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Convincente presentación sin espada de Damián Castaño en Bilbao, vuelta al ruedo en el reservón regreso de Dolores Aguirre

Damián Castaño, que toreó con las secuelas de su tremenda voltereta días atrás en Cenicientos (Madrid), dejó una grata y convincente impresión en su presentación en Bilbao, este domingo. El charro, muy despejado y seguro toda la tarde, dio una vuelta al ruedo en el segundo, del que perdió premio con los aceros, en el agridulce regreso de los astados de Dolores Aguirre a Bilbao, dos décadas después. El hierro de la ganadera vasca no pudo ser profeta en su tierra y lidió un encierro reservón y que no tuvo entrega alguna, con animales de muy poco recorrido y escaso embroque. Con ellos, tanto Bolívar como Román no tuvieron apenas opciones.

Precioso y entipado, con casi cien kilos menos que el anteiror, el segundo fue un toro salpicado más proporcionado, vareado y musculado, que salió suelto tanto en el recibo, a favor del toro de Damián Castaño, como en ambas varas. Buen segundo puyazo de Héctor Piñas. Marcó querencias y echó la cara arriba en banderillas. Castaño comenzó la faena sin probaturas, directamente con la diestra. El secreto del trasteo fue darle siempre celo, a base de mando y toques secos, para someter la embestida de un animal al que faltó entrega, sobre todo, finales. Toreó muy reunido, cuidando siempre el embroque y con mucha convicción. Siempre dejando la muleta muy puesta, para que el toro no pudiera rajarse, en cuatro tandas con la diestra limpias y emotivas. Con la zurda, le costó más sujetarlo y acabó huyendo. Faena importante y decidida del charro, que pierde premio con la espada. Dos pinchazos y estocada.

Amplio de cuna, enseñando las puntas, hondo y largo, toro lleno y con mucho cuajo, el quinto fue un salpicado imponente, con expresión de enorme seriedad, que no se deslizó en el percal de Damián Castaño de salida, pues se emplazó. Empujó en varas echando la cara arriba. Muy reservón, midió mucho en banderillas. El salmantino trató de torearlo entre las dos rayas, siempre en paralelo a tablas, tratando de provocarle la embestida, porque tardeaba lo suyo. Medias embestidas siempre, reservón de verdad. Castaño, con este material, sólo pudo mostrar firmeza y decisión. Lo mató de media atravesada y un descabello.

Muy serio y abierto de cuerna, enseñaba las palas el primero, basto, hondo y despegado de tierra, rompió plaza un animal que se ovacionó de salida. Salió suelto y echó las manos en el saludo de Bolívar. Recibió dos varas traseras, en las que cumplió sin alardes. Tampoco lo hace en las telas, sin humillar apenas. Cortó y apretó para dentro en banderillas. Continuó sin humillar en la muleta del colombiano, cada vez más agarrado al piso y costoso. Logró una tanda de enorme mérito con la diestra, a media altura, a base de provocarle la embestida ganándole un paso. No hay continuidad, porque el toro no tuvo ritmo y no descolgó jamás. Tras un pinchazo, se volcó en el morrillo, a toro parado, y dejó un espadazo de premios, recibiendo un pitonazo seco en el pecho. Incomprensiblemente se ovacionó al toro y silencio para el bravo caleño.

Chorreado y engatillado, con desarrollo de pitón, el cuarto fue un toro bajo y de lomo recto, que salió muy suelto y sin fijeza. A su aire, no pudo estirarse Bolívar a la verónica. Empujó el de Dehesa Frías en el peto, en dos varas largas, porque se le tapó la salida para evitar la huida como sus hermanos. Embistió a arreones en banderillas. Muy irregular en cada una de sus embestidas, siguió pendiente de todo, sin fijeza. Bolívar trató de ayudarlo de romper en la muleta, sacándolo casi a los medios, pero no había nada que hacer, muy reservón, de poco recorrido y descompuesto. Por ello, no tardó en ir por la espada. Pinchazo y estocada para matarlo.

Muy astifino desde la mazorca, serio de verdad, fuerte y con mucho pecho, con gran alzada, el largo tercero fue un colorado ojinegro con cuello, que repitió y tuvo fijeza en las buenas verónicas de Román con el capote. Salió suelto del doble paso por el caballo. Perdió las manos en banderillas. El valenciano no especuló y, tras brindar al público, lo citó desde los medios. Pronto y en la mano, aprovechando el tranco y las inercias del toro de Dolores Aguirre. Volvió a otorgarle distancia en la tanda posterior y mantuvo ese buen son, pero a media altura. Sin embargo, al acortar las distancias, sin esas inercias ya, no tuvo el mismo brío en su embestida. Incluso perdió las manos en más de una ocasión. Tampoco ayudó un desarme. Por la izquierda, la faena no tuvo vuelo, porque el toro es aún peor. Pese a la voluntad de Román, que lo mató de estocada y descabello, no rompió la faena. Fue ovacionado.

Cerró plaza un astado largo y rematado, bien presentado, pero proporcionado y armónico, dentro de su hondura y cuajo, que abría mucho la cara. Echó las manos descaradamente por delante en el recibo de Román a la verónica. Se arrancó con alegría al caballo y, generoso, el valenciano lo quiso lucir con una tercera vara desde los medios, muy ovacionada, como el picador, Chocolate. Se lo sacó a los medios y pareció tener más transmisión el toro, pero fue un espejismo. Le ofreció la muleta con la zurda, sin preámbulos de nuevo, y el animal no rompió. Sin apenas recorrido, muy parado, agarrado al piso de verdad, Román a duras penas logró ligar dos tandas -sin humillar- antes de coger el acero.

RESEÑA

Plaza de toros del BIVA Bilbao, en BilbaoEspaña. Un cuarto de entrada. Toros de Dolores Aguirre, bien presentados. El 1º, agarrado al piso y sin entrega, reservón; el 2º, mansurrón, le faltó entrega, finales, sobre todo; el 3º duró mientras duraron sus inercias; el 4º, reservón y descompuesto, muy deslucido; como el 5º, toro muy reservón y de media arrancada; y el 6º, bravo y con alegría en varas, muy reservón y a la defensiva en la muleta, echó la persiana en la primera tanda.

Luis Bolívar (de catafalco y oro), silencio en ambos.

Damián Castaño (de marfil y oro), vuelta al ruedo y ovación.

Román (de espuma de mar y oro), ovación y silencio.

Incidencias: En el sexto, fue ovacionado el picador Chocolate, por sus tres varas.

FOTOGRAFÍAS: Andrew Moore

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