jueves, noviembre 26, 2020

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    Recorrido histórico, simbólico y cultural del toro de lidia

    Desde que la especie humana se propuso contar su Historia, el Toro siempre ha formado parte de ella. Todo comienza con el Uro (forma ancestral bovina), tras su salida de la zona comprendida entre los ríos Tigris y Éufrates en la antigua Mesopotamia emigró a distintos lugares, asentándose en Europa hace 275.000 años. Durante milenios, el hombre utilizó su astucia para cazarlo, pero hace 23.000 años un cazador cromañón en Dordoña (Francia) lo atacó de frente. Esta hazaña quedó inmortalizada en una pintura en la cueva de Villars, obra insólita, ya que por primera vez en la Historia de la Humanidad se representa a un hombre y a un animal interactuando. Nexo con citada representación gráfica tienen otros dos frescos hallados en grutas próximas a la de Villars. Realizada 4.000 mil años más tarde y a 35 km, la escena de Roc de Sers continúa la historia: después de provocar al animal, el hombre esquivará su embestida. Para concluir, 2.000 años después en Lascaux, el relato tendrá fin del: el sujeto antes de fallecer en la lucha herirá de muerte al Uro. Estas tres escenas componen un mito que circuló al menos, durante 6.000 años en la región francesa de Dordoña teniendo gran similitud con los tercios actuales de la lidia.

    Las pinturas halladas en estas cuevas poseen carácter religioso, siendo lo que se festeja al refugio de las miradas, el arrojo, la valentía y el esfuerzo de aquel que mata al toro arriesgando su propia vida con el fin de garantizar la supervivencia de sus iguales. Es por ende el cazador de Toros de Villars, la primera persona de la Humanidad cuya hazaña es cantada, mientras que el Toro es considerado una parte indispensable de la misma ya que sin él esta heroicidad no podría haber tenido lugar y posiblemente, la primera representación gráfica del ser humano interaccionando con un animal se hubiera demorado temporalmente.

    Continuando con este viaje en el tiempo, cabe destacar que, en toda el área del Mediterráneo, mientras que los descendientes del Uro no se doblegaban a la domesticación, se empezaron a desarrollar en las distintas culturas de esta región las Tauromaquias primitivas. Estas se daban en forma de cacerías o juegos, estaban unidas a cultos religiosos y lo más importante es que en todas, el Toro le permitía hombre al que se enfrentaba reafirmar su identidad, inmortalizándose así el mito primario nacido en Villars.

    8.500 años después de Lascaux, el cazador recolector pasa de ser nómada a sedentario. En Çatal Hüyük, los Hattis adoraban a la Diosa Madre de la Fertilidad y al Dios Toro de la Naturaleza. El Toro, cohabitaba en su santuario y, ya atado con una cuerda, encarnaba la incipiente domesticación. En esta ciudad durante 15 siglos, el Toro fue conducido desde su hábitat natural hasta las puertas de esta para ser sacrificado. En esta ceremonia, el animal era rodeado por hombres que corrían a su alrededor sorteando sus embestidas. Por lo tanto, se puede considerar este hecho como el nacimiento del primer encierro y de los recortes.

    Cuatro milenios después de la desaparición de Çatal Hüyük y 3.000 años antes Cristo, se originan los poemas épicos sumerios-acadios. Estos narrarán la hazaña de Gilgamesh, rey de Uruk, que será quien de muerte al Toro Celeste y pasará a simbolizar al héroe del primer mito de carácter escrito de la Humanidad. Será Gilgamesh quien sirva de inspiración para la leyenda de Melkart, héroe fenicio distinguido por Heracles para los griegos y como Hércules para los nacidos en Roma. Melkart, matará a su vez a este toro en Cádiz, y hasta allí los fenicios llevarán el mito.

    Dos milenios más tarde, nacerá la religión mazdeísta que dará origen en Persia al culto a Mitra, Dios Solar que restablecerá el mundo mediante el sacrifico de un Toro. Este culto será adoptado por diferentes culturas, entre ella por la romana y servirá de inspiración para numerosos rituales que tienen lugar en le religión cristiana.

    En Mesopotamia, el Toro encarna la fuerza. Matando al toro al igual que hacían Gilgamesh y Melkart, los reyes de este lugar se apropiarán de su poder, fortaleza y virtudes. Un siglo más tarde, el rey Shulgi, de la dinastía de Ur será elogiado por su habilidad a la hora de matar toros con ayuda de una lanza. Simultáneamente, en Ugarit, (Fenicia) nacerá el primer Sistema Universal de Escritura. El signo Álef que significa Toro se encontraba representado por medio de una cabeza de astado.  Con el paso del tiempo el signo se fue estilizando y convirtiéndose en la grafía “A” de la cual procede el término “alfabeto”. Del alfabeto ugarítico nacerá el fenicio, del fenicio el griego y de este el latino. Todos comenzaran por el signo del Toro. Esto es muestra más de que el Toro, aunque muchos lo desconozcan está presente en nuestro día a día.

    En Egipto, el Toro también tenía protagonismo. Mediante el estudio de diversas fuentes, se ha podido conocer que los relieves bajos del río Nilo eran poblados por el Toro llegando a parecerse este paisaje con el actual de La Camarga francesa.

    Osiris, el Dios de la Luna, se representará a través de un Toro, al igual que Apis. No se quedaron atrás, Hator Madre Celeste del Sol y Nodriza del rey de Egipto. Esta última se representará en forma de una vaca que portaba el sol entre sus cuernos siendo su figura el resultado de la prefiguración simbólica de la aureola que los cristianos posteriormente otorgarán a sus santos.

    Tal y como se acaba de citar, desde el periodo que precede a la dinastía, en concreto 33 siglos antes de Cristo, los reyes del antiguo Egipto se hacían representar bajo la apariencia de un Toro.  En el siglo XII antes de Cristo, Ramsés II era apodado “Toro Poderoso”. Este aprenderá de su padre a capturar Toros salvajes, siendo esta práctica considerada como un rito iniciativo gracias al cual el Faraón podrá juzgar las cualidades que poseen sus hijos para escoger el que en un futuro le suceda en el trono. En Europa esta práctica se practicará bajo el nombre de el “toro nupcial”, mientras que en España con el “toro enmaromado” o “toro de cuerda” en la Provenza.

    En Grecia, el Toro adquirirá fuerza después de que Zeus bajo la apariencia de un toro jabonero secuestrase a la princesa fenicia Europa y la condujera a Creta, lugar donde nacerá la mitología griega que pasará a ser el fundamento de la cultura europea reservándole esta al Toro siempre un lugar privilegiado.

    El hijo de Zeus y Europa tiene por nombre Minus y gracias a Poseidon que le envió un Toro de fuerza, Minus se hizo con el poder Creta. Una vez que se hizo con el poder, en vez en vez de sacrificar al Toro lo utilizó como semental de su rebaño. Poseidón, molesto por este hecho, ordenó al Toro de Creta que sedujera a la esposa de Minus y de la unión de esta con el Toro de Creta nacerá un monstruo feroz con cabeza de toro y cuerpo de humano, el Minotauro. Resaltar que este mito, tiene una base de realidad: en Creta, se cazaba al toro y antes de que tuviera lugar su sacrificio se realizaban juegos acrobáticos.

    Esta actividad, quedó grabada en un fresco que se encuentra en el palacio de Cnosos, donde se observa a un saltador, a su ayudante a punto de recibir al toro y a una tercera persona que se aferra a los cuernos de este. Esta Tauromaquia tiene vínculo en la actualidad saltadores (en su mayoría de Valencia), y con los forcados portugueses.

    En lo que actualmente es Andalucía, que por entonces se encontraba gobernada el por un monarca que poseía un rebaño de toros, el rey Gerión, Hércules fue enviado con la misión de robarle la camada y llevársela de vuelta a Grecia pero fue en el camino de vuelta  cuando perdió astados y según cuenta  la leyenda este será el nacimiento de la Ruta del Toro que comienza en Los Barrios (Campo de Gibraltar) y discurre entre diversos municipios de la provincia de Cádiz.

    En la religión, el Toro también ha jugado un papel muy relevante. Según la leyenda celta, cuando Dios dio por finalizada la Creación, invitó a todos los ayudantes a un banquete, en este sacrificó su Toro más grande y extendió su piel para que los invitados pudieran sentarse. Al término de la comida, se retiró la piel y la forma de la Península Ibérica quedó grabada. Resaltar también la leyenda, en la que durante el ritual de la elección real se consumía la sangre del Toro siendo esta para muchas culturas fuente de vida y sabiduría. La sangre era contenida en el caldero de Daga, Dios Druida. Al paso del tiempo la Literatura Medieval convertirá la en el Santo Grial, vaso de carácter místico que porta la sangre de Cristo durante la Santa Misa.

    En Andalucía de nuevo, impresionado por la Taurocatapsia, Julio César decidió exportarla a Roma. Este importante romano fue responsable de la creación de más de 200 anfiteatros situados en diferentes puntos de la geografía, desde Alemania hasta llegar a África.

    A partir de este momento, el Toro tendrá numerosas representaciones entre ellas: aparecerá enjaezado y montado (actuales rodeos), luchará contra tigres y osos, y será utilizado para darle muerte en en sus pitones a los criminales y cristianos que fueron condenados. Ya en esta época pasará a primer plano la Taurocatapsia Ecuestre (rejones) así como combatir al toro con lanza (Toro de la Vega), pero la acción más reconocida será la de enfrentarse al Toro con una espada. Acto que quedó reflejado en el mosaico de Bad-Kreuznach (Alemania) en el año 250 después de Cristo.

    En esta franja temporal, en la Península Ibérica convivían simultáneamente multitud de expresiones culturales, pero no sería esto inconveniente para que la figura del Toro fuese omnipresente: capturándolo, combatiéndolo y sacrificándolo todas las culturas al igual que sucedía en la región del Mediterráneo con las Tauromaquias primitivas.

    Los visigodos, después del hundimiento del Imperio Romano de Occidente, se establecieron en España. Su rey, se convertirá al catolicismo en el siglo VI, y combatirá al Toro como estos hacían originariamente. Pero no siempre la cultura del toro sería agradada y respetada por todo el mundo, ejemplo de esto es que en el año 620 el rey Sisebuto reprochará al obispo de Barcelona su excesivo entusiasmo por los “juegos taurinos”. Continuando con esta serie de “trabas en el camino”, los moros en el año 710 se harán casi por completo con el control de la Península Ibérica no continuando en ellos los festejos taurinos mientras que en los territorios cristianos las fiestas con toros siguieron teniendo lugar con diferentes objetivos: entre ellos se encontraban entretener a la corte, festejar bodas corriendo toros por las calles o combatirlos tal y como hacía “El Cid”. A través de estos torneos la realeza propagará al pueblo una imagen de grandeza y superioridad. Gracias a ellos la nobleza se podía preparar de manera pacífica para afrontar la guerra.

    Historia TOROS

    La expansión de la Tauromaquia hizo que el pueblo también quisiera enfrentarse al Toro. Alfonso “El Batallador”, rey de Aragón y Pamplona fue el primero en autorizar en el año 1122 que una ciudad, en este caso Tudela, soltase toros enmaromados por las calles para que los ciudadanos pudieran participar. No fue esta localidad navarra la única en hacerlo ya que numerosas le siguieron.

    En la capital de esta comunidad, Pamplona en agosto de 1385 el rey Carlos II contrató a Gil Johan Alcayt y Johan de Zaragoza para que matasen a dos toros, convirtiéndolos así en los primeros mata toros profesionales. Es justo en ese momento cuando la Tauromaquia entrará entonces en una evolución que tiende a su perfeccionamiento dejando al noble “relegado” a enfrentarse al Toro a caballo mientras que el pueblo llano lo hará a pie.

    En Granada en 1492 por motivo la toma por los Reyes Católicos se dieron fiestas taurinas por toda la geografía para celebrar el hecho. Esta costumbre se tomó hasta el año 1567.

    cuando el Papa Pio V ordenó la abolición de las corridas con el incompetente argumento de que causaban la muerte de numerosos cristianos. Ocho años mas tarde, en 1575 Gregorio XII levantó la amenaza de excomunión con la condición de que los festejos taurinos no coincidieran con las fiestas religiosas ya que las eclipsaban.

    En el siglo XVII, en pleno renacimiento de los Habsburgo se vivía con pasión las corridas caballerescas que se realizaban en las Plazas Mayores de diferentes ciudades como Madrid y Valladolid, que fueron construidas para dicho fin. En este periodo ya existían muchos tipos de Tauromaquia, pero de nuevo la finalidad de todas era común: enfrentarse al toro entregando la vida.

    El año 1915 será clave para la Tauromaquia ya que alcanzará la modernidad fruto de la aparición de dos genios revolucionarios: José Gómez Ortega y Juan Belmonte.

    Tanto los matadores de época como los posteriores recuperan y mantendrán el fervor mítico que acompañó a los héroes de la antigüedad. Tanto el Toro como el torero pasarán a ser objetos de culto y veneración, que encarnarán y dignificarán la grandeza del rito taurino. La corrida moderna, siempre estará basada en el respeto y es una representación del conflicto, pero también la transición entre el Estado de Natura y el de Cultura; mientras que el animal encarna la aparición de la naturaleza en la ciudad frente a un hombre que expresa su arte y técnica adquirida.

    En un mundo en el que los derechos del animal fueran equitativos a los de la especie humana, donde la muerte se venciera alcanzando la eternidad alcanzando la alegría sin algún tipo de sacrificio, la Tauromaquia carecería de justificación. Pero, no dándose este ficticio “edén”, el que es considerado el último guardián de culturas milenarias: el Toro, conservará en total plenitud el significado de la Tauromaquia permitiendo que esta siga formando parte de nuestra historia, cultura y simbología.
     
    M.S. Toreteate.
     

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