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Un futuro incierto

 

Así como el futuro de la tauromaquia en Colombia se está jugando actualmente en las altas cámaras del Estado, en la arena de Cañaveralejo se citaron los nombres llamados a ser el futuro práctico del toreo en el país. Y, lo cierto, es que la sensación final es que no hay nada sólido que nos permita pensar en un mañana prometedor.

Es verdad que la exigencia con los nóveles no debe ser mayor y que cargarles el peso de una responsabilidad así es injusto, pero es inevitable que, dada la situación, todos estemos deseando ver la aparición de una especie de mesías que, evidentemente, no vimos hoy.

 

Hay que destacar, eso sí, las buenas maneras de Juan Dinastía, evidenciadas sobre todo a la verónica con el cuarto, cuando soltó las muñecas con suavidad cadenciosa en cuatro lances de seda. Después dejó también algún muletazo de mérito, aunque no consiguió redondear su faena pues el novillo, pegajoso y revoltoso, le terminó tocando demasiado las telas. Con el primero poco pudo hacer, más que porfía con el rajado para demostrar su voluntad.

También cabe el elogio en las ganas de Anderson Sánchez, quien no escatimó en arrojo para echarse de rodillas e intentar poner al público de su parte con una lidia heterodoxa. En sus manos cayó el mejor lote: un sobresaliente segundo, por noble, alegre y repetidor, y el obediente quinto, necesitó una muleta más poderosa para sacar a relucir otras virtudes. Con el segundo se puso, quiso y lo intentó con esmero, aunque se vio superado por las virtudes de un animal que puso toda la intensidad que hacía falta para que el tendido vibrar a con la fuerza suficiente para que, tras una efectiva espada, se le consediera al novillero una oreja al novillero. Y, con el quinto, quiso repetir la fórmula, pero el novillo le pidió un mando que Sánchez no encontró para gobernar y pulir los muletazos. Sin embargo, al novillero le pareció prudente darse una vuelta al ruedo después de una espada tan perpendicular y delantera como efectiva.

Así las cosas, los ojos se centraban en el debutante, un Felipe Miguel que bastante hizo con salvar la papeleta con dignidad. El tercero, que arreó violento, soltando la cara y revolviéndose sin humillar no se lo puso fácil, pero el bogotano tragó, aguantó el envite y lo pasó con más pundonor que técnica y estética. Y con el sexto, parado como un mueble, tuvo que poner más, intentarlo todo para robar algún muletazo de valor. A ambos los mató bien, pero está claro que necesita torear mucho más.

 

RESEÑA

Plaza de toros de Cañaveralejo de Cali (Colombia) Colombia. Primera de la Feria del Señor de los Cristales. Un cuarto de plaza. Novillos de Paispamba, desiguales en su justa presentación. Más y mejor hecho fue el cuarto. En general, de juego potable. El mejor fue el alegre, pronto y noble segundo. Engañó el bravucón y violento tercero. Los peores fueron el manso y rajado primero y el parado sexto.

Juan Gómez «Dinastía» (marino y oro), silencio tras aviso y silencio.

Anderson Sánchez (azul y oro), oreja y vuelta por su cuenta.

Felipe Miguel Negret (celeste y oro), que debutó con picadores, silencio y silencio.

 

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