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Tarde poderosa de un valiente Roca Rey, sendas orejas, en la reapertura del BIVA de Bilbao

Andrés Roca Rey paseó sendas orejas de cada uno de sus dos astados de una exigente, en general, corrida de Jandilla, y se convirtió en el gran protagonista de la vuelta de los toros a Bilbao, con la esperada reapertura del BIVA. Valor seco en dos faenas llenas de poder para someter a sus dos adversarios que, en el séptimo le hizo rozar la Puerta Grande. Otro trofeo sumó Manzanares que hizo un esfuerzo y apostó con el encastado segundo. Talavante, con el peor lote, y Pablo Hermoso, con un astado de Capea muy reservón, se fueron de vacío.

Despegado del suelo y ensillado, el cuarto fue un toro con movilidad, que tuvo cierta emoción, como se pudo comprobar en el volcánico inicio de faena de Roca Rey. A pies juntos, atornilladas las zapatillas, sin menearse un milímetro pasó una y otra vez al toro para finalizar con un cambiado y el de pecho. Muy encajado, toreó con ajuste y limpieza el peruano en series largas de siete-ocho muletazos que exigieron al ‘Jandilla‘ cada vez más. Después, con el animal ya podido y sin inercias, el peruano acortó las distancias y logró mantener el interés de la faena, pisando terrenos muy comprometidos, a pesar del vendaval que empezó a levantarse. Pinchó antes de la estocada y, por ello, los premios, en plural, quedaron en uno solo.

Como el resto de la segunda mitad del envío, el séptimo fue un astado fuerte y con cuajo, astifino desde la mazorca, al que faltó ritmo en el recibo de capa. Mantuvo esa embestida descompuesta, que poco le importó a Roca Rey en otro inicio de faena mayúsculo toreando agarrado a las tablas. Valor a raudales que mostró también en las tandas posteriores -apretándolo mucho por abajo- aprovechando las inercias -le otorgó distancia en el inicio de las series- que tuvo el de Vegahermosa, que embestía con carbón. Se violentó en cuanto le tocaba la muleta, pero el valor del peruano se impuso a base de aplomo y sometimiento hasta terminar rajándose el toro. El epílogo, por luquecinas. Espadazo de premios y enorme petición de las dos orejas, sin embargo, Matías solo concedió la primera.

Largo, altivo y de lomo recto, astifino desde la mazorca y algo acodado, el segundo fue un cinqueño que echó las manos por delante de salida en el percal de Manzanares. Ceñido el quite de Talavante por chicuelinas. Después, el alicantino logró que el animal descolgara en su muleta y así pudo, aprovechando sus inercias, ligarle tandas con empaque y buen trazo, siempre dejándole la muleta muy puesta. No era sencillo, porque el encastado ‘Jandilla’ que se movió mucho, tendió a vencerse en el viaje. El espadazo, contundente, animó a la petición, que concedió Matías desde el palco.

Bajo y bien hecho, cornidelantero y astifino, el quinto fue un astado que embistió con todo en el saludo capotero de Manzanares. De embestida cada vez más áspera, como el viento cada vez más molesto, el alicantino tiró de firmeza y aplomo para, con toques fuertes y ganando un pase entre cada muletazo, tratar de extraer los muletazos a un animal que desarrolló genio por el derecho -por el izquierdo, imposible torearlo por Eolo– a pesar de que mostró más entrega que sus hermanos previos. Sin embargo, se afligió en la segunda mitad del trasteo y Manzanares tuvo que buscarle las vueltas. Tras pinchazo y estocada, saludó desde el tercio.

Algo cuestarriba, suelto de carnes, el tercero bien presentado, enseñaba las palas, sin exageraciones, repitió de salida en el capote de Alejandro Talavante, que dibujó media docena de verónicas al ralentí que remató con un precioso farol y una media de cartel. Se desmantelaron Fini y Manuel Izquierdo, en banderillas. Luego, Talavante trató de ayudarlo a romper, pero el animal se vino a menos y a su falta de poder, sumó que comenzó a defenderse cada vez más. Lo mató de pinchazo y estocada corta.

Más amplio de sienes y ofensivo, el sexto cumplió en el caballo en los dos medidos puyazos en el sitio de Manuel Cid. Tuvo buen tranco en los primeros tercios, aunque se acostaba en el viaje por el derecho y, después, en la franela de Talavante, coincidiendo con el inicio de la lluvia, mantuvo ese defecto. Además, le faltó fondo al de Jandilla y, muy deslucido, se apagó pronto, imposibilitando el lucimiento de Talavante en la negra arena del BIVA. La estocada, caída, fue suficiente.

Rompió plaza un animal alto y de poco cuello, que no tuvo fijeza. Apenas tuvo celo en las monturas de Pablo Hermoso, muy parado, y complicó los dos rejones de castigo al centauro navarro. Trató de darle celo con ‘Berlín‘ toreando de costado, pero siempre obligó a llegarle mucho. Labor sobria, en la que no se le apreciaron las molestias que le afectaron en el hombro, pero que no tuvo lucimiento por lo reservón del toro y cada vez más en tablas. Fue ovacionado.

RESEÑA

Plaza de toros del BIVA de Bilbao. Tres cuartos de entrada. Un toro para rejones de San Pelayo y seis más de Jandilla y Vegahermosa (7º), para la lidia de a pie, parejos, más seria y propia de Bilbao la segunda mitad, así como el toro de rejones. Exigentes, en su conjunto. El 1º, parado y reservón; el 2º, con movilidad, tendió a vencerse por dentro; el 3º, deslucido y sin poder; el 4º, con movilidad, duró lo que duraron sus inercias; el 5º, áspero por el derecho, mejor por el izquierdo; el 6º, deslucido y sin raza; y el 7º, enrazado y duro, embistió con carbón, terminó rajándose.

Pablo Hermoso de Mendoza, ovación.

José María Manzanares (de gris plomo y oro), oreja y ovación tras aviso.

Alejandro Talavante (de verde botella y oro), silencio en ambos.

Roca Rey (de mandarina y azabache), oreja y oreja con fuerte petición de la segunda.

Incidencias: Antes del paseíllo, se ofreció un aurresku de bienvenida a los actuantes. En el tercero, se desmonteraron en banderillas Fini y Manuel Izquierdo.

 

 

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