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«Duplicado» se lleva la gloria reservada a De Justo

Se trunca el gesto en solitario del extremeño por una grave lesión; Vuelta al ruedo para el toro de Victoriano del Río; Álvaro de la Calle resuelve con dignidad la papeleta.

Emilio de Justo resultó prendido al entrar a matar al primer todo de la tarde, de Pallarés. El percance surgió al volcarse en la cara del astofino santacoloma al atacarlo en la suerte contraria. Lo prendió del muslo y una vez que se lo encontró en el suelo lo elevó cogiéndole por la parte superior de la espalda. Echó a correr hacia el 7, donde había llegado lanzada su zapatilla tras el primer derrote. Se zafó del toro milagrosamente para caer rendido junto a la boca del burladero bajo los tendidos 6 y 7. Con gestos de dolor tanto en el cuello como en los oídos se retiró a la enfermería.

Atrás había quedado una faena de apuesta, brindada al cielo quizá en memoria del dueño y señor de esta fecha en este coso: Iván Fandiño. Los lances del saludo y la lidia de Revuelta para no olvidar. Empezó la faena sin probaturas, con la mano izquierda para aprovechar la calidad del Pallarés que por su justeza de fuerza se había quedado sin picar por lo que se le quedó un ímpetu en el primer muletazo que resultó muy violento. Emilio de Justo hizo un esfuerzo en tres tandas a cara o cruz volcándose en la embestida por naturales. Sobre la derecha llegó el temple y el poder, ahí se redujo el toro de Pallarés para coger una dimensión mayor que el de la emoción. Los pases de pecho tuvieron el sello de distinción que le caracterizan. En la siguiente tanda se acabó el toro, ya distraído, con el celo agotado. De Justo aprovechó inteligente los adentros para rematar por bajo con detalles a dos manos. Se perfiló a matar y sucedió el percance comentado que le impidió continuar la lidia. Una oreja premio la primera y única faena de su gesto.

Un bajón colectivo en una plaza que había recibido al torero vestido de catafalco y plata con el chaleco en oro con una atronadora ovación en cuanto pisó la arena de Las Ventas. José Luis Martínez Almeida -alcalde de Madrid- apoyaba el gesto desde el callejón.

El jarro de agua fría tras el percance fue brutal. Álvaro de la Calle se encontraba con cinco toros en una gesta sin previo aviso. El Reglamento obliga a la contratación de dos sobresalientes pero en lugar de alternarse, uno tiene que cargar con la responsabilidad de la tarde y, el otro, interviene en los quites que puede. Tendrá su lógica pero yo no la encuentro. Mejor hubiera sido repartirse la papeleta.

El gran momento de la tarde llegó en el cuarto. Un cárdeno salpicado y burraco de Victoriano del Río del que hablábamos hace unas semanas en TORETEATE. Álvaro de la Calle lo recibió en el tercio con una larga cambiada, lo lanceó ganándole terreno hacia delante. Lo lució en el caballo, poniéndolo en suerte en tres ocasiones. Óscar Bernal lo bordó. No sorprende porque la frase anterior se puede leer después de cualquier feria, después de cualquier tarde importante. Un picador extraordinario. Intervino en un airoso quite por chicuelinas enganchando la embestida por delante, Jeremy Banti. De gran gusto, por cierto. De la Calle respondió con su sobrio estilo y su acelerada disposición. Lo lidió perfectamente José Chacón y Andrés Revuelta dejó un par monumental en su primer turno. Arruga no se quiso quedar atrás y los tres subalternos tuvieron que saludar una ovación. Vaya exitazo de la cuadrilla. La papeleta para De la Calle era de cualquier manera: un toro cumbre y con toda la plaza entregada al toro y a la cuadrilla. Lo salvó con disposición, no volvió la cara en ningún momento, tragó dejándole la muleta por delante. Lógicamente el toro requería una faena a la altura de su calidad: excelsa. No llegó esa obra pero De la Calle se tapó. Algunos pañuelos afloraron tras la estocada y la sonora petición se reorientó a la exigencia de la vuelta al ruedo que fue concedida con buen criterio. Cómo paseaba ese hocico por la arena el toro de Victoriano. Inolvidable este toro de nombre «Duplicado» que en feria habría concentrado todos los premios.

Poco contenido, más allá que el afán de agradar, hubo en los dos siguientes toros inmediatamente posteriores al percance: Domingo Hernández y Victorino Martín. Álvaro de la Calle estuvo bien, con mérito y dispuesto en ambos. El del hierro salmantino tuvo bondad y ritmo, no se lidió en los terrenos más propicios que lo acusó bastante. El de Victorino, falto de poder, pero de gran fijeza y humillación sin derrote. De la Calle estuvo templado, derecho, medido. No manejó con acierto los aceros en estos dos turnos.

Una ovación saludaría Álvaro de la Calle tras lidiar al quinto, un mulo de Palha que sólo descolgó para buscarle en suelo cuando le prendió tras entrar a matar. Se libró de milagro. Lo intentó pero no hubo forma de meter mano a tan áspero y descastado animal. Un tren XXL que no venía a cuento. Ni sobre el papel ni sobre el ruedo en una tarde como la que era.

También embistió el sexto, de Parladé. Toro que anunció Juan Pedro Domecq que podía ser el último que lidiara con este hierro en Las Ventas. De la Calle se fue a recibirlo a la puerta de chiqueros. Los pitones le pasaron muy cerca, lo lanceó en los terrenos de chiqueros. Qué mal rato, en cada lance parecía cogido. Se dobló con él en torera pose para el inicio de faena para después coger la faena una línea monótona pese a la obediencia del toro, un tacazo por cierto.

Álvaro de la Calle hizo lo que pudo. Hay que reconocerle el mérito. ¿Qué habría pasado si en lugar de un digno trámite hubiera sido una oportunidad para un matador joven con proyección que por alguna circunstancia no esté toreando? Fuera como fuese, De la Calle cumplió con su papel con entrega y dignidad. La tarde se truncó al caer lesionado De Justo. No hubo gloria aunque la plaza, con el casi lleno registrado, y la corrida dieron grandes opciones.

 

FICHA

Domingo 10 de abril de 2022. Domingo de Ramos. Plaza de toros de Las Ventas. Toros de diversas ganaderías, bien presentados y cinqueños todos. Pallarés con buen son el tiempo que duró. Domingo Hernández de buen fondo. Victorino Martín de gran humillación aunque escaso poder. Extraordinario el de Victoriano del Río premiado con la vuelta al ruedo. Palha, sin humillación ni opciones. Parladé de obediente condición.

Emilio de Justo, de catafalco y plata. Estocada. Oreja en el único que pudo estoquear.
Álvaro de la Calle, de maquillaje y oro. Estocada corta y siete golpes de descabello. Dos avisos (silencio). En el tercero, pinchazo y media estocada trasera. Aviso (silencio). En el cuarto, tendida y trasera y dos descabellos. Aviso (vuelta al ruedo). En el quinto, pinchazo y estocada (saludos). En el sexto, pinchazo, estocada que hace guardia y estocada (palmas de despedida).

Incidencias: Emilio de Justo sólo mató uno de los seis toros debido a una grave lesión cervical de pronóstico grave. José Chacón y Jesús Arruga saludaron tras el primer tercio de banderillas. Andrés Revuelta y Arruga saludaron tras parear al cuarto. Extraordinario tercio de varas de Óscar Bernal en ese toro.

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