande.

Es que además se nota, cuando uno va al campo, el chaval que tiene a su padre consigo se pone de otra manera.

Desde luego. Pero cuidado, ningún extremo es bueno. También hay quien quiere que su hijo sea torero más de lo que el hijo realmente quiere, y eso es un problema.

Francisco de Manuel

Ya asimilado este estilo de vida, ¿cuál es tu rutina al respecto en cuanto a preparación? Es que es un mundo. Hablando con unos y con otros ves que cada uno tiene su camino, y que muchos de ellos terminan por llevar a Roma. En tiempos de Costillares el único entrenamiento se daba en el campo, y sin deporte que valiese llegaba el torero a la plaza, bien comido y bebido. Ahora, el ejercicio físico ha tomado muchísimo peso.

Para mí, en mi día a día, el entrenamiento de salón es lo más importante, y entre semana es lo que más hago, por la mañana y por la tarde. La preparación física para mí es algo fundamental, por lo que también le dedico mucho tiempo. Por ejemplo, a mí el deporte que más me sirve para encontrarme en forma es el frontenis. Es divertido, trabajas cuerpo entero y además es un deporte muy torero, como lo suelen ser los deportes de raqueta y pala. También me gusta mucho el pádel. Te hacen moverte para todos lados, manteniéndote en tensión continuamente. También salgo mucho a correr, y voy al gimnasio, pero no es lo que más me divierte.

Igual que los filósofos en su día se preguntaban qué era el hombre, en pocas palabras, ¿para ti qué es el toreo?

Esta cuestión es muy difícil de abarcar, y más todavía con palabras. Si tuviera que definirlo de esta forma, el toreo para mí es pasión, en su máxima expresión. Para mí, el querer ser alguien mientras esté en este mundo, el luchar por un sueño. Y la vivo en cada pequeña cosa que el toro me regala: desde un muletazo entrenando, pasando por las vacas en el campo, y sobre todo, con el toro en la plaza. Intento imprimir esta pasión en todo cuanto hago, y usando como medio mi concepto, que busco que sea clásico, puro, según lo que me han enseñado. Y eso es lo que a mí me llena. En definitiva, el toreo es eso: pasión, y también entrega.

El torero vive con el corazón enamorado. Puede que sea el último héroe romántico.

El toreo está lleno de Romanticismo. Sobre todo, cuando uno empieza, el llamar a unos y a otros en busca de una tapia, el coger un autobús hasta lejísimos para ir andando a una finca… todas esas cosas. Para ser torero hay que ser un romántico. Y también estar un poco chalao.

Qué bonito es estar loco. Se nos deja estarlo cada vez menos, y aún menos si cabe a nosotros, los jóvenes. Es normal el miedo de las generaciones que nos han criado hacia el perder los pies en la Tierra, la revolución digital ha puesto al mundo del revés.

Hemos vivido años difíciles en este aspecto. Años de mucho ataque, de prohibicionismo, de castigo hacia el mero hecho de ser alguien que disfruta de la Fiesta. Pero noto cambios, últimamente la inseguridad del pregonar que eres taurino se está desvaneciendo, se está yendo el miedo.

También es cierto que el respeto siempre ha sido mayor de dentro hacia afuera de la Fiesta que de fuera hacia adentro. El respeto es un valor que prima en ella con respecto al resto de la sociedad, afortunadamente.

Luego nos tachan de no tener corazón, de ser unos violentos, y de mil mentiras más, cuando es todo lo contrario.

En estos últimos años se está viviendo una regeneración dentro de la Fiesta en muchos de sus aspectos. ¿Cómo ves el panorama?

De cinco años para acá, hay una muy buena cantidad de toreros jóvenes que se están abriendo paso de entre los demás, a base de funcionar y mover al aficionado, llenando plazas allá por donde van, lo cual es un refresco para el mundo del toro. Sin duda estamos viviendo un relevo generacional muy ilusionante, y a esto hay que sumarle a toreros con una edad de alternativa que están sorprendiendo gratamente, como Urdiales, Ureña… que han estado siempre ahí y ahora brillan más que nunca.

¿De qué conceptos te impregnas para hacer tu arte? Hablando taurinamente o no.

Taurinamente, el ver a mi padre me hizo beber de lo que nunca pasa de moda, que es lo que a mí realmente me llena como torero. La pureza y la naturalidad son mis metas, aquello que he intentado plasmar siempre que he podido con el toro delante.

Francisco de Manuel

Es muy grande el vivir cómo la pureza de nuevo se está poniendo en alza frente a lo que venía detrás, que estaba entrando en bucle. Pasando a otra cuestión, ¿cuál es tu relación con el miedo? ¿Cómo vives con él?

Se pasa mal con la incertidumbre del no saber qué va a pasar. La preparación te da cierta base en cuanto a tranquilidad, pero uno es totalmente consciente de que hay otros muchos factores que condicionan al torero. El miedo al toro, desde luego, siempre está ahí. No es que dé miedo el torear, para mí, pero sí que está el miedo a que te pase algo, y más teniendo a las espaldas a gente que me quiere. Pero incluso en esas, recuerdo aquello de que “no existe valor sin el miedo”, lo que me recuerda que el miedo es totalmente necesario, ya que complementa al torero, lo mentaliza en la superación y el romper barreras. Te hace mejor. Y cuando te salen las cosas, todo se hace aún más gratificante.

El toro, cuando lo tienes delante, es la personificación de la muerte. Pero a la vez, igualmente representa a la vida. Lo mismo te lo da que te lo quita todo. ¿Qué te dicen cuando las ves frente a ti?

En esto, hay que pagar muchos peajes a lo largo del camino. Es realmente duro, hay que ser muy sacrificado. A veces no somos plenamente conscientes de que nos podemos ir de un momento a otro. El torero no puede permitirse engañar a nadie, tiene que jugarse la vida. Solo así se alcanza el triunfo.

Decía Belmonte que para torear de verdad hay que olvidarse del cuerpo. En algunas ocasiones, con el de los marfiles, uno puede llegar a olvidarse de todo cuanto le rodea, reuniéndose plenamente consigo mismo. ¿Has llegado a experimentar el abandono total y absoluto toreando en alguna ocasión? ¿Cómo y cuándo fue?

Recuerdo dos momentos así en mi vida. Me pasó una vez en la plaza, concretamente en Arganda del Rey, donde acabé como triunfador de la Feria allá por 2018. Soy de allí, y me salió el que posiblemente sea el mejor novillo que he podido cuajar en los años que tengo de vida, era de Fernando Peña. Fue magia, me teletransportó a otro mundo a pesar del ruido que había en los tendidos. Me evadí completamente del mundo, centrándome en disfrutar y en expresar lo que sentía. Ha sido uno de los momentos que más me han llenado a mí personalmente.

Eso no se olvida en la vida. ¿Y el otro?

Estábamos tres amigos y yo. Ocurrió en la finca de uno de ellos. Estábamos echando la noche, disfrutando, pasándolo bien. En la finca hay ganado bravo, y nos dijimos: ¿por qué no toreamos algo? Y tal cual, con la Luna llena en el cielo, en medio de un corral prácticamente a oscuras, apartamos a un becerro, y aquello fue… se me ponen los pelos de punta. El poder expresarme, en esta ocasión, sólo para mí, y para mis tres amigos, fue algo muy pero que muy grande. Si yo al día siguiente no me hubiera despertado, habría muerto feliz, lleno. La vida a veces, a través del toro, te regala cosas así.

De momentos así vive el torero.

No sólo se vive del triunfo, del reconocimiento. Se vive de llenarse con cada pequeña cosa: un tentadero, disfrutar con tus amigos, del tener una conversación tal y como esta… todo cuanto le hace a uno feliz. Eso es lo que realmente te llena, además de lo que tomas como recompensa tras vivir la presión de los tendidos.

Un cinco de julio de hace tres años, toreabas en Pamplona la novillada de Pincha, en el día de tu dieciocho cumpleaños. Hay quien los celebra tomándose un cubata. Tú los celebraste saliendo por la puerta grande de la plaza de San Fermín. ¿Qué viviste?

Fue impresionante. El momento llegó en mi segundo novillo. No fue una faena muy destacada para mí en lo artístico, pero me entregué en cuerpo y alma. El ver que la gente estaba conmigo aunque yo sólo estaba empezando fue mi regalo ese día. Esa tarde no se irá nunca de mi memoria. Ojalá se acuerden de mí y pueda volver a Pamplona, ahora como matador, para repetir en triunfo.

Tiene que ser duro el triunfar en alguna plaza para que luego las empresas se olviden de ti. ¿Te ha pasado alguna vez?

Debido a que he estado en torno a tres años toreando como novillero con caballos, por desgracia, he tenido que vivir alguna situación por el estilo. Duele mucho, causa una gran impotencia el sentir que algo es tuyo y no te lo dan, es algo que no gusta a nadie ni mucho menos. Pero puedes utilizarlo para crecer.

Y por tu aún posición como novillero, ¿has pasado por, por ejemplo, tener que pagar por torear, en algún caso?

Gracias a Dios, todo lo que he toreado lo he podido hacer según marcan las leyes, por medio de contrato y cobrando mi parte correspondiente. Puedo presumir de que todo quien ha formado parte de mi cuadrilla ha cobrado lo que le correspondía igualmente, hasta el último céntimo. Ha sido así durante toda mi carrera y así será. Para lo contrario, mejor me quedo en casa. Me da mucha pena, sin embargo, ver a los compañeros que, sin otra opción, se ven en la tesitura de decidir hacer túnel, porque al fin y al cabo, son personas que se están jugando la vida en favor del arte. Es muy bonito torear, es lo que todos queremos, pero esto no se puede hacer de cualquier manera. Tanto yo, como mis compañeros de escalafón, así como matadores, banderilleros, picadores, mozos de espadas… todos tenemos una familia a la que dar de comer y ayudar con lo que ganamos. Es denigrante que los empresarios permitan esto.

Es una auténtica pena. Nadie tendría que pasar por algo así al anunciarse en ninguna plaza. Pero aun así, llegar a ser torero es un camino caro en alma. También en bolsillo, por desgracia.

Más aún cuando vienes, como es mi caso, de una familia humilde. Sabe Dios lo que le duele a uno cuando se le rompe un capote o una muleta… se pasa mal (ríen). Aún así, y doy gracias por ello, nunca me ha faltado de nada, gracias a mis padres. Se sufre en ocasiones, cuando ves cómo tienes a personas respaldándote en lo emocional y en lo económico, y las cosas no salen como esperas. Por eso, hay que vivir con el cuchillo entre los dientes, cada día. Solo así conviertes el sufrimiento en alegría, a través del esfuerzo.

Francisco de Manuel

Para el aficionado, una de sus principales preocupaciones es la supremacía del monoencaste en los carteles. ¿Piensas que las figuras deberían de ejercer como tales y matar todo tipo de encastes? Antiguamente así era.

Un torero que es figura tiene que tener la capacidad de adaptar su toreo a todo tipo de encastes. Y mostrar solvencia con ellos. Puede que unos lo pongan más fácil que otros de cara a que hagan el toreo que les llena, pero hay que matar de todo. Así se demuestra que una figura es figura.

También es cierto que, igual que en otros aspectos hemos progresado, aquí más parece que damos pasos hacia atrás. Es verdad que antes el planteamiento de lidia y faena era otro, y ahí cabían muchos más hierros y encastes. El aficionado, por eso, lo pedía y exigía sin tapujo y a boca llena. Hay cierto hermetismo de cara a la apertura en hierros.

Está claro que se echa en falta que se hagan cosas diferentes, otro tipo de carteles, más diversos. Puede que casi todos los que hoy son figuras hayan hecho alguna que otra gesta, pero últimamente parecía que se estaba perdiendo. Morante, por ejemplo, si termina de cumplir con la temporada que está planteando, va a servir como espejo y revulsivo para el escalafón. Costando a veces el ver una plaza llena incluso con figuras, carteles como en los que él está anunciándose hacen que las plazas se abarroten, volviendo la ilusión a la gente. Todo esto gusta y hace falta.

Antes hablábamos de tu padre, o de El Juli, como espejos contemporáneos a ti. Históricamente hablando, ¿a qué toreros admiras? Incluso aunque no hayas visto más que algún vídeo.

Me gusta mucho fijarme en todo tipo de toreros, porque al fin y al cabo de cada uno se aprende algo distinto. A lo largo de la historia, me han impactado varios. Manolete, por su contundencia; la capacidad inmensa de Joselito el Gallo; el elegante poderío de Antonio Ordóñez; la clase de Jose María Manzanares padre; el clasicismo de Camino y de Romero, que siempre me ha vuelto loco… actualmente hay varios en quienes me fijo. El Juli, como ya hablábamos, Morante, Roca Rey, Curro Díaz, Fortes… todos ellos me inspiran y me gusta verles.

¿Tu inspiración bebe de artes distintas al toreo? ¿De dónde vienen tus musas?

Me encanta la música, escucho un poco de todo. Cuando tengo oportunidad, visito exposiciones, también me llama mucho la pintura. Hace poco por ejemplo fui a ver la exposición de Van Gogh en el Círculo de Bellas Artes, me gustó bastante. El grafiti me gusta, Banksy es una leyenda del arte urbano.

Francisco de Manuel

Profundicemos en música. ¿Qué suena en tus cascos normalmente?

Lo dicho, me gusta ser muy diverso. El pop español lo disfruto también. También, cómo no, el Flamenco me llena.

 ¿Un cantaor?

Camarón fue un genio. Siempre me gustó Manuel Molina.

¿Más géneros?

El rock siempre me ha llamado mucho. Aerosmith es mi grupo favorito. En España, suelo escuchar también algún que otro grupo, como Rulo y la Contrabanda. Taburete también es de mis habituales, de hecho, les pude brindar un novillo en Madrid. Me han invitado a un par de conciertos y me lo he pasado de lujo. Hay quien dice que el rock es un género que poco tiene que ver con la Fiesta. Vale, no es tan habitual verlo junto, pero no estoy ni mucho menos de acuerdo. Hay que ser distinto y abrirse a relacionar artes, eso nos hará más grandes. No todo puede ser Flamenco. Tenemos que hacer que haya quien se interese por lo nuestro, que es de todos.

Y hay quien está haciendo cosas así, creando puentes. Talavante por ejemplo es muy amigo de Arce.

Que por cierto, me encanta, es de mis raperos favoritos. Una experiencia muy divertida que pude vivir hace no mucho ocurrió en la finca de Flor de Jara, cuando Aerosmith vino a tocar a Madrid. Joe Perry, el guitarrista, estuvo allí con nosotros, visitando la ganadería, comiendo, tentando luego. Nos invitaron luego a su concierto, hasta nos dedicaron algún bolo (ríen).

Y no sólo artistas de esas generaciones, no dejan de salir otros más jóvenes que se interesan y beben de lo nuestro. Rosalía, C.Tangana…

Ahora mismo vivimos una transición, en la que mucha gente se está interesando por la Fiesta gracias a artistas como ellos, gracias a gente de nuestra generación. Ahora mismo estamos viviendo una época crucial para el mundo del toro, y hay que mirar por los jóvenes.

Pena que no tantos empresarios miren por nosotros. Se echan en falta iniciativas como las novilladas de promoción que se dan en plazas como Sevilla. Muchos amigos míos que hoy son grandes aficionados empezaron allí. No me extraña, si puedes ir a los toros por diez o doce euros. Y en verano, eso sí, por la noche.

Yo mismo las toreé. Hay un ambientazo increíble, no sólo en Sevilla, también en plazas como Madrid, en las que luego puedes tomar algo y rematas la faena. Y todo siendo muy económico, que eso hace mucha falta.

Con precios así, la Fiesta se hace grande. El siglo pasado, así era, y había un sitio en la plaza para cada quien. Que puede que el mismísimo Orson Welles estuviese en barrera de sombra, pero el currante que se la pasó meses ahorrando tenía también su abono. Esto tiene que ser del pueblo, de todos sus estamentos sociales. Desde del rey hasta del pobre. Tampoco podemos permitir que esto se cierre a una ideología, nunca ha sido así.

Totalmente, esto es de todos. Que aquí cabemos todos: rockeros, flamencos, de izquierdas, de derechas… no importa.

De eso no cabe duda alguna. Quien diga lo contrario, no nos conoce. Gloria eterna a la verdad.

 

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