Morante, celebración con apuesta, dos orejas y feo susto en Burgos

Morante de la Puebla no pudo celebrar con plena tranquilidad el 25º aniversario de su alternativa, esta tarde, en Burgos. El sevillano, que no salió en hombros, cortó las dos orejas del cuarto, un animal reservón y de embestidas inciertas con el que se la jugó y apostó de verdad. De hecho, hasta fue volteado cuando salía andando de la cara tras rematar una serie. Una voltereta fuerte y en la que el animal hizo por el torero, desmadejado en el suelo. No lo hirió, pero la paliza tuvo güasa por mucho que Morante, enfibrado, lo matara de un espadazo de premios. Urdiales paseó un trofeo del segundo, el toro que, solo por el izquierdo eso sí, tuvo mayor franqueza en sus embestidas de una corrida muy desigual y carente de clase de El Torero. Ortega, con el peor lote, rozó su trofeo en ambos toros.

Terciado y lavado de cara, algo anovillado, el cuarto de la escalera de El Torero fue un castaño al que recibió con una larga cambiada de rodillas Morante, que siguió con garbo toreando a la verónica y por chicuelinas en un saludo variado. Fue un burel de embestidas irregulares, que tardeó lo suyo y se lo pensaba, en ocasiones, a mitad de la serie. Tras un inicio a dos manos, el cigarrero no volvió la cara y, en los medios, apostó por el animal, queriendo mucho, para ligar muletazos de enorme mérito y gran hondura en una faena basada en el toreo con la diestra.

Cuando salía andando de la cara del toro, el astado hizo por él y lo encunó por los aires. La caída, muy fea, sobre la cadera y de cabeza. El toro hizo por él y le arrancó el chaleco, con los pitones pasando cerca de la cara. Por fortuna, parecieron no encontrar carne. Salió la raza de Morante y se volcó con rectitud, hundiendo el acero muy despacio, sobre el morrillo. Estocada de premios y dos orejas.

Bajo y suelto de carnes, rompió plaza uno de El Torero que salió con codicia en el capote de Morante, que lo toreó con cadencia a la verónica. Buenos lances, que remató con una torera y campera larga. Tuvo movilidad y llegó a la muleta el animal con prontitud y fijeza, pero con poco recorrido, obligando a perder pasos siempre. Aun así, le permitió armar una buena tanda al natural. La espada se le fue muy abajo y todo quedó en silencio.

Lleno y con volumen, bajo y bien hecho, algo acodado, el agradable segundo repitió con celo en el saludo a la verónica de Urdiales. Lo toreó con despaciosidad. Precioso después el comienzo de trasteo toreando a dos manos por alto. Estuvo inteligente el riojano para administrarle los tiempos muertos y, así, el toro duró lo suficiente para componer una faena torera y ligada, que creció al coger la mano izquierda. Por ahí, hubo mayor reunión y fue más limpio el trazo. La estocada desprendida puso la oreja en su mano.

El quinto, a pesar de su longitud de pitón y lo que abría la cara, fue otro toro de presencia inferior a una plaza como Burgos. Se escobilló el pitón izquierdo y su falta de fuerza, que se tradujo en una embestida muy descompuesta, hizo que se pidiera su devolución. Pese a todo, Urdiales le buscó las vueltas, e incluso se le vio cómodo delante del toro, al que logró en una faena más para el reconocimiento interior del propio torero. Lo supo entender el público y, tras una estocada caída, le pidió el trofeo, pero sólo saludó desde el tercio.

Abría la cara más el tercero, más serio por delante, bajo y de lomo recto. No permitió el lucimiento a Juan Ortega en el recibo, pero sí en el quite posterior a la verónica. Se desplazó mucho en los primeros tercios el de El Torero. Comenzó el trasteo por alto, agarrado a las tablas. Con torería, para sacarlo entre las dos rayas. Ahí, en paralelo a tablas, armó una faena en la que logró correr la mano por ambos pitones, a pesar de que el toro se violentaba en cuanto punteaba la franela. La espada hizo efecto con celeridad y se pidió el trofeo, pero el palco no lo otorgó.

Luego, el sexto -el más despegado del suelo y zancudo- tuvo ese defecto aún más acrecentado. Fue un animal que mostró agresividad al tocar las telas y, además, en el último tercio repuso mucho, siempre sobre las manos. Ortega se impuso con oficio y buena disposición, unido a la estocada, en el sitio, hizo que asomaran los pañuelos, pero el presidente, de nuevo, se la negó.

RESEÑA

Plaza de toros Coliseum de Burgos. EspañaCasi lleno. Toros de El Torero, muy desiguales de presentación, una escalera. También poco pareja en su comportamiento, eso sí, con el denominador común, de ser carente de ritmo y clase. El 1º, de poco recorrido; el 2º, medido de poder, mejor por el pitón izquierdo; el 3º, con movilidad, se violentaba al puntear la muleta; defecto que también tuvo el reponedor 6º, que no se iba de los vuelos; el 4º, reservón y midiendo, de embestidas muy irregulares; y el 5º, blando y deslucido.

Morante de la Puebla (de malva y oro), silencio y dos orejas.

Diego Urdiales (de gris plomo y oro), oreja y ovación.

Juan Ortega (de verde billar y oro), silencio tras petición y ovación tras aviso y petición.

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