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Béziers: Roca Rey llama, Manzanares vuelve

El peruano deja los compases más reseñables frente al último del festejo, un buen toro de Victoriano del Río, sin trofeo por la espada, y corta la única oreja de la tarde al primero de su lote. El alicantino, por su parte, se sobrepone a la tarde mostrándose muy superior frente al lote más áspero, a pesar de la voltereta sufrida en el primero de sus toros. Lea Vicens no halló fortuna, emborronando buenos compases con el mal uso del rejón de muerte.

Y entre calores y polvo, agosto taurino, y hay toros en Béziers. Roca Rey pisó fuerte con un buen Victoriano y le cortó una oreja a otro dándole el empuje que le faltaba, y Manzanares estuvo hecho un tío. Volvió en sí, tras unas cuantas tardes en las que no se terminó de encontrar. Plaza llena, alegría fue. Se lo puedo contar, señoras y señores.

Y es que estamos aquí, quién lo iba a decir, y no es por reducirme a la forma más baja de conversación, pero no me hubiera imaginado poder freír un huevo en los asfaltos de esta ciudad. Si a Béziers le llaman la Sevilla francesa es por algo, y un servidor pensaba que tal calificativo no extrapolaba lo taurino. Se equivocaba el que les habla, pues estamos en agosto y se derriten los cristales. Fortuna mía que hubo toros en esta hermana de mi patria chica esta tarde, y puedo contarles más allá de la tarde que se quedó. Les hablaré de la tarde, más bien, tarde inaugural, de estreno. La primera del abono, de la Féria, como la llaman ellos. No se reduce al toro, pero todo gira en torno a él. No he tenido más que darme una vuelta esta mañana y otra al salir de la corrida para darme cuenta de que el centro neurálgico de la ciudad vienen a ser sus Arènes, dígase la Plaza de Toros de Béziers. Rebosan vida sus alrededores.

Tras el Carmen del paseíllo, un minuto de silencio y la Marsellesa, sonaron clarines para que abriese plaza Lea Vicens, que se enfrentaría a toros de Bohórquez. Su tarde fue de luces y sombras. No empezó con buen pie, pues le salió un toro más bien manso en lo general, que poco más que par de arrancadas con alma ofreció tras notable insistencia en el recibo, en el cual clavó arriba un solo rejón. En banderillas anduvo aquello algo disperso, con más entradas que pares puestos, e incluso hicieron de intermediarios los capotes, por ver si de alguna manera se podía traducir algo del idioma de a pie al ecuestre. No resultó, y el rejón de muerte no entró en buen sitio (media estocada trasera), por lo que tuvo que descabellar, acertando a la segunda. Pitos al toro, silencio para Lea. Ya en su segundo disparo pudo galopar más lucida, si bien éste de Bohórquez se movió con mayor brío desde el principio. En este segundo tiempo, pudimos ver una faena de mayor tú a tú, con Vicens bregando sobre los cuartos traseros y clavando arriba, también con un solo rejón de castigo. Llegó en mayor medida a los tendidos, con la mala fortuna de que repitió colocación con los aceros, y tuvo que tomar el verduguillo por segunda vez, con el que lo intentó repetidamente sin éxito hasta encontrarle al fin muerte. De nuevo, silencio.

Entramos en la lidia a pie. Hoy presenciamos dualidad, dos caras de una moneda. Capacidades, eso sí, muy similares, poniendo en común técnica y dominio del graderío.

Hoy quien golpeó para abrir fue Roca Rey, que bien podría haber salido a hombros de no ser por el mal uso de la espada en su segundo capítulo. Su tarde, como las que viene haciendo sonar últimamente, demostró lucidez sobrada. Este torero es muy inteligente, y no les hablo tanto del uno vs. uno frente al burel únicamente (que también), sino del saber llegar. Comunicar, con el propio cuerpo y sin decir palabra. Llega. Tuvo la suerte además de encontrarse con un buen toro de Victoriano, luego ovacionado en el arrastre, que embistió con alegría, raza e ímpetu, repitiendo, humillando. Andando, quieto, volviendo sobre sus pies, el peruano bajó mano y le estuvo a la altura, con la única pega de los terrenos, los cuales por momentos dominó el animal en los adentros y causó algún desarme. No tardó sin embargo Roca Rey en volverle a la cara, y terminó de meterse a la plaza en el bolsillo con un esta vez sí adecuado final por luquecinas. Se le fue con la espada, que, a pesar de ir casi entera y arriba, entró un tanto atravesada. Su calvario fue el atronarlo, y hasta dos avisos le sonaron en infinidad de intentos. Terminó por pasaportarlo, y se compadeció el público en la pérdida de los trofeos.

Pero no se fue con el esportón vacío gracias a su trabajada labor con el tercero de la tarde. Al animal le faltó empuje desde un primer momento, le faltó ese medio tranco final que termina de construir una embestida. No obstante, se enzarzó con él hasta someterlo, sin música que valiese aunque tan insistentemente la pidieran los tendidos (que llegaron a ser algo cansinos incluso, pero Dios les perdone). Se trabajó hasta el final, y una buena estocada remató aquello, terminando de arrancarle Roca Rey la oreja al animal.

Dicha oreja fue la única concedida en toda la tarde, como ya les comentaba. Pero no fue por no intentarlo. Hoy volvió un torero: José María Manzanares. No acabábamos de verle en lo que es últimamente, andando en una firmeza algo vacía, incompleta. Hoy ha vuelto a asomar cabeza.

Miren que le toco el peor lote, pero ahí estuvo el tío. Salió al fin a buscar lo que es suyo. Qué mala pata tiene el destino a veces, que justo cuando la predisposición se aúna llegan sombras ajenas para tapar el Sol, y eso le pasó a Manzanares, que en lo que quiso probar al natural con la muleta al colorado que hizo segundo, se lo vio en lo alto sin previo aviso en un arreón saliendo de los adentros en los que se encontraba aquerenciado y de los cuales quería sacarlo. Voltereta fea, por enganchón, por caída y por taleguilla rota. Aparentemente no le causó estragos mayores, por lo que, a pesar de aturdido por lo aparatoso del percance, se fue a por él en trance de superación, para intentarlo una y otra vez con un animal poco más calificable de manso peligroso, que poco tenía, y tosco era ese poco. Lo mostró, lo intentó, y lo comprendimos: había que matar, y aun en ese percal le sentó una estocada en todo lo alto al cornúpeta, que no tardó en morirle. Pitos al toro, ovación al torero, que saludó.

¿Qué quedaba otro? Pues al lío. Pantalón vaquero por encima de la taleguilla y aquí paz y después gloria. No se le vio capote por rápido cambio de tercio, al menos compensó en el peto el animal. Se le asomaron en garapullos los hombres de plata, y en esas llegó al faenar. No se le vio mayor garra, pues fue escaso de fuerzas para derivar en brusco, de vueltas cortas y tornillazo. Lo buscó sin amedrentarse, lo cual le otorgó honores en una tarde en la que se encontró pozos con apenas agua. Este lo pinchó, no obstante. Dos veces. A la tercera fue la vencida, sin tardanza. Escuchó el silencio. Y todo ello en vaqueros.

Pues les hablo del ganado, cómo no. Dos de Fermín Bohórquez, una de cal y otra de arena. Uno rajado, el primero, desentendido de engaños, de corto recorrido, y un segundo que se movió en mayor medida, al que le faltó ser un tanto más pronto. No fue mala la presentación afortunadamente, pero de los pitones mejor ni hablo. Una cosa es limar y otra cosa es eso. En fin, nada nuevo. Por otra parte, 4 de Victoriano, de los cuales se salva uno, el último, que dio los mejores compases de la tarde. Si hubo otro con opciones, digamos que fue el tercero que salió de toriles, animal incompleto en juego, que al menos supo entender Roca Rey. Aparte, un manso peligroso (el 2º, como ya les dije) y otro más bien insulso, al que había que buscar sin reseñable recompensa (el 5º, vaya). Al menos empujaron bien todos en el caballo, aun sin encontrar tanta puya, y vinieron bien presentados, sin pegas en ese sentido.

Se va así el Sol, y nosotros nos quedamos, que ahora es cuando se está bien aquí. Hasta el lunes si me quieren aguantar podrán leer mi letra desde esta ciudad, la cual habrá que descubrir además de pasearla. Que si le llaman la Sevilla francesa y ya hemos comprobado que no se equivocan en gran medida, digo yo que algo tendrá, color especial, algo. Lo intentaré descubrir antes de irme. Descansen, que mañana vuelvo. Verso:

 

Si es Sevilla sin duda

Mi querida patria chica

Si esta en verdad es su hermana

Como poco será bonita.

 

RESEÑA

hierro victoriano del río

Plaza de toros de Beziers (Francia)Francia. Primera de feria. Casi lleno. Toros de Fermín Bohórquez Victoriano del Río, bien presentados. Destacaron el 4º, codicioso, con son y duración; y el 6º, toro importante y encastado, tuvo prontitud, transmisión, clase y profundidad.

Lea Vicens, burdeos y azabache, silencio en ambos.

José María Manzanares (de azul pavo y oro), ovación y silencio.

Roca Rey (de tabaco y oro), oreja y silencio tras dos avisos.

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