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Balas sin pólvora en Sevilla

Tres presentaciones tres, esto es nada menos que Sevilla. Jueves de junio, ya saben la historia: novillada. Ha llegado el verano y el fresquito ha querido venir a vernos, como si la ironía no fuera o fuese suficiente, tras el añito que llevamos de mangas cortas. Sevilla es mucha mujer, y no es fácil de contentar, no es fácil de querer. Si bien esto del morir frente a los marfiles no es fácil, aunar ambos caminos se hace una de las tareas más complicadas de cumplir en esta vida. En la otra, ya veremos. 

El Melli demostró oficio a lo largo de la noche, frente a unos tendidos que estuvieron con él desde el principio. Lo mejor de su presentación en el albero maestrante lo dejó en su segundo, utrero de desarrolladas hechuras, al cual recibió con dos largas cambiadas de rodillas, captando y calentando al público en primera instancia. Manejó bien el capote para colocar en el caballo, al que el colorado de Torrehandilla acudió para derribar en la primera entrada, peleando con empuje en la segunda. Buenas sensaciones dejó tras las dos varas, arrancándose desde la distancia a los cites de los capotes.

Brindó El Melli al público de Sevilla, sediento de acontecimiento. Lo encontró en la labor del novillero sanluqueño, que tuvo delante a un oponente pronto y fijo. Hasta sonó Tejera en faena por primera vez en todo el festejo. No destacó la res por su recorrido, acortándolo de facto tras pocos muletazos. En remedio a la circunstancia, el de Sanlúcar tiró voluntariosamente de recursos para hilar obra, lo cual movió al animal y a los tendidos en cierta medida. Comedida fue la faena en duración, tomando la espada matando arriba, precipitándole una generosa petición que llevó a la generosa concesión del trofeo. 

En su primero no halló fortuna al encontrarse con un animal suelto que se rajó sin tardanza alguna, huyendo de allá donde se le presentase franela, hasta de la propia querencia. Bien es cierto que fraguó un buen recibo capotero y posterior quite, pero en cuanto a la pañosa poco más que su querer se pudo ver. Lo mató de pinchazo hondo, media estocada tendida y baja, y estocada caída y tendida, echándose para luego levantarse el utrero en dos ocasiones seguidas, a lo que descabelló acertando a la primera.

Lalo de María fue la viva imagen del intento sin respuesta. No empezó su tarde de la mejor manera. En lo que desplantaba tras quitar por verónicas al primer novillo del festejo, le perdió la cara y resultó prendido sin cornada, siendo apalizado en el suelo seguidamente. Denominador común tuvieron sus dos capítulos: querer sin haber. Parecía en ambos que podía tener opción de inicios, pero nunca cuajó su porvenir.

El que hizo segundo fue quizás más desagradecido que el quinto que le salió de toriles, pues este último le permitió mostrarse en mayor medida, templando algún que otro despacioso natural que puso el ole en la boca de los tendidos. No acabó en el quite la voltereta, pues volvió de la mano del repentino paro del jabonero quinto en la muleta a mitad de recorrido, que se presentó sin tapujo y por todo lo alto para mantenerse ahí durante el resto de la faena. No hubo consecuencia de nuevo. Mató a su primero de media estocada delantera de rápida muerte y a su segundo con una un tanto caída que tampoco hizo esperar a la parca. Fue silenciado en ambos casos.

Joselito Sánchez, por su parte, tuvo serios problemas para hallarse dentro del redondel del Baratillo. Frente a un lote que, sin ofrecer tampoco gran cosa, apretaba y exigía, no consiguió asomar cabeza en lo que Sevilla le veía por vez primera con los del castoreño. En esas, no conectó en absoluto con el público, y en medio del quemar de sus pies sobre el albero dorado, no tuvo mayor consuelo que la espada, la cual no precisó entradas de más para cumplir con su sino. 

La novillada de Torrehandilla, como podrán deducir, no presentó más que hechuras, serias hasta decir basta, rozando el estatus de toro en más de uno de los animales que pisaron el ruedo de La Maestranza, si bien no serían toros a lidiar en ella en estos tiempos que corren. Fue mansa, sólo dando esperanzas cuarto y quinto, hallando el cuarto mejor recuerdo por pronto y fijo, quedándose el quinto en algo que no sabremos si pudiera haber sido. Por lo demás, mansos, y más en manos a las que les queda mucho por trabajar.

Entre aires que se arremolinan sobre los pelillos de la piel, se vuelve uno a la vera del Río. Sevilla es muy difícil, casi imposible de querer. Y raro es que en un primer amor suenen las campanas. Verso:

Por ser tan bella mujer
Difícil de contentar
Es complicada de querer
Y más difícil es de amar.

 

RESEÑA
Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería, en Sevilla España. Un tercio de entrada. Novillos de Torrehandilla, serios y con trapío, pero deslucidos y de nulas opciones para la terna.
El Melli, (de blanco y oro), silencio y oreja.
Lalo de María, (de tabaco y oro), silencio y ovación.
Joselito Sánchez, (de berenjena y oro), silencio en ambos.
Incidencias: al finalizar el paseíllo, se guardó un minuto de silencio por el fallecimiento de Andrés Vázquez.
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