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2022: Un año de pérdidas irreparables

Se va 2022. Un año en el que el mundo del toro ha llorado la muerte de demasiados profesionales y aficionados. Las vidas de reconocidas figuras del toreo de las décadas entre los 50 y 70 se apagaban. Ganaderías de la cabaña brava se quedaban huérfanas de sus propietarios. Esos que lucharon durante años para sacarlas adelante. Miembros legendarios de cuadrillas de arte hacían su último paseíllo. Y las voces inconfundibles de algunos periodistas se quebraban.

Cuando la Navidad pasada llegaba a su fin, fallecía Jaime Ostos en Bogotá. Ciudad a la que había ido a pasar esas fechas. El 8 de enero se paraba su «corazón de león». Fue un torero de raza, que miró de frente en muchas ocasiones a la muerte. Como aquella tarde de 1963 en Tarazona de Aragón. Su carrera también estuvo marcada por su poder y su contundencia con la espada, desde que tomara la alternativa el 13 de octubre de 1956 en Zaragoza de manos de Miguel Báez «Litri» y Antonio Ordóñez.

Litri con sus partidarios el día de su alternativa (Fotografía Isidoro, colección del autor).

Precisamente su padrino de alternativa también nos dejaba en la primavera a los 91 años. Miguel Báez «Litri» era nieto, hijo, hermano y padre de toreros. Tuvo una trayectoria meteórica de novillero, que hizo que se doctorara con tan solo 20 años. El acontecimiento tuvo lugar el día de la Hispanidad de 1950 en Valencia junto a Cagancho y Julio Aparicio. Su quietud y valor lo llevaron a ser considerado un matador tremendista, llegando a salir hasta en siete ocasiones por la Puerta Grande de Madrid.

El dolor de la familia Báez-Spínola se perpetuó dos semanas después, cuando la esposa del diestro onubense, Concha Spínola fallecía a causa de un infarto.

El 21 de febrero partía a los 86 años Joaquín Bernadó, el torero catalán más importante. Hizo hasta 243 paseíllos en Barcelona. Tomó la alternativa en Castellón, el 4 de marzo de 1956 actuando como padrino Antonio Bienvenida y como testigo Julio Aparicio con toros de Manuel Arranz. Destacó por su técnica depurada y su elegancia. Dejó para la eternidad su pase de la «bernadina», tan popular ahora para firmar las faenas. Además, fue profesor de la Escuela Taurina «Marcial Lalanda» y narró multitud de festejos frente a las cámaras de Telemadrid.

Pocas semanas después, moría Gabriel de la Casa. Llegó al escalafón de matadores el 9 de agosto de 1965 en la plaza ciudadrealeña de Manzanares. El Cordobés y Víctor Manuel Martín fueron testigos de aquella tarde en la que cortó cuatro orejas y un rabo. Consiguió un gran éxito en América, especialmente en Colombia, Venezuela y Ecuador. Tras retirarse, se dedicó a las labores tanto de apoderamiento como de empresarial

Un día después, la muerte volvía asolar al mundo del toro. En esta ocasión perecía Manuel Amador, el primer torero gitano de Albacete, quien fue un regio defensor del toreo de su etnia. Su hijo del mismo nombre, continuó con la dinastía. En La Maestranza comenzó su andadura como matador de toros. Curro Romero actuó como padrino y como testigo lo hizo Carlos Corbacho. Aquella tarde también se anunció el rejoneador Álvaro Domecq, que mataron un encierro de Joaquín Buendía. Impartió su doctrina en la Escuela Taurina de Albacete y en las narraciones de las corridas de Castilla-La Mancha TV.

El 17 de junio se marchaba Andrés Vázquez. El diestro de Villalpando, que se forjó en las capeas de los pueblos, formó un binomio con Victorino Martín. De hecho, con 80 años mató un novillo del hierro de los cárdenos al que le cortó un rabo. Tomó la alternativa en Las Ventas en pleno San Isidro de 1956. Día en el que cortó dos orejas y salió en hombros. Fue una de las diez veces que lo hizo en Madrid en una carrera plagada de cornadas. Fuera de los ruedos, además de ser profesor de la Escuela Taurina «Marcial Lalanda», protagonizó tres películas.

En marzo decía adiós a los 90 años José Manuel Pereira Lupi, percusor del toreo portugués. Junto a Álvaro Domecq, Ángel y Rafael Peralta fueron denominados como «los cuatro jinetes del apocalipsis».

En el ruedo celestial se unieron los matadores de toros José Ruiz Baos «Calatraveño»; Clemente Castro «Luguillano Grande»; Antonio Vázquez Garcés, hermano de Pepe Luis y Manolo Vázquez; Antonio Rojas, también profesor de la Escuela Taurina de Albacete; Juan Antonio Navarro «El Andujano»; Pedro Santamaría; Luis Alfonso Garcés; y el portugués José Trincheira.

El campo bravo se tiñó de luto en varias ocasiones este año. A inicios del mes de enero, Huelva lloraba la pérdida del ganadero y empresario José Luis Pereda, uno de los últimos románticos del toreo. Haciendo uso de se afición desmedida, consiguió devolverle el brillo a La Merced, así como de crear una ganadería importante de encaste Núñez.

jose luis pereda

A penas 72 horas después, fallecía Javier Araúz de Robles a los 87 años tras una larga enfermedad. El ganadero logró imprimir su personalidad en su divisa. Era aficionado práctico, además de Abogado del Estado.

A principios de diciembre, moría Jaime Guardiola Domínguez por culpa de un ictus. Proveniente de una estirpe ganadera, era el propietario del hierro de Salvador Guardiola Fantoni, de procedencia Villamarta.

A todos estas perdidas se sumaron Ana María Gavira Martín, hija de Don Salvador Gavira; José Luis Montes, ganadero de Montealto; Rafael Miranda, propietario de Miranda y Moreno; y Alicia Chico, la última ganadera trashumante de ganado bravo.

El magnate mexicano, además de criador de toros y empresario, Alberto Bailleres nos dejaba a inicios de febrero. A su cargo estaban los hierros de San Miguel de Mimiahupam, Begoña, San Martín, San Teresa en México y Zalduendo en España. Su pasión por la Tauromaquia también le llevó a ser uno de los impulsores de La Plaza México. 

El sector empresarial decía adiós hace un mes a Pedro Pérez «Chicote». Durante su juventud, fue un novillero de éxito en su tierra, llegando a torear hasta siete domingos seguidos en la plaza de Granada. Su amor por su profesión se lo inculcó a sus hijos. Pedro, también torero y empresario, y Carlos, banderillero. Por otra parte, era el director de la Escuela Taurina de Atarfe.

Otro empresario y reconocido apoderado, Roberto Espinosa, se iba a los 84 años el pasado mes de junio. Dirigió con éxito las carreras de matadores como Emilio Muñoz, Dámaso González, Luis Francisco Esplá, Dávila Miura, Rafaelillo, Rubén Pinar o López Chaves. Junto a Simón Casas, sacó adelante proyectos en las plazas de Valencia, Castellón y Nîmes.

Con respecto a los hombres de cuadrilla, se marchaban dos legendarios picadores. Benito Quinta Infante, patriarca de «Los Quinta» y mayoral de Concha y Sierra y de Marqués de Albaserrada, y Agustín Ladrón de Guevera, miembro de otra dinastía. Otros dos varilargueros que perecieron son Enrique Silvestre Salitas y Juan Gautico, además del banderillero sevillano Guillermo de Alba. En noviembre el toro de la carretera acababa con la vida de Manuel Vázquez, el que fuera chófer y mozo de espadas de Pablo y Guillermo Hermoso de Mendoza.

Las letras se emborronaron al conocer la muerte de Santi Ortíz, que demás de periodista y escritor, fue matador de toros. Un día antes, «el loco de la colina» Jesús Quintero expiraba. Periodista y aficionado, entrevistó a numerosos toreros con su peculiar estilo. En abril, se apagaba la voz de Paco Romera, narrador de los encierros de San Fermín en Radio Nacional de España. También nos despedíamos de José Manuel Albendea, político y crítico taurino, que firmaba sus artículos bajo el seudónimo de  Gonzalo Argote. Del mismo modo, impulsó la creación de la Asociación Taurina Parlamentaria. Dominique Lapierre, autor de la famosa novela O llevarás luto por mí, escribía sus últimas letras.

La muerte tampoco ha entendido de edad. Sobrecogedoras fueron las pérdidas de Miguel Alfonso, forcado de 25 años, que moría en un accidente con un quads. El recortador Enzo Robert de 20 años recibió una cornada mortal en Saintes Maries de la Mer. Con tan solo 18 años nos dejaba el ganadero Ignacio López Chaves, hijo del primo hermano de Domingo López Chaves. El torero mexicano Manolo Guevara sufrió un paro respiratorio con 32 años. Y Emilio Miranda hijo se marchaba a los 43 años tras no superar una grave enfermedad con la que luchaba desde hacía varios años. Hijo del apoderado de mismo nombre, dirigió las carreras de diestros como Antonio Nazaré y en esos momentos lo hacía con la del novillero Marcos Linares.

Mención aparte merecen Antonio Sánchez y Rafael Morante, padres de Cristina Sánchez y Morante de la Puebla, y Mari Carmen García Cobaleda y Carmen Díaz, esposas de El Viti y Pablo Lozano hijo.

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