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Las dos vías de un Paco Ureña que vuelve a triunfar en Bilbao

Regresaba Paco Ureña al Bocho después de aquella tarde de cuatro orejas antes de la pandemia. Vida y media desde entonces. Como hemos cambiado, que dirían Presuntos Implicados. Pero lo que no ha variado es el idilio del torero murciano con Bilbao. El de Lorca paseó sendas orejas esta tarde y lo hizo por las dos vías. Así, se vio ese toreo de entrega sin límites, de actitud y aplomo, de querer mucho, made in Ureña, con el tercero -que se dejó crudo para apostar y llegó con embestida fuerte y poder a la muleta, que lo hirió al entrar a matar-. Pero también se vio un toreo relajado, con buen trazo y pleno de naturalidad en el sexto, toro noble, con ritmo y clase, de una corrida bien presentada y con romana de El Puerto de San Lorenzo y La Ventana. Por ambas vías, llegó a la vereda del triunfo. Junto a ese lote con mimbres de Ureña, el otro toro relevante del encierro fue el segundo. De buen pitón derecho, le cortó una oreja -inevitablemente comparada con la de Roca Rey del día anterior… Matías, mediante- Talavante, sustituto contrarreloj del peruano, lo que obligó a que el festejo comenzara casi media hora tarde. Morante, que dejó fogonazos caros en el primero, pechó con el peor lote de una corrida desigual en comportamiento.

Cuesta arriba y ensillado, fino y largo, el tercero, con el hierro de La Ventana del Puerto, fue también toro fino y acodado de pitones, que echó las manos por delante de salida. Apenas recibió castigo, dos leves picotazos, porque salió huido en ambos encuentros y Ureña pidió el cambio. Echó la cara arriba en banderillas y apretó para dentro. De hecho, derrotó en el segundo par trastabillando a Azuquita contra las tablas, fuerte golpe. No lo hirió, pero lo se le ve mermado por el impacto con las maderas, por lo que ayudado por dos compañeros, pasó a la enfermería.

Comenzó por bajo, con rodilla genuflexa, para tratar de someter al toro que se quedó muy crudo. Lo siguió estando en las tandas posteriores, que tuvieron emoción por esa viveza del toro. Ureña le tragó mucho, porque, en ocasiones, se vencía por dentro, sobre todo, a partir del tercer, cuarto muletazo, que le costaba más. Por eso, le trató de ganar siempre un paso entre cada pase. Muy cruzado, al natural, de uno en uno. Entregado y con mucha verdad. Se volcó sobre el morrillo y recibió un fuerte pitonazo, seco, en la parte alta del muslo, casi en el triángulo de Scarpa. Oreja con fuerte petición de la segunda  y, tras pasearla, acudió a la enfermería.

 

Regresó para lidiar un toro fuerte, hondo y con romana, el de mayor peso del encierro y por encima de los 600 kilos, acapachado y astifino, serio. Repitió en el percal de Ureña ese sexto, aunque sin lucimiento. Colocó bien la cara después y fue toro de medido motor, se le protestó lo suyo, pero pasó el corte. El murciano comenzó el trasteo a pies juntos a dos manos. De cartel, la trinchera del remate. Creció el trasteo al tomar la pañosa con la zurda, corriendo la mano y vaciando la embestida por debajo de la pala del pitón. Siempre con ritmo el toro. Tras insistir por ese pitón, hay menos rotundidad al volver a la diestra. Más descompuesto ahí el toro, que tuvo gran nobleza y profundidad. Por eso, regresó al toreo a la zurda ligando un circular y el de pecho. Si en su primer toro hubo entrega, en este, se ve un toreo más relajado y naturalidad en los muletazos. Una tanda postrera toreando al natural con la diestra dio paso a unos muletazos de rodilla genuflexa de enorme sabor. Bastó con la estocada delantera y algo caída para que doblara. De nuevo, hubo trofeo.

Fino de cabos y bajo, con buen cuello, más estrecho de sienes y con las puntas mirando al cielo, salió suelto y a su aire el segundo. Embistió con suavidad en los lances a la verónica del recibo de Talavante, lo mejor, la media. Se dejó pegar en varas y se movió en banderillas. Después, el pacense comenzó por estatuarios, impávido, sin enmendarse, a pies juntos abrochando la tanda a con el cambiado por la espalda y el de pecho. Tuvo movilidad el toro, y ritmo, siendo más franco por el derecho. Los derechazos fueron ganando rotundidad y limpieza a medida que avanzaba la tanda. Trazo exquisito en cada uno de los muletazos, ceñidos y con ajuste. Fue a más el trasteo. Lo mató de estocada algo desprendida con descabello y afloraron los pañuelos de manera tibia. Petición a más, que Matías acabó concediendo, de manera un tanto sorprendente, viendo el listón del día anterior.

Cuba‘, nombre de buena reata en la casa, el quinto fue un toro con alzada y mucho pecho, fuerte, hondo y voluminoso, tocadito de pitones, mirando las puntas al cielo. Descolgó en los capotazos iniciales de Talavante, aunque la tomó con cierto temple. Echó la cara arriba en el paso por el caballo y cumplió el trámite en banderillas. Talavante brindó al público y se lo sacó a los medios en un inicio en el que intentó darle celo, porque tuvo bondad, pero a partir del tercer muletazo, le costaba más y tendió a pararse. El público rugió en un largo y precioso cambio de mano al final de la segunda tanda. Sin embargo, fue un espejismo, porque el toro acusó cada vez más esa falta de movilidad, especialmente, a contra querencia, para dentro, se los tragaba algo más. Imposible, por ello, ligarle y dar ritmo al trasteo. Lo mató de estocada certera.

Basto de hechuras y de lomo recto, con mucho esqueleto y poco cuello, enseñaba las puntas el primero, que tuvo cierta codicia en el percal de Morante, si bien, lo hace echando las manos por delante y derrotando. Aún así, el sevillano logró robarle alguna verónica estimable y templada. Empujó abajo en el peto, pero saliendo suelto en cuanto pueda. Dio una vuelta de campana en banderillas, aunque no pareció afectarle. Morante comenzó por bajo el trasteo, con torería. Se lo sacó entre las dos rayas, ahí en paralelo a tablas trató de construir una faena compleja, porque el animal, en ocasiones, se vencía por dentro y, cuando no lo hacía, su recorrido tampoco era un dechado. El sevillano le consintió mucho y, así, cerrándolo más, logró robarle dos tandas con la diestra muy meritorias. Con derechazos sueltos de enorme hondura, toreando muy encajado, y remates bellísimos. Del afarolado a la trincherilla. Sin embargo, no hubo continuidad. Tras un final a dos manos, lo mató de estocada en el sitio y saludó desde el tercio.

También con el hierro de La Ventana, procedencia Domecq, el cuarto fue un colorado largo y voluminoso, lleno y con cuajo, bajo y de perfectas hechuras, con cuello, que se frenó en el recibo de Morante, que no pudo estirarse. Cumplió en las dos varas y se dejó en banderillas. Después en la muleta del sevillano fue un animal carente de empuje y casta. El cigarrero dejó un par de ayudados de categoría y una trinchera de cartel, así lo sacó al tercio. Ahí trató de prolongar sus embestidas, pero fueron siempre defensivas y echando la cara arriba. Cada vez más corto, Morante lo mostró por ambos pitones y fue por la espada. Lo mató de media estocada en muy buen sitio.

RESEÑA

Plaza de toros del BIVA Bilbao, en BilbaoEspaña. Séptima de las Corridas Generales. Tres cuartos de entrada. Toros de El Puerto de San Lorenzo, bien presentados y con romana. El 1º, con poco recorrido, se acostaba en el viaje; el 2º, con ritmo y movilidad, mejor por el derecho; el 3º, con poder, se lo dejó crudo Ureña, y tuvo violencia y embestida fuerte en la muleta; el 4º, de poca movilidad, a la defensiva y sin entrega; el 5º, tardo y de escasa movilidad, a menos; y el 6º, buen toro, con ritmo y clase.

Morante de la Puebla (de tabaco e hilo blanco), ovación y silencio.

Alejandro Talavante (de marino y oro), oreja y silencio.

Paco Ureña (de rioja y oro), oreja en ambos.

 

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