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Un faenón de Morante de dos orejas en Madrid, Bilbao, Sevilla y… Por supuesto, Valladolid

Foto: @InfoTomasRufo

Alto y basto de hechuras, pero agradable por delante, Morante recibió al cuarto con lances añejos, rodilla en tierra, torerísimos, para después cuajarlo a la verónica y por chicuelinas en un largo recibo capote el que culminó con una media, superior. A la verónica también el quite, igualmente sabroso. Toro definido y superclase, aunque terminó amagando con rajarse, Morante lo vio claro y brindó al público para torear en una estampa de otra época con preciosos ayudados a dos manos rodilla en tierra de nuevo. Primoroso. Luego, la faena tuvo muletazos bellísimos y caros de verdad de toreo fundamental. Los naturales, echando los vuelos de la muleta y enganchando la embestida al ralentí hasta detrás de la cadera, mayúsculos. Todo muy ligado y muy reunido. Los remates, marca de la casa, pura orfebrería. Terminó con acompasados molinetes, con el toro amagando con rajarse, y un pase de pecho larguísimo. Se volcó sobre el morrillo y dejó una estocada desprendida, que fue suficiente. Se le pidieron los dos trofeos, pero otro palco con afán de protagonismo, dejó el balance en una oreja. Incomprensible, de dos, en cualquier lado.

Rompió plaza un toro de Domingo Hernández, herrado con el pial de Garcigrande, largo y ensillado, al que Morante pegó algún lance suelto a la verónica de buen corte, aunque el toro le apretó para dentro y no pudo rematarlo. Fue un animal parado tras los dos puyazos, que no pasaba en las telas y esperó mucho en banderillas, lo que obligó a cambiar el tercio con tres farpas. Sin embroque en la muleta, Morante no pasó de probaturas, pues no pudo pegarle un solo muletazo. Tras cuatro pinchazos, la media, en buen sitio, fue suficiente.

 

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