El Juli, batuta en mano, con los de Alcurrucén en Vistalegre

El Sol se está comenzando a despertar. Mitad de mayo ya, mes de la flor y la Virgen. Hace tiempo de abrir la ventana, desempolvar el altavoz hambriento de farra, y dejar los aires revueltos de algún compás que se ajuste a la luz que inunda las calles. A uno lo que le apetece es sentarse en una terraza y perderse entre los reflejos que el aura de la primavera ya tardía. Olvidarse un poco de los males de nuestro mundo, que no son pocos, para llevar por bandera lo bueno que nos rodea. Que hoy es una pandemia, y nos arañamos las mejillas. Pero está bastante bien teniendo en cuenta que el ayer no fue sino en la guerra y el hambre. No se esfuercen en ahogarse en penas, ¡ahóguenlas más bien! Que se vive más bonito.

 

Bonito es el cartel de esta tarde igualmente. No podía ser menos en el día del Santo. Muy del gusto de las tierras de la Villa de Madrid. 15 de mayo. Día de toros y de toreros, día de clavel y habano. No en su templo, la luz hecha labrador de los suelos y las almas, jugará hoy de falso visitante en Vistalegre. Chulapas, chulapos, se pasean por los tendidos. Lo raro no quita todo lo especial que en este día, más concretamente en esta tarde, florece.

 

El primero, con la señal del lucero en la cara, era un toro colorado a la manera de los del encaste Núñez, tirando casi a rubio, hondo de pechos y musculado. No se mostró muy receptivo en el saludo, al salir suelto de los engaños. En las varas fue más fijo, sin tardar en llegar a los terrenos del picador. Tomó un puyazo previo a un quite en el que embistió mucho mejor, sin salir suelto, en el que El Juli le soltó un ramillete de chicuelinas con el compás abierto, navegándole los sentidos al toro en una gran media que serviría de “hasta luego”. En palos, causó problemas al tercero de la cuadrilla del madrileño, que pudo poner un solo palo a pesar de entrar en dos ocasiones. Mejor resolvió su compañero, poniéndole sus correspondientes cuatro palos. Empezó Julián López “El Juli” su faena de rayas hacia afuera, conduciendo el trazo del animal, que en ocasiones se metía un poco por dentro. Buen motor mostraba el toro, así como buen fondo ya metido en la muleta, en la que le costaba entrar, sin embargo. Había que mandarle, y de eso sabe un rato el matador. Así, comenzó a despegar vuelos la faena, exigiendo y luego dando, en forma de grandes muletazos, algunos de tragar, ceñidos, bebiendo de la codicia que ahora mostraba el astado. Técnica hecha poder, poder hecho arte. Faena venida a más, con finales arrebatados. Finalizó, como no podía ser de otra forma, con una de sus famosas entradas a matar, que se tornó pinchazo y estocada trasera en un segundo intento, que hizo necesaria el descabello, que pegó el Do de pecho a la segunda. Hubiera sido de premio sin duda, si su hacer con el acero hubiera sido otro. Ovación con saludos.

 

De bellas hechuras, despegado del suelo, era el negro segundo toro de la tarde. Igualmente fría y suelta fue su salida de toriles, sin prestar gran atención al capote de José María Manzanares. Sí fue fijo en el caballo, donde tomó un puyazo algo trasero pero en lo alto, metiendo riñones. Exposición y buen hacer tuvieron los palos que pusieron ambos banderilleros, saludando montera en mano una calurosa ovación Daniel Duarte. Andando hacia los terrenos de afuera, flexionando la pierna de apoyo, lo llevaba Manzanares, que se atragantó en el final de la serie. La segunda serie, con la derecha, quería mecer al toro, pero iba brusco a la muleta, con gran aspereza, ganando la acción en los últimos pases de las tandas. Se iba el toro con la cara por las nubes a mitad de muletazo, volviéndose en dos patas además.  Cuando parecía que, tras dominar mejor las embestidas en una tercera serie, el toro iba a mejor, le sorprendió en la siguiente tanda, volviéndose en un palmo para levantarlo por los aires desde su espalda, desde donde tantos pitones se han ensañado con el diestro alicantino. No hizo sino engallar al torero, que, empuñando el estoque, puso un espadazo que rodó patas arriba al burel. El público quiso premiar este gran final con un trofeo, que no fue concedido por el presidente, por lo que se Manzanares se limitó a saludar una ovación.

 

Apretón en ocasiones, con las manos por delante embestía en el capote de Paco Ureña el negro listón tercero. Lo sacó, sin mayor lucimiento posible, con buena brega a los medios. Buen puyazo le fue otorgado al toro, que se empleó en el peto. Quería más el astado aun con el cambio de tercio, y en el retorno del picador al Patio de Caballos, salió a buscarlo, recibiendo un picotazo. Lo quitó Ureña por verónicas adelantaladas, rematando con una media con aires de Chicuelo. Mejor se desplazaba en las telas bregantes, con notable recorrido. Brindó la muerte del cinqueño a Miguel Abellán. Humillando, incluso rebasándose en ritmos venía el toro en los inicios. Costaba meterlo en la tela sin chocarle, debido a su ímpetu al acometer, y tuvo que darlos de uno en uno en las tandas que siguieron. Tras irse casi desarmado, el de Lorca se fue encontrando más con las embestidas del burel, que a veces se mostraron bruscas. Cargando sin tapujos la suerte, sacó muletazos sentidos Ureña. No pudo realizar una faena muy ordenada. Pinchó y puso luego una estocada entera pero contraria, para que sonara un aviso e hiciera entrar en escena al descabello, con el que acertó al tercer intento. Palmas.

 

Negro, astifino, cuajado y largo fue el cuarto de la tarde. No quiso capote, suelto se fue. Nada más ver al caballo salir por su correspondiente puerta, se abalanzó sobre el peto, tomando un peleado primer y único puyazo. El cambio de tercio fue notablemente protestado por la afición, que pedía un segundo, que consideraba necesario. No facilitó en exceso el pareo, y tras un brindis al público, El Juli buscó ligarlo en su muleta, difícil labor debido a su forma de salir del muletazo, algo desentendido. Paciencia y mando pedía el de los marfiles. Y poco a poco, se lo fue trayendo el de San Blas a su pañosa, sin dejarse ganar la partida en ningún cite o pincelada. Con severa exigencia, fue consiguiendo hacerse con un compañero de baile que quería pisarle los pies. Como si de Robin Hood se tratase, apretó a su enemigo hasta exprimirle y arrebatarle todo resquicio de lo que consideraba suyo. Quieto como el que más, pasándolo y dejándoselo cerca, mandó con euforia parsimoniosa el madrileño, ante un toro que no lo puso fácil en ningún momento, pero al que, si se le tocaban sus teclas, se le podía armar jaleo. Bonito lo hizo hasta llegar la espada, que de nuevo se le hizo antagonista. Pinchazo y media, cayó el toro al segundo descabello. Ovación con saludos, consuelo al trofeo perdido.

Listón se mostraba el serio quinto, sendero que recorre la oscuridad de sus pieles. Reacio estuvo a la hora de embestir en el capote de José María Manzanares, que sin conformarse lo buscó y consiguió encelar sus acometidas. Buen puyazo le fue otorgado, que se avistó suficiente. Complicado fue de banderillear, al no echar mucha cuenta a quienes les correspondía parearlo, arrancándose sólo en corto, y apretando mucho al terminar el brevísimo sesgo. Los mismos medios de la plaza fueron los terrenos elegidos por Manzanares para comenzar su faena a este burel. A pesar de ser igualmente reacio al inicio, cuando lo encontró la muleta, el toro, cañero, transmitía, exigiendo, eso sí. Había que llevarlo muy toreado, porque sacaba la cara en ocasiones, y metía tornillazos incluso, periódicamente. Demasiada disparidad reflejó la labor, con algún amago de susto. La gafó el director de la banda de música, fue comenzar el pasodoble y dejar Manzanares de ver faena. Con la espada estuvo extrañamente desacertado, con dos pinchazos y, a la tercera, una buena estocada que hizo apresurada muerte. Ovación con saludos en compensación por las complicaciones que se encontró en sus dos toros.

 

Buena vitola alzaba el último de la tarde, cinqueño como lo fueron sus demás hermanos. Un calco a los otros cinco a la hora de ser capoteado, pues no permitía lucimiento. Bueno fue en el caballo, dando fija pelea con fuerza ante una remarcable labor del varilarguero. Una vara, y a seguir. Bien estuvo la cuadrilla en palos, así como en la brega, aguantando los apretones del toro. Quiso hacerlo suave desde el principio Paco Ureña, pero en los inicios el burel se le iba suelto. Embestía enclasadamente cuando se le apetecía hacerlo, ante lo que el murciano tuvo que imponerse para ligarlo y someterlo. Le pintaba cadenciosos muletazos cuando el franciscano alineaba astros, pero se mostraba acobardado, buscando su querencia, yéndose hacia las tablas. Y se rajaba más y más, para acabar negando las virtudes que en un principio entrevió, en determinados pasajes. Puso Ureña una media estocada, y tras un fallido descabello, el toro se echó en falso, a modo de señuelo, para luego morirse definitivamente en los terrenos del Diez. Palmas.

 

Diversa fue la tarde de este nuevo 15 de mayo, no aburrió. La corrida de Alcurrucén fue exigente y variada, con toros que dejaron más o menos opciones, y una notable presentación. Se hizo con ella El Juli. Mandándole a dos toros muy distintos dentro de la exigencia que ambos poseían, brilló en el coso de Carabanchel, tornando amargo el triunfo con la espada, con la que le faltó acierto en los dos. Manzanares tuvo el lote de más complicado lucimiento, debido a la raza que sus oponentes desbordaban, llegando a rozar percance, salvándose por fortuna de consecuencias. Firme estuvo Ureña con un lote tampoco nada fácil, al que propinó grandes lances en la medida de lo posible.

 

Seguía por desgracia la plaza sin la entrada merecida. Algo mejor que ayer, dentro de lo crítico de la situación. Fue interesante el discurrir de los acontecimientos. Pero falta público. Ojalá que esto vaya a mejor, es lo que todos deseamos. Lo bonito que auspiciaba el cartel se convirtió en intenso, dentro de los lucidos momentos que gotearon a ratos sobre la arena.

Poder no es fin sino medio

Cuando los pitones se presentan,

Aquí gobierna hasta el pobre

Si se arrima a la cornamenta.

 

RESEÑA
Sábado, 15 de mayo de 2021. Plaza de Toros del Palacio Vistalegre (Madrid) 6 Toros 6, de Alcurrucén, para Julián López “El Juli”, José María Manzanares y Paco Ureña. El Juli, de verde hoja y oro, ovación con saludos en ambos. José María Manzanares, de corinto y azabache, ovación con saludos tras petición y ovación con saludos. Paco Ureña, de Rioja y oro, ovación tras aviso y palmas. Incidencias: al acabar el paseíllo, y tras una ovación cerrada, sonó el Himno Nacional. Se desmonteró Daniel Duarte tras banderillear al 2º.

Ricardo Pineda

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