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El temple viste de blanco

Foto: Plaza 1

Por la vía de la sustitución entró, y en mares de temple navegó. Las Ventas cayeron rendidas al toreo de Ángel Téllez, saliendo a hombros sin importar la espada.

Como el que anda por el patio de su casa. Como quien no tiene a la muerte de frente, aun siendo consciente de su solemne presencia. Hoy quien mejor ha andado ha sido precisamente alguien que en principio no se encontraba presente en el cartel en primera instancia, entrando por la vía de la sustitución. Ese torero, señoras y señores, es Ángel Téllez. Y hoy Madrid lo ha sacado a hombros.

Templar es uno de los tres verbos que conjugan la Trinidad promulgada por Don Juan Belmonte en esto del torear. De parar y mandar, les digo. Paró el tiempo, mandó en la tarde. Todo ello a base de un temple inmaculado como el blanco y la plata de su vestido, al que ni la sangre del morir quitaba su resplandor.

Retinas grabó unas pocas, estoy seguro, y a sabiendas de su camino, el público enseñó los dientes en favor del joven toledano, a quien se le ofrece en presentación y por fin, un camino para recorrer. De la nada al todo, y todo por una sustitución. Es que esto del toreo, cuando es, es muy grande.

Desde los naturales que le plantó el otro día nada menos que a un tío de Arauz de Robles, Madrid puso su ojo en él. Raspó más de dos y tres gargantas tras semejante ramillete de toreo por la izquierda. Hoy no fue menos. No me hablen de suerte. Ha hecho temblar ladrillos rojos esta tarde. Para la memoria quedan lances de cante enorme, como de quien lleva toda la vida en el circuito, mientras que menos de una veintena de corridas lleva estoqueadas en tres años como matador de toros, siendo la mayoría parte de su temporada de alternativa.

Que sí, que la espada no entró debidamente, y todo hay que decirlo. Quizás algo excesivo el trofeo en su segundo toro, no les miento, pero todo sea por la espada. Porque estuvo sensacional, y Madrid compasiva en el buen sentido de la palabra. Saben que si no sale a hombros, se les complicará el ver a Téllez como bien lo desean y lo merece. Y no me parece mal. Porque hoy se ha visto torear, se ha visto a alguien que se ha entregado en su momento de la verdad, haciendo diana con una sola bala a ojos vendados. Tiene todo por caminar.

¿Lo querían? Ahí lo tuvieron, y ahí estuvo, sin brusquedad ni alboroto, sin pesadumbre por la responsabilidad ni miedo a la circunstancia. Derrochando buen gusto. Si ya vinieron Rufo y Alarcón hace pocos días para abrir de par en par la Puerta Grande de Las Ventas, Toledo puede decir hoy de nuevo que tiene toreros para parar un barco, buenos y jóvenes, si me apuran.

Ahora, toca abrirle paso en las ferias y en los pueblos. Toca ir a verle, toca darle lo que es suyo. Lo que hoy se ha ganado. Pero me conozco esto, y miedo me da. No sería la primera vez que el toreo saca a hombros a alguien para después mandarle de nuevo al rincón sin motivo que valga. A él, toca morder. Ojalá que a mordiscos tome el sitio que merece, sin que nadie le quite lo que le corresponda. Las modas mueren, pero el toreo queda. Lo dicho, hoy se ha toreado. Ángel Téllez. Apunten el nombre.

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