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Cainismo

Arranca Sevilla y lo hace con mucho arte y no pocas dudas. Morante llega machacado y el mismo número de cenizos que quisieron retirar el año pasado a Pablo Aguado, hoy se congregan para cortarle la coleta a Juan Ortega. O sea: el cainismo propio de esta ciudad, por no decir de este país…

Porque parece que no hubiera sitio para los dos en este escalafón donde el arte es minoría. En realidad, el arte siempre es minoría, pero hay épocas especialmente difíciles, abundantes en pegapases, matatoros y cortaorejas. No es el caso de ahora, pero parece que nos agobie ver torear de esta otra manera (pensadlo: ¿Cuánto hace que no veis torear de esta manera?)y queremos quitarnos de en medio al que afloje. Por ejemplo, a ese señor llamado Juan Ortega que lleva tres tardes en Sevilla y dos pasodobles en honor a sus verónicas. Sí, a ése es al que quieren mandar a la cola del paro. Por si pudiese valer de freno para todos aquellos que miden el Arte de Torear en números, hagámosles ver al menos que el porcentaje de música para su capote es del 66% hasta el día de hoy antes de las 18:30 horas.

El que ha vuelto crecido es Pablo Aguado, con una faena deliciosa en Castellón, la rodilla y la cabeza en perfecto estado de revista, y triunfando con una regularidad yo diría que incluso sospechosa. ¡Ay de aquel torero al que no le peguen broncas! Ayer en la Línea de la Concepción me cuentan que incluso se fue al sol a torear a uno de sus toros, cosa más preocupante todavía. Ahora mismo está de moda pero recuerden que hace seis meses parecía que sus horas en la élite del escalafón estaban contadas, atendiendo a las predicciones del taurinismo andante. Pase lo que pase hoy, Aguado es un torero exquisito y además con vitola, virtud casi divina y, lo que es mejor, en absoluto mesurable.

Morante (seguimos con los números) lleva tres volteretas desde que empezó la gira, y hay quien se extraña, pero lo verdaderamente enigmático es que lo agarraran tan poco el año pasado, ejercicio en el que derrochó entrega con la misma generosidad que en éste. Físicamente en cuadro, las reservas de valor y casta están para algo, y esta tarde hará el paseíllo con cara de Herodes: o sea, dispuesto a deshacerse de los niños de Sevilla. Una excusa ideal, por cierto, para volver a pedir la retirada de los (otros) dos que más despacio torean del escalafón.

Para el final hemos dejado el asunto del ganado, que llevará el hierro de Veragua propiedad de Juan Pedro Domecq. Objeto de muchísimas críticas, hay quienes lo ponen a parir por animadversión eterna; y otros, simplemente porque consideran, atendiendo a los resultados, que su ubicación de privilegio en el abono con tres corridas de toros no se corresponde con los méritos contraídos en los últimos tiempos. Para definir al ganado de la casa, el propio Juan Pedro ha dicho en ABC que sus toros exigen la perfección. Y tanto…

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