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Escribió con letras de oro su nombre en la Plaza México, Antonio Ferrera

Fue un ferviente día de fiesta en la ciudad de México, en honor de la Virgen Morena, y en la plaza de toros la corrida Guadalupana, con un entradón de cerca de 35,000 personas.

Se lidiaron toros de las ganaderías de Fernando de la Mora y de Bernaldo de Quirós, de muy buena presencia todos y con juego desigual, mereciendo el honor de una vuelta al ruedo a los restos del quinto de la tarde, de Bernaldo de Quirós, siendo ya parte de la historia de la Plaza México, al haber sido parte de una obra inconmensurable del diestro hispano Antonio Ferrera.

Y sí, un episodio histórico el que ha provocado el extremeño Ferrera al convertir en un volcán en erupción los tendidos y el ruedo del gran coso mexicano con una faena explosiva y artística que ha conmovido a todos los aficionados. Fue con el quinto bis de la tarde, de nombre “Ayate”, sustituto de un astado que no veía bien y que fue regresado a los corrales. Y desde el mismo momento en que apareció en el ruedo causó expectación al saltar al callejón. Regresó al ruedo para que Antonio lo lanceará con gravidez a la verónica. Y cuando los picadores aparecieron en la puerta, súbitamente el torero pidió montarse en el caballo de pica para ser él mismo quien ejecutará la suerte de varas. Lo hizo con señorío y pidiendo que le dejarán al toro de largo, desde donde se arrancó el burel y le asestó un magnifico puyazo el torero ante la incredulidad del público. Al bajar de la cabalgadura fue por las banderillas y colocó 3 pares soberbios, colosales, haciendo explotar el alarido de los asistentes, brindando su ejecución al maestro del toreo Vicente Ruiz “El Soro”.

Con la muleta se postró de hinojos para iniciar su faena y luego se dio a torear al natural con esencia artística y gran reposo, con escenas propias de cartel. Así continuó entre el arte y la conmoción del espectáculo, adornándose con emoción sublime y trazos de emancipación anímica,  hasta liarse a matar a gran distancia del toro, cuando la gente pedía el indulto del magnífico astado, pero el grandioso matador, no esperó y se fue acercando al morrillo del toro para dejarle un estoconazo hasta la empuñadura desatando la apoteosis universal en la plaza. Ante el delirio popular se anuncia el honor de la vuelta al ruedo para el toro, e increíblemente dos orejas para semejante torero, quien de sobra y por añadidura merecía el premio de las orejas y el rabo. ¡Vaya insensatez!, pero la colosal faena ahí quedó y para siempre.

Con su primero Antonio Ferrera estuvo artista y particular con el capote, con el sello que lo caracteriza, pero el toro no se entregaba, era de corto recorrido, sin humillar y no se prestó para el lucimiento del torero. Mató de estocada desprendida y escuchó aplausos.

Diego Silveti regresó al albero capitalino mostrando una gran madurez. Desde el primer tercio cuando recogió con clasicismo las embestidas de su toro y se dio a quitar por gaoneras, muy ajustado. Con la franela inició con un cambiado por la espalda para luego llevar embebido al toro por el lado derecho con muletazos a media altura. Realizó una faena sobria y aseada, de buen gusto y con valor. La remató con una estocada recibiendo y un descabello y a pesar de haber escuchado un aviso por el tiempo transcurrido, cortó con gran fuerza la oreja de su astado.

Con su segundo Diego estuvo en artista, logrando arrancarle al burel bellos muletazos, pero como el toro parecía estar lastimado de los cuartos traseros y tenía muy poca fuerza y nula transmisión, tuvo que conformarse por recibir aplausos del público en merecimiento a su empeñosa labor.

Tomó la alternativa en tan significativa tarde el queretano Diego San Román, quien se mostró los merecimientos necesarios para semejante acontecimiento. Con su primero veroniqueó con solvencia y quitó con vistosidad por chicuelinas. Con la muleta toreó con buen gusto y personalidad. Habría cortado la oreja al  toro de la ceremonia de alternativa, pero la espada con descabello se lo impidió. Saludó desde el tercio con todo merecimiento.

Con el que cerró plaza volvió a lucir a la verónica y por chicuelinas. En el tercer tercio ejecutó dos cambios por la espalda para luego darse a torear por el lado derecho con sobriedad, valor y temple. Se pegó un arrimón de señor torero, con la convicción de quien apenas inicia pero está convencido de lo que quiere. Mató de estocada y cortó merecidísima oreja.

Morante de la Puebla no tuvo suerte. Sin embargo a pesar de las malas características de sus toros regaló momentos sublimes de su tauromaquia divina. Dos verónicas en su primero y muletazos por la derecha con su segundo, valieron el verle anunciado. Con su primero se puso pesado con la espada y escuchó  pitos y con su segundo,  fue silenciado.

En el tercio de banderillas del cuarto de la tarde, resultó con fractura del dedo meñique y puntazo interno el subalterno Juan Ramón Saldaña al ser cogido cuando se metía al burladero después de colocar el primer par.

Final feliz, muy feliz de la corrida Guadalupana con la estridente salida en hombros por la Puerta Grande de Antonio Ferrera.

RESEÑA

Domingo 12 de diciembre de 2021. Plaza de toros La México (México). 8 Toros 8, de Quirós y de La Mora para Antonio Ferrera, ovación y 2 orejas; Morante de la Puebla, pitos y silencio; Diego Silveti, oreja y silencio y Diego San Román, que tomaba la alternativa, ovación y silencio.

Incidencias: Antonio Ferrera salió por la Puerta Grande.

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