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El Primi: “Ser torero es la hostia»

Volver a nacer es solo cosa de los toreros y el Ave Fénix. Que le pregunten a El Primi, que tras casi morir en las astas de un toro vuelve mañana a enfundarse el traje de luces, con más hambre, orgullo e ilusión que nunca. Honor.

Me encuentro frente a un guerrero hambriento, alguien a quien nadie ha regalado nada. Las heridas de la verdad aún hacen mella sobre su cuerpo, juventud ambiciosa, sed de Gloria. Primitivo López “El Primi”. Novillero sin picadores. En septiembre del año pasado, una voltereta de un novillo de Chamaco en Fuencaliente, un pueblo de Ciudad Real, derivó en algo mucho peor. El parte médico era tan extenso que fuera de contexto más bien pareciese que iría seguido de una necrológica. Lo tengo frente a frente, como si nada. Como si la vida fuera querer, soñar y por supuesto, torear. Todavía arrastra secuelas, habiendo perdido el 70% de la visión en su ojo derecho de forma irreversible, sufriendo también destrozos musculares de los que está pendiente de operación.

El Primi nació el 19 de julio de 1999, en Cañada del Rosal, Sevilla. Se formó en la Escuela Taurina de Sevilla, y en 2015, con tan solo 16 años, viste por primera vez el traje de luces en su pueblo, matando su primer novillo en público. Su debut en la plaza de sus sueños, la de la Maestranza, lo efectúa en el Ciclo de Novilladas de Promoción del año 2018, cortando una oreja, y llegando a la final, en la cual no pudo expresar su toreo tras salir herido al recibir a su eral. En la actualidad permanece en el mismo escalafón, con el objetivo del debut con picadores pendiente en el horizonte.

Lo aparentemente razonable sería que, tras el grave percance vivido el último septiembre, no quisiera volver a ver un pitón en su vida, algo que tanto le ha quitado. Señoras y señores, les hablo de un torero, recuerden. Tras un calvario que sus carnes todavía sufren, vuelve a vestir el chispeante mañana en la Plaza de Toros de Osuna, frente a novillos de Ana Romero. Viene a luchar.

– Tu mundo se paró un 4 de septiembre, en la Plaza de Toros de Fuencaliente. Un toro casi te mata, pero naces de nuevo. ¿Qué había en tu cabeza cuando fuiste consciente de lo que había pasado?

– Me acuerdo de cuando me miré al espejo, y me vi la cara. Tuve mucho miedo. Me preocupaba mucho mi integridad física, pero más allá de eso verdaderamente me di cuenta de lo duro que es el toreo. Hasta que no sufres algo así, no te das del todo cuenta de lo que hay en juego. A mí me pasó como novillero sin picadores que sigo siendo, y lo agradezco. No sólo vi la dureza, por fin pude ver lo bonita que es esta profesión. No pensaba en otra cosa que en volver, y volver.

– ¿Sentiste orgullo cuando estabas en la cama del hospital?

– Muchísimo. El apoyo que se me dio me ayudó bastante. Muchas personas, amigos y compañeros, llamaron para preocuparse por mí. Cuando me podía levantar de la cama para caminar, que no demasiado, porque me mareaba, intentaba pegar unos lances con lo primero que pillase. Puedo decir que en el hospital fue donde más torero me he sentido nunca. No dejé de soñar con el día en el que me volviese a poner un traje de luces, y ese día ha llegado por fin.

El Primi en el hospital tras la cornada de Fuencaliente. Somos las heridas que tenemos.

– ¿Cómo te ha tratado la vida tras el percance?

– Sinceramente, bastante bien. Por la parte física menos, por supuesto, porque la cornada en Fuencaliente fue muy grave, y me ha dejado secuelas permanentes, y otras de las cuales aún me estoy recuperando. Aún me tienen que operar de varios de los destrozos que sufrí, pero les pedí a los médicos que se esperasen a que torease en Osuna. El mundo del toro se ha portado muy bien conmigo en momentos tan duros, he sentido el respaldo de grandes profesionales, espejos en los que siempre me he fijado, que si Dios quiere vendrán a verme reaparecer.

– ¿Cómo estás llevando estos días?

– Estoy tranquilo y muy ilusionado. El día con el que tanto he soñado está ya ahí. Osuna es una plaza que conozco, y la ganadería, Ana Romero, me gusta mucho. Los de Santa Coloma son animales que lo quieren todo por abajo, y que cuando salen buenos embisten muy despacio. Creo que si ruedan las cosas, voy a poder expresar lo más profundo de mi toreo. Simplemente, cuando pise la plaza, me gustaría poder ser como soy.

– ¿Cuál es tu proyecto en el toreo? Hablando de concepto, ¿qué torero quieres ser?

– Lo primero, por supuesto, quiero ser figura del toreo. Si te hablo de mis espejos, matadores que admiro, siempre me he fijado entre otros en Julio Robles, y en Manuel Jesús “El Cid”, que siempre ha sido mi torero y me ha ayudado mucho. Su clasicismo, la manera de mover la muleta con todo por abajo, la despaciosidad… son aspectos que persigo para plasmar en mi forma de hacer las cosas desde mi personalidad. Para ello trabajo.

– Y de cara al debut con picadores, ¿tienes ya algo en mente?

– Es algo que llevo queriendo hacer desde hace tiempo. Antes del percance en Fuencaliente estaba todo hecho, pero no se pudo como es obvio. Ahora mismo no tengo fecha o sitio, no sé que pasará. Probablemente llegue el año que viene, pero Dios dirá.

– Fuiste alumno de la Escuela Taurina de Sevilla, y me consta que la base que allí se transmite va mucho más allá de torear. Hay valores, hay moral, hay enseñanza de vida, de la realidad. Aparte de ello, ¿qué aspectos son los que más agradeces de las raíces que te han formado como torero y como persona?

– Además de la Escuela, hay una persona que me ha dado muchísimo en la vida, que no es otro que Curro Robles, grandísimo torero, banderillero, y grandísima persona. Él me ha inculcado la educación taurina, la cual no podría agradecer solo con palabras. Me ha dicho el toreo, he visto en él lo dulce y a la vez lo duro que puede llegar a ser esto. El haberme podido rodear de profesionales como él en mi vida y poder seguir haciéndolo es lo que más agradezco.

– Qué bien vendría la educación taurina de la que me hablas al mundo ajeno a la Fiesta. Hilando con este tema, hemos hablado mil y una veces esta Feria de Abril de cómo el ambiente y la exigencia de la Maestranza han decaído de algún modo. Yo personalmente lo achaco a una falta de esa base de la que me hablas. ¿Piensas que existe cierta ausencia de educación taurina en los tendidos? ¿Cuál crees que es el camino a seguir en este aspecto?

– Lo principal para cada persona es saber rodearse de personas que te quieran ayudar de verdad y no solamente por un interés. Creo que los profesionales son quienes mejor pueden y tienen en su mano enseñar esto tal y como es. Hay que transmitir la verdad de nuestro sacrificio, la ambición, la educación del mundo del toro.

Sacrificio, ambición, educación. Pilares, principios.

 

– No solo hablando del toreo, ¿qué mensaje quieres transmitir al mundo con tu vida?

– Mi vida básicamente gira en torno a torear, por lo que se me hace complicado mirar más allá de ello. Yo no es que sea un referente, pero quiero transmitir la lucha. Que cada uno pelee por sus sueños. Que seamos personas. Y ya hablando de lo que más me llena, ojalá que todo el mundo vea lo bonito que es esto. Que ser torero es la hostia.

 

Tan real y crudo como la vida misma es esto de torear. No es sino la perspectiva que otorga la cercanía a la muerte lo que hace verdaderamente consciente al ser humano de su condición limitada en el tiempo, arena que se desvanece dentro del cristal del Universo. El torero estará loco, pero es quien más sabe qué es vivir, pues se enfrenta a las guadañas de la parca cada vez que el toro se le pone de frente. Tan bello como efímero es torear, tan fugaz como hermoso es existir. Tiene razón Primi.

 

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