spot_img

Bilbao: Valadez vuelve a puntuar con un ‘Cotorrito’, de Santiago Domecq, para emcumbrarse

Cotorrito‘, a expensas del Omega a cargo de Miura, fue el toro de estas Corridas Generales. Un superclase, definido desde el Alfa, con fijeza y prontitud a raudales, que derrochó profundidad sin límites, al fin del mundo en cada embestida, siempre por abajo, siempre abriéndose, haciendo el avión. Para encumbrarse el de Santiago Domecq, que lidió una corrida sin mácula en trapío, seria de verdad, cinqueña con varios merodeando los seis años y de interesante comportamiento. Porque también hubo un encastado primero, de apuesta, y dos toros con calidad y buenos, segundo y quinto, a los que sólo faltó una brizna más de poder. Este ‘Cotorrito‘ de bandera permitió a Leo Valadez sumar su cuarta oreja de esta temporada en plaza de primera. Tras Madrid, Pamplona y San Sebastián, también puntuó en Vista Alegre. Ferrera, por su parte, dio una vuelta al ruedo, mientras que Garrido echó una tarde tan seria como convincente.

Con seis años en este mes, muy serio, amplísimo de cuna, astifino desde la mazorca y enseñando las puntas, pero un taco de hechuras, el bajo, pero ensillado, tercero embistió con ritmo y colocando la cara en el variado saludo de Valadez, que fundió verónicas, caleserinas y una preciosa larga cordobesa. Muy campera. Cumplió en varas el de Santiago Domecq, que siguió derrochando virtudes. De categoría. Milimétricas zapopinas, de infarto, citando en largo con el toro arrancándose como un expreso, que remató el azteca con la serpentina. Declinó banderillear el mexicano, que brindó después al público.

Tras doblarse en el prólogo, se la puso con la derecha y el animal respondió con una profundidad inmensa. Se abría mucho en cada embestida, haciendo el avión por abajo. Excelente. Valadez le otorgó distancia y corrió la mano en tandas cortas. Larguísimos los de pecho y los cambios de mano. Hubo uno eterno, prácticamente circular. Al natural, el toro, un superclase, acrecentó aún más todas esas virtudes de ritmo, profundidad y clase. Sin embargo, Valadez logró mayor entidad en redondo. Epilogó por manoletinas, echándose de rodillas a mitad de la serie. El estoconazo, de premios, entrando la espada como cuchillo en mantequilla, muy despacio. Oreja para el torero y fuerte ovación para el toro, que debió recibir la vuelta al ruedo. El toro de la feria hasta el momento este ‘Cotorrito‘.

Con mucha dimensión de pitón y amplísimo de cuna, abriendo mucho la cara, bajo y bien proporcionado, a falta de un mes de los seis años, mostró buen tranco y son en su salida de chiqueros, pero un volatín le hizo mella y fue devuelto. Salió en su lugar un sobrero del mismo hierro, basto de hechuras y con mucha romana, largo y de espectacular alzada, destartalado y abriendo la cara. Tampoco anduvo sobrado de remos. Valadez no puede lucir su repertorio con el percal esta vez, porque, aunque era pronto, soltó mucho la cara. El mexicano, muy firme, intentó arrancarle los muletazos, que no era nada sencillo, porque vino siempre sobre las manos y sin entrega. Desentendido, pero sabiendo lo que dejaba atrás. Intachable disposición del hidrocálido, que lo mató de estocada un punto trasera.

Más melocotón que colorado, voluminoso y musculado, de poco cuello, veleto y enseñando las palas, abierto de sienes, rompió plaza un animal al que Ferrera saludó con una verónica de rodilla genuflexa tras pasar su capote verde por encima de los hombros. Con reminiscencias de El Pana. Echó las manos por delante el de Santiago Domecq y se dejó en varas. El quite de Garrido, a pies juntos. Se lo sacó más allá de las dos rayas Ferrera, a pesar del viento, en aumento. El toro, encastado, iba con todo en el inicio. Tras una tanda más poderosa con la diestra, apretándolo pues tuvo disparo, se echó la mano a la zurda y logró excelentes naturales. Un par de ellos ralentizando la embestida del animal, más atemperado ya. Acortó las distancias y logró en la tanda final a base de ganarle un paso, templar las medias arrancadas, muy reunido y vertical, con belleza. Lo mató recibiendo de estocada perpendicular y caída, recibiendo un pitonazo seco en el brazo. Asomaron los pañuelos, pero el palco no concedió el trofeo y dio una vuelta al ruedo.

De perfectas hechuras como el anterior, bajo, corto de manos y de lomo recto, acapachado y estrecho de sienes, armónico, pero con expresión de gran seriedad. Salió enterándose, escarbando, no permitió el lucimiento de Ferrera con la seda. El de peor pelea en el peto hasta ese momento y hubo que llegar mucho en banderillas. También resultó después el más deslucido del envío, porque anduvo muy medido de motor, perdió las manos en más de una ocasión y cada tanda fue un ‘volver a empezar’ para el torero nacido en Ibiza. Trató de buscarle las vueltas por uno y otro pitón, pero el burel cada vez más gastado y aplomado, protestó más. Buena estocada.

Toro bajo y lleno, imponente y tremendamente astifino, el acapachado segundo, musculado, echó las manos por delante de salida en el percal de Garrido. Lo mejor, la media. Escarbó lo suyo el toro, pero después empujó de verdad con los riñones hasta las tablas en ambas varas. Dos buenos puyazos de Aitor Sánchez. Valadez entró en la tarde por angostas chicuelinas. Apretó para dentro en banderillas. Garrido construyó una faena inteligente, cuidando la puesta en escena y las distancias, administrando los tiempos porque el toro, pese a que tuvo nobleza y calidad, le faltó empuje. Vida. Tardo, le costaba mucho y el extremeño, a base de provocarle la embestida, logró dar interés -y buen trazo- al trasteo, pese a la falta de ligazón. Muy centrado. Pinchazo y pinchazo hondo, antes de saludar desde el tercio.

Ovacionado de salida, un tío, muy serio, enseñando las palas, de pitón negro y mazorca blanca, con mucha longitud de pitón, aunque sin abrir la cara en exceso, el más despegado de tierra del encierro. De buen cuello. Tuvo ritmo este castaño, que quiso humillar y colocó la cara en el notable saludo a la verónica de Garrido. Templado y cadencioso, ganando terreno en cada lance hasta la boca de riego. Las dos medias, superiores. Se le midió mucho el castigo en el caballo. Garbosas las chicuelinas, de mano baja, cerrando el compás de Garrido. La larga, una delicia. Chicuelina y templada cordobina en el quite posterior de Valadez. Se desmonteró Javier Ambel, con las farpas.

Garrido hizo una declaración de intenciones, sorprendiendo, en el inicio de trasteo toreando a dos manos, por ayudados, de rodillas. Fue una labor de largo metraje, con series largas, dando un tiempo entre muletazos al toro, que lo agradeció siempre. Porque fue toro humillador, pero que acusaba cierta falta de empuje. Con una brizna más de poder, otro toro de bandera. Muy serio el extremeño, ceremonioso y tratando de torearlo despacio. El final, al natural, citando de frente a pies juntos. El pinchazo hondo, casi media, bastó para que doblara y fue ovacionado.

RESEÑA

hierro santiago domecq

Plaza de toros del BIVA Bilbao, en BilbaoEspaña. Penúltima de las Corridas Generales. Un cuarto de entrada. Toros de Santiago Domecq, el sexto como sobrero, bien presentados y muy serios, corrida cinqueña y con edad. El 1º, pronto y con disparo, encastado y con transmisión; el 2º, noble y con calidad, pero de poco empuje y vida; como el humillador 5º; el 3º, excelente toro, el animal de la feria, de enome fijeza y prontitud, con clase y una profundidad inmensa, humillando y haciendo el avión en cada embestida; el 4º, deslucido y, por su medido motor, aplomado pronto; y el 6º, complicado y sin entrega, soltando mucho la cara.

Antonio Ferrera (de sangre de toro y oro con remates en negro), vuelta al ruedo tras petición y silencio.

José Garrido (de canela y oro), ovación y ovación tras aviso.

Leo Valadez (de nazareno y oro), oreja y silencio.

Incidencias: En banderillas, se desmonteró Javier Ambel, en el quinto.

spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img

RELACIONADO

spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img