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De zurdas va la cosa

Un natural hace que la plaza cruja de otro modo. No se sabe muy bien el motivo, será quizás la soltura que otorga el triunfo de la tela sobre la espada en momentos definidos. Quien no ha visto torear al natural, no puede comprender con objetividad el arte del toreo, al fundamentarse en bamba y vuelos, corazón y estómago, previos en jerarquía a la cabeza a pesar de ser ella la guinda del pastel.

Razón y garra son las dos vertientes que se cruzan en el toreo, potro de rabia y miel. Y la zurda por testigo. Mano izquierda, mano izquierda. Hay que tener mucho de eso en el mundo en el que vivimos. Demostrado está que lleva a las luces. Ya nos demostraba la semana pasada Rafael Nadal Parera que se pueden hacer maravillas con ella, hasta el punto de ser el mejor de la historia. En lo nuestro, lo de todos, ya le pueden preguntar a José Tomás, a Rafael De Paula, a Pepín Martín Vázquez, a Chenel, a Esplá o a Belmonte, y ya será su zurda la que les cante las verdades. Una zurda de prodigio es capaz de ponerle a uno en lo más alto de nuevo en un pestañeo, y ahí está Talavante, de vuelta en San Isidro, tras salirse de entre las sombras. Mano izquierda, mano izquierda.

No solo luces ve la Tierra al girar. Mano izquierda hay que tener también para ahuyentar carroñeros, malos augurios, soledades o mal de amores. Es ella la que abre innumerables veces la puerta.

Pero, ay de quien la utiliza malamente. Sonrisa en cara y puñal por la espalda, hay quien te aplaude con la misma mano con la que te atraca después. Se habla tanto de los que están que nos olvidamos de quienes no están, o están mucho menos de lo que se merecen. Hablando en repeticiones, se está perdiendo la coherencia en los carteles con lo subjetivo por bandera, y con mala mano izquierda se empuja hacia el banquillo a tantos que se desfondan por esto, como a tantos otros que se han ganado su puesto por la vía del triunfo pero no son respetados suficientemente por el respetable, que tantas veces deshonra su nombre. Tanto se empuja como se habla, pero ¿y Ginés Marín? ¿Y Manuel Escribano? ¿Dónde está David de Miranda? Innumerables los hay, y en ganaderías ni les cuento. A unos tanto y a otros tan poco, aun con las orejas en las manos. Gentes que se han hecho de respetar, mismas gentes a las que no se les respeta. ¿Por qué? Mano izquierda, mano izquierda.

No se puede estar en misa y repicando, igual que no se puede pedir para luego no responder, eso está claro. Los carteles son (o deben de ser) reflejo de lo que pide quien paga. Será que, o quienes pagan han perdido la cabeza o la afición, o que quienes piden luego imponen la zurda para hacer pasar con un trapo sus demandas más o menos atendidas. Hay que pensar y actuar al respecto. Tanto en despachos como en tendidos. En este caso, mejor dejar la zurda para los naturales.

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