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Emilio de Justo: «Llegué a pensar en quitarme. Mi pasión por torear me hizo seguir»

Todos sufrimos. Y todos tenemos algo que decir. Lo más grande a lo que aspira el ser humano es a dejar un legado, y a ser feliz en vida. Nadie dijo que fuera fácil. Cicatrices. Nacen y nos hacen sangrar mientras duran vivas, matándonos un poquito mientras respiran. Más que morir, se hacen uno con nosotros cuando lo único que queda es un río grabado a fuego en la piel. Se puede ser feliz tras la tormenta. Y se puede dejar legado en vida.

Cada vez más, figura del toreo. Radiante triunfador en Sevilla, ayer mismo cortaba dos orejas a los de Victorino, saliendo a hombros. Por si sus ojos no se posaron sobre el coloso de marfil que tallaron sus muñecas, déjenme decirles que jamás he visto tal suavidad en el cite con la tela. Apabullante. Complicado, muy complicado de escribir y describir.

Por si fuera poco, también sale a hombros de Las Ventas el pasado julio. Arles, Salamanca, Dax, Santander, Badajoz, Sanlúcar… ¿hace falta seguir? Mas las que me faltan. Y todo ello con la Cruz en la espalda. Cualquiera que sepa leer lo puede ver en todas las plazas, y no es de extrañar, por el momento que atraviesa. Y no, no vamos a tirar por la típica. El camino está en la cabeza de cada uno. Y queremos conocer su camino. El camino de Emilio De Justo.

Me gustaría que esto empezase por Madrid. Más concretamente, en la Plaza de Toros de Las Ventas, en torno a la cual gira tu historia. Allí donde decidiste entregar tu vida al Toro. Allí donde todo lo perdiste en tres avisos. Allí donde te alzaste sobre la arena, el ladrillo y el cemento, años más tarde. ¿Qué es en ti Madrid?

A todos los toreros, Madrid da y quita. Absolutamente todo. Es el examen definitivo para el que se viste de luces, todas las tardes. Que a un torero le salgan bien las cosas allí es lo más bonito que le puede pasar. Pero por otra parte en ella, cuando no salen las cosas, y va todo al revés, la tristeza duele, ya que son muchas horas dedicadas, muchas noches sin dormir las que uno vive hasta llegar allí. Madrid me exige en cada tarde jugarme la vida a carta cabal, y nunca es fácil verse al cien por cien para ella. Me pide la máxima entrega, la máxima verdad. Ni a mí ni a ninguno de mis compañeros se nos quita de la cabeza. Es por ello que lo es prácticamente todo para uno.

No me gusta lo usual. Es por ello que más que empezar preguntándote por la temporada, por los desafíos que puede que te plantee lo que queda de ella, o cualquiera de las cuestiones habituales, preferiría irme al kit de la cuestión, a la plena noche. Allí donde empezó a brillar por doler tu adentro. Madrid, Las Ventas, 16 de mayo de 2010. Te suenan los tres avisos ante un toro de Los Bayones. No quiero preguntarte por los detalles de la tarde, cualquiera que quiera puede informarse acerca de ella. Me gustaría saber, ¿cómo fue el “duelo” tras sentir el dolor más profundo? Es decir, ¿cómo saliste de la plaza? ¿Cómo afrontaste la vida una vez caída esa noche?

Imagínate. Fue todo muy oscuro. Algo así como estar encerrado en casa en una tarde de invierno, diluvio y frío, en la que no puedes salir. Me invadió la tristeza. Lo vi todo imposible, especialmente desde la mañana siguiente. Ahí fue cuando realmente tomé conciencia de lo difícil que es esto. Me arrolló la idea de no estar lo suficientemente preparado para esto, ya ni tan siquiera entrando en el aspirar a figura del toreo, más bien pensando en que no servía ni para funcionar medianamente. Llegué a pensar en quitarme y ganarme la vida con cualquier otra cosa. Me pesó horrores. Todo fue para mí muy desagradable. Pero a día de hoy, volvería a andar ese camino, estoy contento.

Supongo que te sirvió.

Muchísimo. Forma parte de mi vida, forma parte de quien soy. Y me siento muy orgulloso de ello, y no tengo miedo ni ganas de esconderlo o taparlo. Soy persona, con mis luces y con mis sombras. Soy yo.

Las heridas que portamos componen nuestra persona.

Sí. Esa es mi historia, todos tenemos la nuestra. No hay que hacer por querer borrarla. Yo gracias a Dios pude cambiar el devenir de la misma, darle la vuelta por completo. Cambié una moneda que valía cero, y empecé desde ahí.

No tuvo que ser fácil cambiar la perspectiva mental que tenías acerca de tu situación en aquel momento, sobre todo por todos los sentimientos involucrados. ¿En qué te apoyaste para empezar a levantarte sobre el abismo?

Siempre he tenido mucha afición. Mi pasión es torear. Eso me ayudó a seguir, pero había que ser realista. En aquel momento estaba todo cuesta arriba. Justamente cuatro o cinco días después, volví a torear de salón, retomando entrenamientos con un gran amigo mío, Guerrita Chico, matador de toros colombiano, en Madrid. Me veía en la necesidad de coger los trastos para ahogar de alguna forma las nubes negras que me rondaban la cabeza. Hablaba con mis compañeros, les contaba que lo que creía mejor era quitarme, que estaba perdiendo el tiempo (tenía ya 27 años). Que tenía que buscarme otros medios para ganarme el pan e igualmente llevarlo a casa, empezar a ayudar a mi familia como ellos me ayudaron a mí. En esa misma conversación, Guerrita me propuso viajar a Colombia para torear un par de corridas o tres en el agosto que estaba por venir.

¿Cómo sentiste que lo necesitabas?

Me sonó grande, nunca antes había estado en Sudamérica de hecho. Tiré para allá. Necesitaba vivir experiencias nuevas, cambiar de aires. Ir para Colombia fue un “por qué no”. Si salía bien me serviría y si no me veía bien, tendría que emprender la retirada, pero no me iba a quedar sin vivirlo. Allí me sentí bien por primera vez desde lo de Madrid. Indulté a un toro en mi primer compromiso allí, corté las orejas en los siguientes, y sentí al toro y al público de nuevo conmigo. Me dio oxígeno para seguir caminando. Volví a España, y me llamaron para regresar en enero, anunciándome en unas cuantas ferias de la zona. Para mí fue clave para no perder la ilusión, y no quedarme parado. No fue fácil el camino, eso nunca, y tampoco desde ahí. Quedaban todavía años. Pero volví a creer en mí.

Más que la sombra, que ya de por sí duele, se te castigó con la indiferencia.

 Es normal. Cuando la gente ve que un torero está muy verde, estas cosas están dentro de lo que puede pasar. No he sido el único, a muchísimos compañeros les ha ocurrido como me ocurrió a mí.

¿Te atacó la soledad, o te ataca a veces?

Siempre he sido una persona muy solitaria, a lo largo de toda mi vida. Paso mucho tiempo solo. Me siento a gusto así. Es lo que mejor me hace para ordenar mi mente, conocerme a mí mismo, saber qué es lo que quiero. Esa soledad que yo busco es crucial en mi vida de torero, de cara a cada compromiso. Es duro, pero me hace sentirme orgulloso de ser capaz de sobrellevar todo peso sobre los hombros.

¿Cuál es el ejercicio mental que llevas a cabo en esos momentos?

Primero, intento mantener el máximo contacto posible con la realidad. Me pongo mucho en situaciones que estén por venir, mirando por lo que me pueda encontrar, sobre todo por el lado de la dureza. Intento a la vez llevar la mente muy preparada para esos momentos, para que nada me sorprenda para mal. Hablando pronto, me pongo en lo peor, para que luego pueda afrontar las adversidades más complicadas cuando se plantean en la práctica. Esto es muy complicado de hacer, pero poco a poco te vas dando cuenta de que eres capaz de conseguirlo.

No tiene que ser nada fácil, desde luego. Principalmente por la parte del esfuerzo. No quiero ser generalista porque sería muy utópico e injusto con mucha gente, pero las nuevas generaciones estamos en cierto desarraigo con lo que es el verdadero esfuerzo, por tener al alcance de la mano tantas cosas sin complicación alguna. Rendirse con muchas de las luchas que nos plantea el día a día, mirando para otro lado, puede ser un factor común a muchos de nosotros. Nos hacen falta, sin saberlo, espejos como lo sois los toreros, que superan la adversidad.

Taurinamente hablando, esto no sólo se trata de prepararse para pegarle veinte muletazos a un toro, esto no es sólo arte, inspiración y pellizco, que también lo es (y puede llegar a ser una obra de arte de una belleza tremenda), pero ni mucho menos es sólo eso. El toreo, como la vida, te plantea momentos de muchísima dureza, no sólo viniendo del dolor, el miedo o la muerte, también de la presión y la exigencia. Si quieres ser capaz de afrontar situaciones duras, tienes que preparar tu mente para ello. No es todo bonito. Cuando todo se pone oscuro, hay que hacerse capaz de salir del lodo en el que uno se encuentra. Y como ejemplos, volviendo al toro, están las figuras del toreo que han llegado a consagrarse verdaderamente como tal, siendo capaces de navegar en esas aguas.

Y además plantándole cara a la muerte.

Y no sólo eso. También plantándole cara a la adversidad. A la vida.

En lo artístico y en lo personal, aun siendo difícil de abarcarlo con palabras, ¿qué es para ti torear?

Para mí torear lo es todo. A pesar de dedicar mi vida plenamente a ello, no sería capaz de describir qué es torear usando las palabras. Es demasiado profundo. Pero para mí es olvidarte del cuerpo, del mundo. De la mente, de la vida. Acordarte sólo del alma, y ponerla delante del toro. Y expresarte tal y como eres. En el mismo momento, espontáneamente, eso es lo que transmite de verdad. Cuando todo se vuelve predecible, es complicado que tome sentido. Sólo poniendo tu alma, tu verdad, y tu vida por delante, el toreo alcanza realmente la grandeza que sólo él abarca.

¿Ha sido el toreo tu refugio?

Sí. El toreo es lo que me ha hecho ser feliz en esta vida. Incluso cuando estaba atravesando un mal momento, una mala situación en lo taurino, también era feliz, porque al menos la ilusión seguía viva. Seguía peleando por algo, seguía soñando. Cuando vives ilusionado, eres feliz en el intento.

Se dice que cuando estás enamorado de algo, no se es en la meta, sino en el camino.

 Al menos yo y en general los toreros disfrutamos muchísimo la preparación, el camino a las grandes tardes. Ahí esos objetivos se hacen eternos, y si los cumples, sumas, pero pasan. La motivación que uno siente en el camino es muy bonita.

¿Cuál crees que es tu relación, por una parte con el miedo, y por la otra, con la suerte?

Creo que tengo y he tenido mucha suerte, soy todo un privilegiado, por poder torear en tantas ferias, por ganarme la vida con esto, y porque la gente te tenga ilusión y ganas de verte. Con respecto al miedo, todos nos peleamos con él y todos queremos ganarle. Y a veces gana él y a veces gana quien pelea contra él. Hay tardes, como días, en los que sabes que nada ni nadie te para, y otras en las que parece que el freno de mano está echado, y que por mucho que uno quiera, algo se tuerce y uno se ve incapaz, superado. El miedo existe, pero a la vez dentro de uno es muy relativo. Esta es una profesión muy del día a día, y no todos los días te levantas igual. Se sufre muchísimo desgaste física y mentalmente, sobre todo si lo que se busca es la regularidad. Para ello tenemos el valor, que es nuestro tanque de gasolina, que como humanos que somos, de vez en cuando se agota, y no es fácil reponerlo.

¿Un torero a qué le tiene miedo?

Primeramente, y como es obvio, al toro. Por mucho que haya que tener un punto de locura para ser torero, somos conscientes de que un toro te puede quitar la vida en cualquier momento. Por desgracia, y por si a uno se le olvida, a cada cuando el toro nos lo recuerda. Eso asusta. Impresiona, y da mucho miedo, al menos a mí. Años como el 2016 y el 2017 fueron durísimos para todos los que nos vestimos de luces, con el fallecimiento de compañeros como lo fueron Víctor Barrio o Iván Fandiño. Todos salíamos a la plaza con la herida abierta, con la idea de que nos podía pasar perfectamente a cualquiera de nosotros rondándonos la cabeza sin descanso. Es muy, muy, pero que muy duro. Luego, está por otra parte el miedo con respecto a la responsabilidad, miedo a defraudar al público, a no cumplir con la expectativa. Soportar esa presión no es fácil. Cuando no salen las cosas bien, ves a quienes te siguen apenados, lo que tiene impacto en uno. Pero eso se compensa luego con las tardes en las que va todo bien. Ver feliz a la gente que me apoyó en momentos duros no tiene precio. Es mi perspectiva de esto, pero cada quién lo verá a su manera.

Desde luego, cada uno es un mundo. En algunos toreros parece como si perdieran plenamente la tensión que de primeras se sufre con el toro, aunque luego uno sea capaz de ver que eso no es así. Que como mucho, hay quien es más o menos consciente, más o menos valiente. Pero yo creo que al toro no se le pierde el miedo nunca.

 Perderle el miedo al toro es imposible.

Si te fueses ya de esta vida, ¿qué dejarías aquí?

 No soy capaz de hacer cábalas. No tendría respuesta porque es algo que prefiero no plantearme al menos de esa manera.

Prefieres el “carpe diem”, supongo.

Sí, para mí el día a día es lo que vale. Cuando uno no esté aquí, pues ya Dios dirá. Busco ser coherente, realista con la vida, e ir afrontando los retos que cada día me plantea. Busco crecer como persona, como torero. Con lo demás, será lo que tenga que ser.

¿Qué le dirías a quienes no confiaron en ti? Ya no solo después de lo de Madrid, sino en general, a lo largo de tu vida.

Les daría las gracias. Las personas que en su día pudieron criticarme, no creer en mí, lo cual es algo que es natural en el ser humano en muchas ocasiones. Criticar es muy fácil, todos lo hemos hecho alguna vez. Todos alguna vez nos hemos sentado a ver un partido de fútbol, y nos hemos enfadado con ciertos jugadores por fallar ciertas ocasiones, y los hemos criticado. Lo mismo pasa con el toreo. Es algo que siempre va a existir de una forma o de otra. A ellos, a los que no confiaron en mí, de nuevo les daría las gracias. Me sirvieron de motivación para seguir creyendo en mí mismo, proponerme con más fuerza lograr mis objetivos. Si todo fueran halagos, cosas bonitas, palmaditas en la espalda… uno se acomodaría, y se creería mejor de lo que es. Cuando te caen palos es cuando debes aprovechar para crecer.

¿Y cuál es tu objetivo en la vida?

De momento no tengo una meta como tal. Quiero ser feliz toreando, lograr los sueños que tenía de pequeño, cuando cogía la toalla para torear de salón. Miro hacia atrás y me siento muy orgulloso de lo que he conseguido hasta hoy, porque veía como imposibles cosas que al final he logrado. Ahora sin embargo veo las cosas de otra forma, y más que centrarme puramente en el futuro me centro en la rutina, que es la que me va marcando los caminos, manteniendo siempre la ilusión y la ambición, innegociables ambas, así como el amor propio. Todo se va viendo con el paso del tiempo.

Qué bonito es mirar para atrás para luego mirarse al espejo hoy. Sobre todo, para ir aprendiendo de la vida.

Luego, el balance de lo que uno haya conseguido es algo que debe de hacerse ya una vez retirado. Ya lo haré algún día, dure más o menos años. El día que ya no toree. Lo valoraré desde fuera, ya que hacer valoraciones en plena carrera es complicado y no sería acertado, ya que te puede desestabilizar, creándote hasta ansiedad. Quiero tratar de ser mejor cada día, de ser humilde, creer en mí mismo y sentirme capaz.

Entrando en actualidad. Es innegable el hecho que supone la aparición de savia fresca en los altos del escalafón, toreros a los que se les puede llamar “nuevos”, aunque algunos de ellos (como es tu caso, por ejemplo) tengan ya unos pocos años de alternativa. ¿Notas esa renovación o regeneracionismo? ¿Cómo crees que impacta?

Todo en el mundo y en la vida tiene sus ciclos, y el toreo no es menos. Es necesario, como en todo, que surjan y se levanten nuevas generaciones, en el caso de la Fiesta, más allá de las figuras del toreo que llevan tantísimos años con el meritazo que ello conlleva, al seguir tirando del carro. A día de hoy creo que somos un buen número de toreros los que estamos tratando de coger el relevo y llevar el peso de la profesión durante los años que nos toquen. Con más o menos edad, pero en los que el aficionado deposita su ilusión en ver. Que se mantenga esa ilusión que suscita la renovación en el toreo es clave.

Y más en tiempos en los que se dice que estamos en decadencia, cuando es todo lo contrario, y tenemos medios para decirlo y demostrarlo con orgullo. No viene sólo desde fuera, también hay un pesimismo instaurado casi sistemáticamente en muchas personas que han sido y son grandes aficionados, pero que ahora ven las cosas de otra forma por tanto cambio con respecto a sus tiempos, sobre todo de cara al exterior. Bien es cierto que, durante una época larga, últimamente el público ha sido el eje en aforos en torno a la Fiesta en muchos sitios. Pero a mí me da la sensación de que se está volviendo a mirar por el aficionado en muchos casos, con un gran número de iniciativas a las que puede que les quede camino, pero que se deberían de andar.

 Tenemos que hacer por mantener y cuidar esto entre todos. Entre aficionados, toreros, ganaderos, empresarios… todos. Cada uno tiene que poner lo suyo de su parte para que la Fiesta camine hacia adelante.

En tiempos en los que predominan ciertos encastes, ¿cuál es tu opinión con respecto a la diversidad de hierros en el toreo?

 Pienso que en el toreo caben muchos tipos distintos de toro, así como de torero, de plaza o de aficionado. Dentro del toro, muchos tipos de embestida y de comportamiento, muchos tipos de lidia. Yo creo que es necesario el punto de variedad en todos los aspectos, y soy partidario de ello, ahí está mi currículum. Bien es cierto que la gente exige ciertos estándares algo surrealistas en cuanto a lidias y faenas, formas de torear tan perfectas y puras que a veces no pueden ser puestas suficientemente en práctica por el animal que se tiene delante. No todos los encastes o ganaderías son acordes al estándar de exigencia.

Totalmente, la cosa realmente está en comprender las características de cada encaste y hierro y apretar en exigencias en las cualidades que cada uno presuma. Lo que depara cada cosa.

Exactamente, hay que saber juzgar. No sirve de nada anunciarse con un hierro u otro porque el aficionado lo pida si luego el aficionado no hace por comprender lo que van a pedir más concretamente esos animales. No a todos los encastes se les pueden pegar veinte muletazos por abajo, y esto no significa que no quepan, sino que no cumplen con ese estándar que se impone. No muchas ganaderías pueden cumplir con el estándar de rotundidad que el aficionado califica por buen comportamiento en la faena. Los toreros al fin y al cabo prefieren torear ese tipo de ganaderías, lo cual es comprensible, pero puede llegar a resultar monótono. También el aficionado tiene que comprender que toros bravos salen de todos los hierros y encastes, y un toro bravo siempre es exigente. Ya sea de hierro “comercial” o no.

Es cierto, independientemente del hierro, como un toro salga enrazado, bravo, y con una marcha de más, complica y exige muchísimo. Es complicado ganar la acción, por ejemplo.

Sí, al igual que estar a la altura de las profundidades y otros mil factores más. Al fin y al cabo, yo pienso que al buen aficionado es al que más hierros y toreros le caben, sabiendo disfrutar de las virtudes de cada uno en particular. Y también, el buen aficionado es el que juzga al torero en base al toro que tiene delante, lo cual es clave, no sólo para ser buen aficionado, sino para disfrutar del toreo en sí. Si vas desde casa con la faena que quieres ver, y luego el torero o el toro no te dan lo que tú quieres, ya no se disfruta. Así se vive amargado.

Con respecto al trapío de los toros, ¿qué opinas de la integridad a día de hoy? ¿Se respeta?

 Creo que hoy en día se lidia el toro más grande de la historia. También el más bravo y fiero de la historia. Y con el uso de fundas, creo que también se lidia un toro bastante astifino. Esta temporada ha sido en muchos casos el ejemplo, con numerosos percances. Se han lidiado toros de mucha edad, casi todos cinqueños. Esta temporada está siendo de mérito si se me permite por nuestra parte porque estamos afrontando tardes con toros que nos están exigiendo muchísimo. Desde mi visión de las cosas, además, todo lo que se le hace a un toro tiene muchísimo mérito, y eso no se puede pagar con ningún dinero.

Al que es torero de verdad los billetes no le importan más de lo que debe, desde luego.

Así es. La satisfacción personal es algo que nadie, por mucho que quiera o crea que pueda, puede comprar.

Siempre está en boca del aficionado tu buena fama vistiendo de luces. ¿Cómo haces para cuidar tu indumentaria, y qué importancia tiene para ti?

 Es algo que tiene vital importancia para mí. El toro tiene su liturgia y sus ritos, y no los podemos perder, ya que sería perder en esencia. Esa esencia está en los detalles. Y vestirse de torero es mucho más que eso, es algo muy serio para mí. Es casi tan importante salir bien vestido a la plaza como hacer una buena faena. Ahí se muestra también el respeto que uno le tiene a su profesión. A mí no me duele dejarme dinero en hacerme trajes o ropa para torear.

De cara a todo lo que has vivido y sufrido, ¿cómo has vivido los triunfos? ¿Y con qué te quedas después de todo?

He tenido la capacidad de digerirlo mejor, en parte gracias a la madurez que me han dado los años. Ahora tengo los pies más en el suelo que nunca. Incluso después de salir a hombros de Las Ventas me centré en pensar que la temporada seguía, y que no había que bajar los brazos, que había que seguir. Tarde a tarde me estoy entregando al máximo y estoy tratando de dar lo mejor de mí. Me siento feliz con estar alcanzando la regularidad que el aficionado exige, y soy consciente de que, tras triunfar por fin en Madrid, era cuando venía lo realmente duro, que es mantenerse.

Esta temporada te has reafirmado.


Y espero dar la cara bien en este tramo final. He tenido triunfos importantes en muchas plazas y estoy muy contento y satisfecho con lo que he ido logrando, partiendo desde la humildad siempre.

Para cerrar. Un concepto y una pregunta. Tu carrera ha sido una carrera de fondo hasta llegar a donde estás ahora, y probablemente mantenerse ahí no sea menos. Has tenido que correr mucho en la sombra y sin miradas en lo alto para alcanzar el lugar que hoy ocupas. ¿Qué ha sido y es la Esperanza en tu vida? Y, además, ¿qué le dirías a alguien que se encuentra en una situación similar a la que tú viviste?

 Hay que hacer caso al refrán, y nunca perder la Esperanza. En todos los aspectos, si no, uno no va a ningún lado. Para todos los toreros que lo están pasando mal, ya sea porque no se les acartela, por circunstancias actuales que tengan que ver con el maldito virus, o por cualquier otra: mantened siempre la ilusión. No dejéis de entrenar, de prepararos y de vivir para el toreo. Porque aquí nadie regala nada. Es por ello que hay que dedicarse plenamente en alma a ello. Si trabajáis en vuestras cualidades y creéis en vosotros, algún día os cambiará la suerte.

Y Dios quiera que así sea.

 Estoy seguro.

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