Evolución del tercio de banderillas

El tercio de banderillas es el segundo de los tres que componen la lidia, y se ejecuta a continuación del tercio de varas. Esta parte, desempeñada por los banderilleros o el propio matador, tiene por finalidad avivar o reanimar al toro ya que el agudo dolor del arponcillo los excita y aviva sin restarle fortaleza.

A diferencia de la actualidad, antes las banderillas se colocaban de una en una, llevando el banderillero el avivador en una mano y mientras que la otra la tenía ocupada con un capote que usaba para defenderse. A finales del siglo XVIII será cuando se comienza a clavar en pares, tal y como sucede hoy en día.

Mientras otros tercios y suertes han decaído, el de banderillas se ha refinado notablemente. Esto se debe a las mejoras introducidas por toreros como Rafael Molina “Lagartijo”Rafael Guerra “Guerrita” entre otros, y a la costumbre (hoy venida a menos) de que los matadores tomen los palos si el público lo desea.

Lagartijo banderillas
Rafael Molina “Lagartijo” banderilleando

En la antigua Tauromaquia, era habitual la utilización de perros de presa para sujetar y rendir los toros que por su mansedumbre, no recibían al menos, tres varas de castigo. Solían soltarse de tres en tres, renovándose los incapacitados, hasta que conseguían sujetar la res y poder darle su muerte. El 9 de septiembre de 1860, en Barcelona, por orden de la autoridad quedaron suprimidos los perros y, en su lugar, se ocuparon banderillas de fuego. Esta variedad, estaba revestidas de petardos que estallaban en el instante que se le clavaban al astado. Finalmente, este tipo de castigos fueron anulados en el primer tercio del siglo XX, por Real Decreto de 13 de junio de 1928. En 1978, el empresario Agustín García Calleja propuso rehabilitar el fogueo a los toros cuando se inculpara su mansedumbre, ya que en su opinión y en la de muchos aficionados, el uso de las banderillas negras resultaba ineficaz para reavivar a los toros. Finalmente esta propuesta nunca se retomó.

banderillas de fuego

Más adelante, para castigar a los toros que no pudieron ser correctamente picados por su condición de mansos, se procedió a la sustitución de las banderillas de fuego por las denominadas banderillas negras. Estas cuentan con un arpón de 8 cm de largo y seis milímetros de ancho, siendo su principal objetivo el de sustituir la suerte de varas. Su colocación, que no es muy habitual, la ordenará el presidente, que sacará un pañuelo de color rojo al cambiar del tercio de varas a este. El 31 de mayo de 2016 en plaza de toros de Las Ventas, el toro Cazarrata de Saltillo, lidiado por Sánchez Vara, fue condenado a banderillas negras.

banderillas negras

La forma más habitual de colocar las banderillas al cuarteo: el banderillero arranca cuarteando siguiendo una curva sobre el ruedo, avanzando hacia el toro y una vez reunidos ambos y saca las manos de abajo para clavar el par por delante, saliendo apoyado en los palos.

par al cuarteo

Pero existen otras muchas distintas formas de parear, como al quiebro, muy habitual en los diestros Rafael Molina “Lagartijo”, Rafael Guerra “Guerrita” y Antonio Fuentes. En ella, el coleta se sitúa frente al toro, ya sea en las tablas o en los medios, y provoca la arrancada de este, esperándolo de manera firme con los pies juntos. Momentos antes del embroque sacará el pie e inclinará el cuerpo hacia el lado por donde quiere que pase su oponente, justo cuando este humille, el coleta recuperará su posición natural y para clavar los palos.

quiebro banderillas escribano

Entre otros muchos pares también se encuentran el que se realiza al recorte, así como al sesgo, o al relance, también a toro corrido o a la media vuelta, y el par al violín o la moviola.

Por suerte el tercio de banderillas al igual que los demás, ha evolucionado en beneficio de la fiesta, y a día de hoy podemos seguir disfrutándolo.

Rocío Serranopage3image13306496

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