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Cien años de una plaza única: remembranzas de la Monumental de Pamplona

Llegando a los últimos compases de las fiestas grandes de la capital de Navarra, en honor a San Fermín, se hace necesario destacar y recordar que este año, se cumplen cien años de la inauguración de una de las Plazas más importantes de la piel de toro: la Monumental de Pamplona. En este nuevo artículo, vamos a hacer un pequeño repaso por la historia del coso, uno de los mayores en capacidad de todo el mundo y en el que han triunfado toreros tan importantes como Marcial Lalanda, Ordóñez, Diego Puerta, Espartaco o más recientemente, Juan José Padilla; y donde ganaderías de la talla de Miura o Pablo Romero han lidiado toros que son recordados aún hoy día.

 

Un grupo de aficionados a las puertas de la Plaza de Toros Monumental de Pamplona (Fotografía Marín, 1932, Kutxateka)

ANTECEDENTES

Pamplona, es una ciudad con gran tradición taurina, pues se vienen celebrando festejos desde prácticamente la Edad Moderna. Las primeras corridas de toros se celebraban en la Plaza del Castillo, disponiendo una serie de estructuras de madera que la cercaban y la multitud de balcones se convertían en gradas de “lujo”. Con el aumento de la popularidad de la fiesta taurina y la necesidad de acoger a más público, ya en el siglo XIX, concretamente en el año 1843, se construye una primera plaza fija con una capacidad para 900 personas, en una zona cercana a la mencionada Plaza. Debido a graves problemas estructurales, en 1849 tuvo que volver a reconstruirse, inaugurándose para los sanfermines de 1852 (durante los años de construcción, se utilizó una plaza de toros provisional ubicada en la Plaza del Vínculo).

Una serie de ensanches y modificaciones urbanas, así como el deseo de acoger a más aficionados por la enorme popularidad de los toros durante la edad dorada, el Ayuntamiento y la Casa de Misericordia, acordaron en 1920, construir una nueva plaza, no sin cierta polémica, pues algunos aficionados deseaban que no se clausurara la primigenia. Un eventual incendio con origen incierto, acaecido el 10 de agosto de 1921, acabó con la vida del antiguo coso y, solo un año después, se inauguraba para la posteridad la Plaza de Toros Monumental de Pamplona.

Fotografía aérea de la ciudad de Pamplona, tomada el año 1921. Se pueden contemplar las dos Plazas de Toros de la ciudad, la Monumental aún en construcción (Fotografía de “Memorias del Viejo Pamplona”)

NACE LA MONUMENTAL

El 7 de julio de 1922, tras numerosos avatares, se produce la inauguración del nuevo coso con el encierro matinal, en el que se corrieron toros de los Herederos de Vicente Martínez que se lidió por la tarde con la presencia de los toreros Julián Sáinz “Saleri II”, Juan Luis de la Rosa y Marcial Lalanda.

Realizada por el arquitecto de San Sebastián, Francisco Urcola (autor de otras Plazas como la Monumental de Sevilla o la de su ciudad natal), y con una capacidad inicial de 13620 localidades, fue todo un avance para la época, ya que se  conjuntaron en su construcción dos aspectos fundamentales: los utilización de nuevos materiales que se venían utilizando en la Europa del momento, especialmente el hormigón armado, y el uso de un diseño con planta historicista, de aspecto clásico. Su cuerpo principal se resolvió a la manera de un gran arco de triunfo, con galería superior y crestería de claro origen plateresco y al renacimiento remite el orden gigante empleado, jónico en el cuerpo principal y dórico alrededor del ruedo.

La contrata, se firmó a través de una Asociación Mercantil formada por la Casa Martinicorena y Antonio Mendizabal, de Pamplona y San Sebastián, respectivamente y de las obras de movimiento de tierras se encargaron los contratistas locales Asurmendi y Cia. Se proyectó en un tiempo récord, un mes, y se construyó en otro tiempo récord, incluso para los tiempos actuales: 14 meses.

El torero Antonio Ordoñez preparado para ejercer de pastor en uno de los encierros de San Fermín en una zona situada junto a la plaza de toros de Pamplona (Marí, Kutxateka)

 

TARDES DE GLORIA Y LA AMPLIACIÓN DE MONEO

Un hecho trascendental ocurre en la década de los años 20 y es la aparición de un personaje que cambiaría para siempre el devenir de los San Fermines: Ernest Hemingway. Durante estos años y, en gran parte gracias a los intelectuales extranjeros que se acercaron a la Fiesta encabezados por los escritos del premio Nobel, surge un incremento enorme en el número de asistentes que hace que la Plaza requiera de una nueva reforma para acoger toda la demanda existente.

Es por ello, que la plaza de toros sufrió, tras su construcción, algunas reformas entre las que cabe destacar tres: la sufrida en 1942, en la que la mayoría de palcos se convirtieron en galería corrida, cerrándose algunos vomitorios y suprimiéndose algunas puertas tanto en grada como en palcos para ganar casi 800 localidades más; la de 1952, en la que se suprimió el tabloncillo de todos los tendidos para ganar 558 plazas y la gran reforma acaecida entre 1966 y 1967.

Bajo la batuta de Rafael Moneo, y la colaboración del ingeniero Carlos Fernández Casado, se hizo crecer la plaza sobre si misma convirtiendo el antiguo graderío en una enorme andanada, ampliando la estructura existente de hormigón, aprovechando y respetando el edificio existente, ganando 5.799 plazas, quedando el aforo fijado en 19.529 localidades.

La Plaza de Pamplona ante las diferentes remodelaciones

ÚLTIMOS AÑOS Y LA PLAZA EN LA ACTUALIDAD

A finales del siglo pasado y ya metidos en pleno siglo XX, la Plaza sufrió algunas modificaciones por diferentes cambios en la normativa y legislación, así como algunas obras de mejora.

En los primeros años de la década de los 80, se cambió la cubierta de teja a chapa metálica, de color verde. Ya en 2004, se produjo la última gran reforma, con la apertura de nuevos vomitorios en los tendidos, instalación de nuevas escaleras de evacuación para la andanada y otros cambios menores que redujeron un poco el diámetro el ruedo, produciéndose algún hallazgo arqueológico bajo el albero, como una fuente, un canal y un puente del siglo XVI y restos del desaparecido revellín de las murallas de Tejería.

Ojalá esta Plaza, una de las más famosas del mundo, siga gozando de buena salud y dentro de cien años podamos seguir hablando de ella como uno de los grandes referentes de nuestro mundo.

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